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Irma Sehwerert: “René será
completamente libre cuando sus hermanos estén en Cuba”
Enrique Ojito
Irma aseguró que “los grandes medios no se
ponen en función de las causas justas; son un monopolio de los ricos
para preservar su sistema”.
“No me malinterprete; pero,
¿a quién se le ocurrió ponerle Teodora a usted
como segundo nombre?”, le pregunté con
cierto desenfado a Irma Sehwerert Mileham, madre de René González, para
dominar los nervios en los primeros y decisivos minutos de aquella
entrevista en su casa en el habanero Cotorro, tiempo atrás.
“¡Ay, por tu vida! Todavía no encuentro a
quién echarle la culpa; por Dios, acabaron conmigo, ¿verdad?”, respondió
casi ahogada en una carcajada que dicen se escuchó a cinco leguas a la
redonda.
Hace pocas horas, cuando volvimos a
conversar —en esta ocasión vía telefónica—, Irma nos confirmó que no ha
traspapelado su cubanía. “Discúlpame; no estaba a las ocho y treinta
como acordamos. Tuve que ir al Agro, porque, ya sabes, si no vas
temprano…”.
¿Qué podrán significar los 15 minutos de nuestra espera, si ella aguardó
casi 15 años por el retorno definitivo a Cuba de su hijo René, uno de
los Cinco luchadores antiterroristas, quien podrá permanecer en la isla
al renunciar a la ciudadanía estadounidense?
“Tuve muy jovencita a Rene —lo dice
sin acentuarlo—; en ese entonces vivíamos en Chicago. Cuando me lo
dieron en el hospital, no lo sabía cargar; de pronto le vi una mancha
carmelita en toda la cara y dije: ¡Ay!, pobrecito.
La enfermera estaba muerta de risa: ‘Eso se
le quita; es por una gota que se le echó en la nariz’. Al saberlo, el
alma me volvió al cuerpo. A los tres meses, Rene era un muñeco; le dejé
el pelo larguito…”.
Han transcurrido más de 56 años de ello;
luego, trajo al mundo a Roberto —fallecido en junio pasado— y a Liván.
Quizás Irma no ensarte ya con facilidad la aguja para remediar un
descosido de urgencia; pero nunca ha extraviado su voz de madre
bienhechora, quien, a golpe de tempestades, dejó de ser la niña
asmática, algo malcriada, nacida en Santa Cruz del Sur, Camagüey, y que
creció “un poco cobarde para enfrentar las cosas”.
¿A usted le tomó por sorpresa la decisión de la jueza Joan
Lenard de que René podría quedarse en Cuba?
Fue una tremenda sorpresa; desde el punto
de vista legal hemos sufrido muchos fracasos, muchas decepciones. No
queríamos hacernos ilusiones; no esperábamos que ella aceptara la
solicitud de Rene para modificar las condiciones de su libertad
supervisada.
Esto es un paso de avance; pero no
podemos parar hasta que los Cinco estén aquí. Vamos a seguir diciendo
los Cinco; no son cuatro,
así yo lo veo. Para nosotros los Cinco son
uno solo, como son ellos; no los diferencio, en lo absoluto. Rene será
completamente libre cuando sus hermanos estén en Cuba.
Después de más de 20 años de ausencia en
Cuba, usted podrá, por fin, disfrutar de su hijo René este Día de las
Madres.
Durante los años que él estuvo en la
cárcel, si mal no recuerdo, dos visitas coincidieron con el Día de las
Madres; pero este será un día completamente diferente, sobre todo por
él. Nos alegra tanto verlo reunido con su familia…
El sueño de su hijo Roberto de ver a
su hermano en casa se cumplió; pero este no será pleno por su lamentable
ausencia física.
¿Cómo él la mantenía al tanto de todo el proceso
judicial?
Me cuesta mucho trabajo hablar de ese
tema; es muy duro para mí, muy fuerte; sé que él estaría muy feliz en
estos momentos. Ahora estarían los dos luchando, como siempre estuvieron
junticos; pero la vida es así y hay que seguir.
