FamiliaPublicado en No. 222 



VENTAJAS DE LA FAMILIA EXTENDIDA



FAMILIA

Una de las investigadoras que defiende con vehemencia lo positivo de las familias extendidas, en especial en lo concerniente a la transmisión de valores, es la profesora de la Universidad  de Oriente, Diana Sedal Yanes.

 

Ella destaca que la familia, cuando  tiene la ventaja de contar con más de una generación en permanente interacción, además de otras cosas le permite un intercambio natural y humano entre sus miembros dadas las relaciones de parentesco que las unen. Por eso, el valor de esta relación se acrecienta a medida que se potencia la convivencia familiar, ya que se convierte en fuente de raíces, experiencia y continuidad, al integrar en su seno la diferencia y la diversidad.

 

Por otro lado, la presencia de las distintas generaciones en la familia garantiza que por medio de sus relaciones se transfieran las mejores y más ricas tradiciones acumuladas por las distintas generaciones, mediante la confrontación de experiencias y vivencias entre unas y otras, lo que permite enriquecer la cultura familiar, sobre todo si se utiliza de manera positiva la riqueza que los abuelos y los más ancianos pueden ofrecer,--comenta la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente.

 

Cita como ejemplo que  una de las mayores divisas de la familia extensa, es que mediante sus múltiples relaciones se aprende a convivir con el grupo, asunto de gran importancia para todos los seres humanos. También, se puede vivenciar el proceso de transmisión de valores de forma activa y directa, a partir del intercambio intergeneracional, lo cuallo hace más rico y duradero. Por supuesto,  todo dependerá de los métodos que se escojan para ello.

 

De esa manera una generación al darle vida a la otra le proporciona también todo el patrimonio natural y cultural del cual es portadora dando continuidad así al ciclo de vida familiar que de manera ininterrumpida se produce en cada una de ellas,--subraya y añade que de esta manera va tomando cuerpo la idea de la transmisión de valores de generación a generación, que no pocas veces se trata de manera superficial, sin tomar en consideración su dimensión y alcance.

 

Reconoce la especialista en Ciencias Sociales que en no pocas ocasiones la “transmisión de valores de generación a generación” queda petrificada como frase hecha;  una especie de  slogan que se repite pero no todos asumen, y por tanto no se detienen a profundizar en su contenido y menos aún en convertirla en práctica cotidiana.

 

Siempre que de formación de valores hablamos, automáticamente nos viene a la mente el destino de dicha acción. Si bien para algunos,  sus destinatarios son los y las adolescentes y jóvenes; para otros, las niñas y los niños.

 

Sin embargo, no  basta con determinar a quienes van dirigidas tales acciones; lo más importante es asumirla  como un proceso de transmisión de hábitos, costumbres, tradiciones y normas. Al mismo tiempo, la  participación de  sujetos e instituciones formadoras sobre la base de valores establecidos a partir del consenso social dentro de las cuales la familia desempeña un rol fundamental.

 

Por ello –insiste--  se exige necesariamente un nivel mínimo de preparación, siempre y cuando se tenga en consideración que educar a un niño o una niña nos impone un reto para el cual solo el buen juicio y el amor no bastan.

 

Al entrar en el meollo de la cuestión, la especialista se pregunta ¿Por qué y para qué se forman valores? ¿Qué implica entonces formar valores de una a otra generación?

 

Implica ante todo una profunda responsabilidad de la generación mayor que tiene a su cargo por lógica histórica la misión de formar su descendencia. A partir de ello, significa un fuerte compromiso social que tiene su punto de partida en la determinación clara y consecuente de los valores que se precisan crear,  y por tanto el ideal formativo a que se aspira, a través de la jerarquización de los valores fundamentales.

 

Significa además, considerar la forma en que los seres humanos se relacionan con el mundo, con los semejantes, así como una profunda y permanente reflexión tanto en su dimensión conceptual como práctica.

 

Implica encontrar y crear espacios de opinión colectiva en la que los más jóvenes sean capaces de plantearse y replantearse de forma reflexiva las normas y los principios que le van a permitir enfrentar críticamente la realidad.

 

Expresado muy sintéticamente, la profesora Sedal Yanes afirma que formar valores es crear condiciones reales para que los sujetos en formación realicen la libre elección entre los modelos y modales que los puedan conducir a la digna felicidad. Felicidad que solo es posible alcanzar bajo un clima de relaciones positivas que estimule crecientemente la comunicación y el cultivo de valores cada vez más humanos, solidarios y sinceros entre una y otras generaciones. 

 

Solo mediante una multidimensionalidad formativa de valores se podrán enfrentar los males sociales que en el mundo atentan contra esa felicidad, dígase, los problemas actuales referidos a la pobreza, el subdesarrollo tecnológico y material, el desempleo, la exclusión, la discriminación y las amenazas al medio ambiente, los cuales fueron planteados de manera clara y precisa en la “Declaración sobre las Responsabilidades de las Generaciones Actuales para con las Generaciones Futuras”, adoptada  por la Conferencia General de la UNESCO en su 29ª reunión.

 

Tales problemáticas imponen un fuerte reto a la formación de valores no sólo en el ámbito familiar, sino también a niveles macrosociales los cuales deben ser enfrentados de manera integrada, sistemática y sistémica identificando las dimensiones concretas a potenciar frente a los desafíos vitales que plantea el presente milenio.

 

Entre los valores esenciales que consideramos necesarios potenciar se encuentran, el amor al trabajo, a la Patria y a su historia, a la familia, a los niños y ancianos, a la naturaleza; asimismo el desarrollo de la honradez, el humanismo, la honestidad, la solidaridad, el sentido del bienestar común, la educación en los deberes y derechos de la ciudadanía y la disciplina social, en síntesis valores que se concreten en una mujer y un hombre sinceros, honrados y cultos capaces de enfrentar los retos del presente milenio sin hacer concesiones de principios,-- reflexiona la profesora universitaria.

 

Para concluir, expone que la formación de valores no solo edifica a seres humanos  más plenos espiritual y culturalmente, sino también más preparados para enfrentar las relaciones sociales y humanas sin las cuales sería muy difícil convivir en la sociedad actual. Se trata pues, de enfrentar la formación de la nueva generación con criterios y acciones más a tono con la contemporaneidad, que tenga en cuenta los problemas de estos tiempos y las necesidades  de la nueva generación, que requiere ser formada con métodos y vías menos autoritarias  lo que se traduce en mayor participación en la conformación de sus valores en una dimensión más amplia que la moral, sin restarle en modo alguno su importancia, pero cada vez más integral y profunda.

 

 

 

 



Publicado: 24/2/2005