Yo seré...
Restauradora
Por Igrim Lucía Castillo Moreno
Fotos: Cortesía de Pablo Javier López
Quería trabajar en algo útil y activo y el
oficio me interesó. Junto a la matrícula me hicieron un contrato
de trabajo por el que cobro un salario durante los 2 años de
aprendizaje y práctica laboral que al término me acreditan como
obrera calificada. Debo cumplir el servicio social en cualquier
constructora de la Oficina del Historiador. Si lo deseo,
puedo acceder a estudios superiores
en la Universidad de San Jerónimo, el Instituto Superior de Arte
(ISA) o la Universidad de la Habana, en carreras afines como
Preservación y Conservación del Patrimonio o Historia del Arte.
Tengo amigos y amigas en otras
especialidades como Herrería, Pintura Mural, Albañilería,
Cantería,
Yeso, y Arqueología. ¡Pero mi oficio
es genial! Combina un 80 por ciento del tiempo utilizando
madera, y el otro 20 vidrio. Tiene todas las habilidades de la
carpintería. Al principio siempre hay temor. Utilizamos sierra,
garlopa, trompo, torno, varios tipos de taladradoras y otras
herramientas que son peligrosas si no se cumplen las normas de
seguridad.
Este oficio no es cuestión de sexo o
fortaleza, sino de cuidado, sentido estético, precisión y
mucho detalle. En la restauración de
vitrales coloniales hay belleza y utilidad infinitas. Cuando veo
un vitral restaurado pienso en el árbol que dio la madera, el
carpintero que lo construyó, el paso del tiempo, y como en mis
manos vuelve a relucir.