Roberto siempre fue un puntal en esta
batalla, y todo el mundo decía que como él explicaba el caso no lo hacía
nadie; llegaba mucho a las personas. Las dudas que yo tenía él me las
aclaraba de una forma muy sencilla; pero, bueno, ya no está.
Usted tuvo el privilegio de ser la primera
madre de los Cinco en darle un beso a su hijo en Cuba. ¿Depuso las armas
en la épica por el retorno de Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando?
¡Qué va!, al contrario; ahora me siento
mucho más comprometida con la causa. Mientras Gerardo no esté en Cuba
para mí Rene no está aquí aún. Siempre imaginábamos que los Cinco iban a
regresar juntos. Cuando tocábamos el tema en la cárcel, a Rene eso lo
martillaba; él era el de menos condena. No se había hecho la resentencia,
y había tres que tenían cadena perpetua —Gerardo, Ramón y Antonio—. El
regreso de ellos lo soñábamos como una cosa tremenda; todos juntos, como
una fiesta de pueblo. Rene aquí va a ser muy importante para la causa.
¿Por qué no esperó a su hijo en la puerta de la cárcel de
Marianna, como sí lo hicieron Cándido (su padre) y sus hijas Irmita e
Ivette?
La visa no me llegó a tiempo; estuvimos
esperando hasta el último momento. Cuando me avisaron que la tenía —fue
el mismo día de su salida—, no me daba tiempo estar allá. De todos modos
era más importante que yo fuera después y lo acompañara cuando él se
quedara solo.
Hablando de encuentros, ¿cómo recuerda la
primera visita que le hizo a René después de su detención en 1998?
Estuvimos meses que no pudimos ni verlo ni
hablar con él. La primera vez que lo vi fue en la cárcel de Miami —poco
después de ser apresados, los Cinco estuvieron 17 meses en el “hueco” o
celdas de confinamiento solitario en el Centro Federal de Detención.
Para esa primera visita sí tuve que prepararme; tomé hasta pastilla. Yo
me decía: “No voy a soportar ver a mi hijo ahí, no voy a resistir”. Y si
tú supieras que nos dio por reírnos, y lo vi tan bien que lo que me dio
fue por abrazarlo y nos morimos de la risa. El ser humano es bien
difícil…
A René le ha crecido la familia; hasta se convirtió en abuelo. ¿Cómo se
reparten ahora su tiempo?
Él está arrebatado con su nietecito; el
niño está muy sano, es muy alegre. En estos días le dejé el espacio a
Olguita; no pensábamos que él se iba a quedar. Como tú sabes, a ella no
le otorgaban visas para ir a verlo, y llevan muchos años separados. Y le
dije a él: “Estos 15 días son para ti, para Olguita; no te preocupes que
nosotros te podemos ir a ver”. Pero, como él se queda, ya tenemos que
coordinar cómo vamos a tener las reuniones familiares igual que siempre
las tuvimos.
¿Qué le gusta comer a René cuando está en la casa, en
chancletas?
Le encanta la sopa que le hago. Así que la
tiene segura cuando venga a almorzar acá, al Cotorro.
En una entrevista, Roberto aseguró que en
ninguna reunión de abogados, en 13 años, había hablado de René; hablaba
siempre del caso de los Cinco; ¿prioridad?: Gerardo.
Eso es lo justo. Realmente, en estos años
he pensado más en Gerardo que en Rene; sabía que él iba a regresar.
Gerardo es el que más nos duele —sancionado a dos cadenas perpetuas más
15 años—. Gerardo no se merece estar en esa situación, es el ser más
noble, más grande…, su calidad humana no se puede comparar con nada. No
podemos permitir que Gerardo se nos muera en la cárcel.
El propio Gerardo decía: “Solo habrá
justicia con un jurado de millones”.
¿Qué más
hacer para que la opinión pública de Estados Unidos no viva de espaldas
al caso de los Cinco?
