Una de las investigadoras que defiende con vehemencia lo
positivo de las familias extendidas, en especial en lo concerniente a la
transmisión de valores, es la profesora de la
Universidad de Oriente, Diana Sedal Yanes.
Ella destaca que la familia, cuando tiene la ventaja de contar con más de una
generación en permanente interacción, además de otras cosas le permite un
intercambio natural y humano entre sus miembros dadas las relaciones de
parentesco que las unen. Por eso, el valor de esta relación se acrecienta a
medida que se potencia la convivencia familiar, ya que se convierte en fuente
de raíces, experiencia y continuidad, al integrar en su seno la diferencia y la
diversidad.
Por otro lado, la
presencia de las distintas generaciones en la familia garantiza que por medio
de sus relaciones se transfieran las mejores y más ricas tradiciones acumuladas
por las distintas generaciones, mediante la confrontación de experiencias y
vivencias entre unas y otras, lo que permite enriquecer la cultura familiar,
sobre todo si se utiliza de manera positiva la riqueza que los abuelos y los
más ancianos pueden ofrecer,--comenta la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la
Universidad de Oriente.
Cita como ejemplo que
una de las mayores divisas de la familia extensa, es que mediante sus
múltiples relaciones se aprende a convivir con el grupo, asunto de gran
importancia para todos los seres humanos. También, se puede vivenciar el
proceso de transmisión de valores de forma activa y directa, a partir del
intercambio intergeneracional, lo cuallo hace más
rico y duradero. Por supuesto, todo
dependerá de los métodos que se escojan para ello.
De esa manera una generación al darle vida a la otra le
proporciona también todo el patrimonio natural y cultural del cual es portadora
dando continuidad así al ciclo de vida familiar que de manera ininterrumpida se
produce en cada una de ellas,--subraya y añade que de esta manera va tomando
cuerpo la idea de la transmisión de valores de generación a generación, que no
pocas veces se trata de manera superficial, sin tomar en consideración su
dimensión y alcance.
Reconoce la especialista en Ciencias Sociales que en no
pocas ocasiones la “transmisión de valores de generación a generación” queda
petrificada como frase hecha; una
especie de slogan que se repite pero no
todos asumen, y por tanto no se detienen a profundizar en su contenido y menos
aún en convertirla en práctica cotidiana.
Siempre que de formación de valores hablamos,
automáticamente nos viene a la mente el destino de dicha acción. Si bien para
algunos, sus destinatarios son los y las
adolescentes y jóvenes; para otros, las niñas y los niños.
Sin embargo, no basta
con determinar a quienes van dirigidas tales acciones; lo más importante es
asumirla como un proceso de transmisión
de hábitos, costumbres, tradiciones y normas. Al mismo tiempo, la participación de sujetos e instituciones formadoras sobre la
base de valores establecidos a partir del consenso social dentro de las cuales
la familia desempeña un rol fundamental.
Por ello –insiste--
se exige necesariamente un nivel mínimo de preparación, siempre y cuando
se tenga en consideración que educar a un niño o una niña nos impone un reto
para el cual solo el buen juicio y el amor no bastan.
Al entrar en el meollo de la cuestión, la especialista se
pregunta ¿Por qué y para qué se forman valores? ¿Qué implica entonces formar
valores de una a otra generación?
Implica ante todo una profunda responsabilidad de la
generación mayor que tiene a su cargo por lógica histórica la misión de formar
su descendencia. A partir de ello, significa un fuerte compromiso social que
tiene su punto de partida en la determinación clara y consecuente de los
valores que se precisan crear, y por
tanto el ideal formativo a que se aspira, a través de la jerarquización de los
valores fundamentales.
Significa además, considerar la forma en que los seres
humanos se relacionan con el mundo, con los semejantes, así como una profunda y
permanente reflexión tanto en su dimensión conceptual como práctica.
Implica encontrar y crear espacios de opinión colectiva en
la que los más jóvenes sean capaces de plantearse y replantearse de forma
reflexiva las normas y los principios que le van a permitir enfrentar
críticamente la realidad.
Expresado muy sintéticamente, la profesora Sedal Yanes afirma que formar
valores es crear condiciones reales para que los sujetos en formación realicen
la libre elección entre los modelos y modales que los puedan conducir a la
digna felicidad. Felicidad que solo es posible alcanzar bajo un clima de
relaciones positivas que estimule crecientemente la comunicación y el cultivo
de valores cada vez más humanos, solidarios y sinceros entre una y otras
generaciones.
Solo mediante una multidimensionalidad formativa de valores
se podrán enfrentar los males sociales que en el mundo atentan contra esa
felicidad, dígase, los problemas actuales referidos a la pobreza, el
subdesarrollo tecnológico y material, el desempleo, la exclusión, la
discriminación y las amenazas al medio ambiente, los cuales fueron planteados
de manera clara y precisa en la “Declaración sobre las Responsabilidades de las
Generaciones Actuales para con las Generaciones Futuras”, adoptada por la Conferencia General de la UNESCO en su 29ª reunión.
Tales problemáticas imponen un fuerte reto a la formación de
valores no sólo en el ámbito familiar, sino también a niveles macrosociales los cuales deben ser enfrentados de manera
integrada, sistemática y sistémica identificando las dimensiones concretas a
potenciar frente a los desafíos vitales que plantea el presente milenio.
Entre los valores
esenciales que consideramos necesarios potenciar se encuentran, el amor al
trabajo, a la Patria y a su historia, a la
familia, a los niños y ancianos, a la naturaleza; asimismo el desarrollo de la
honradez, el humanismo, la honestidad, la solidaridad, el sentido del bienestar
común, la educación en los deberes y derechos de la ciudadanía y la disciplina
social, en síntesis valores que se concreten en una mujer y un hombre sinceros,
honrados y cultos
capaces de enfrentar los retos del presente milenio sin hacer concesiones de
principios,-- reflexiona la profesora universitaria.
Para
concluir, expone que la formación de valores
no solo edifica a seres humanos más
plenos espiritual y culturalmente, sino también más preparados para enfrentar
las relaciones sociales y humanas sin las cuales sería muy difícil convivir en
la sociedad actual. Se trata pues, de enfrentar la formación de la nueva
generación con criterios y acciones más a tono con la contemporaneidad, que
tenga en cuenta los problemas de estos tiempos y las necesidades de la nueva generación, que requiere ser
formada con métodos y vías menos autoritarias
lo que se traduce en mayor participación en la conformación de sus
valores en una dimensión más amplia que la moral, sin restarle en modo alguno
su importancia, pero cada vez más integral y profunda.