Seguir insistiendo. Llegar al pueblo
norteamericano no es fácil. Hay que usar todos los medios alternativos
posibles, trabajar persona a persona. En estos 15 años se ha ido
abriendo algún camino allí, se han ido sumando personas; pero no es
suficiente. Los grandes medios no se ponen en función de las causas
justas; son un monopolio de los ricos para preservar su sistema.
Para minar ese muro de silencio mediático,
existe un Comité Nacional por Libertad de los Cinco y una representación
del Internacional en Estados Unidos. ¿Cómo valora usted el actuar de
esos amigos solidarios en el seno de la sociedad estadounidense?
Ese empeño no tiene comparación con
nada; esas personas se han entregado a la causa de los Cinco de una
forma tan desinteresada, tan increíble, que para nosotros es un orgullo
que existan personas así en ese país. Gracias a ellos hemos logrado
algo, gracias a ellos
se desarrollará una semana por los Cinco en
Washington a finales de mayo y principios de junio. Muchas
personalidades —Ángela Davis, Danny Glover, Dolores Huerta, Ignacio
Ramonet— van a estar allí; así es como tenemos que ir logrando que el
pueblo de Estados Unidos conozca la realidad de los Cinco. Se está
trabajando muy fuerte para la actividad de Washington; ahora, con la
situación de Rene, puede ser que la prensa haga algo.
René también perdió a su
papá. ¿En qué se parecían padre e hijo?
En los principios. Cándido era una gente
de unos principios increíbles, una persona honesta, trabajadora,
desinteresada, noble; Rene tiene muchísimo de su papá.
En estos años muy poco se ha hablado de
Liván, su tercer hijo. ¿Cómo él ha asumido la historia de su medio
hermano René?
A él no le gusta que lo mencionen mucho,
es muy sencillo; no le gusta el protagonismo. Es ingeniero en
Telecomunicaciones y trabaja aquí en la empresa Nestlé. A Liván con dos
años lo llevaba a las movilizaciones; pero no solamente a él. Mis hijos
vivían en los cafetales, en la escuela de milicias; los tuve que
sacrificar mucho porque no tenía ninguna familia en Cuba que me ayudara.
Mi mamá vivía en Estados Unidos; yo regresé repatriada (1961). Para
poder hacer Revolución tenía que hacerla con ellos; como madre, no soy
una excepción en Cuba.
La Patria es más que todo en la vida, y
uno no puede sentarse en la casa a ver pasar la vida. La Revolución ha
costado mucho; hay quien quedó en Angola. En el caso de los Cinco, nos
tocó a nosotras; sin embargo, pudiera haberles sucedido a otras madres,
y todas hubiesen hecho lo mismo. No hay dudas de que ellos son héroes;
pero no son una excepción en nuestra Patria. Nuestra Patria está llena
de heroísmo, y lo que tenemos que hacer ahora es seguir luchando para
perfeccionar nuestra sociedad. Como decía Rene en una entrevista:
trabajar es lo que nos queda por hacer.
¿Cómo es un día cualquiera de la semana para Irma?
Me levanto a las cinco y media y me
acuesto a las doce, doce y pico, todos los días de mi vida, porque no me
alcanza el tiempo entre la casa, el Partido, las actividades de los
Cinco y un proyecto sociocultural en la comunidad; ahí tenemos talleres
de pintura, de baile, de teatro, de música…
¿Con cuánto de sobresalto de madre vivía, a sabiendas de que
René permanecía en la Florida, donde radican las mismas organizaciones
terroristas que él penetró?
Estaba mucho más preocupada con él en
libertad supervisada que cuando estaba preso. Por las noches me costaba
trabajo quedarme dormida y pensaba: ¡Ay, madre mía!, si descubren donde
él está. El estado de la Florida está lleno de víboras; ellos —los
anticubanos— hacían declaraciones a cada rato; uno las leía en el Herald.
Su odio es muy grande, espantoso. Yo vivía con una zozobra, hasta que,
al fin, tenemos a Rene aquí.
Fuente: Escambray
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