El arribo de la prima
ballerina assoluta Maia Plisetskaia, el 29 de octubre de 1965, fue, tal
vez, el suceso que marcó el punto cumbre del entonces incipiente intercambio
artístico entre la Unión Soviética y Cuba, en los años iniciales de la Revolución.
La bailarina llegó
invitada por el primer ministro Fidel Castro y a recibirla al aeropuerto
acudieron muchas personalidades, entre ellas Alicia y Fernando Alonso, en unión
de otras figuras del ballet cubano.
Con emoción, Maia
declaró a los periodistas nacionales:
“He dejado el frío
que hay en esta estación en mi país y me encuentro con este calor de Cuba:
calor de clima y de recibimiento”.
La Plisetskaia,
nacida en 1925 y graduada en 1943 de la Escuela de Ballet de Moscú, deleitó con
su arte a los soldados de las trincheras durante la Segunda Guerra Mundial y
ostentaba la Orden Lenin y el título de Artista del Pueblo, máximas
distinciones que podían conferirse a un artista en su país.
En Cuba debutó en la
noche del sábado 30 de octubre, en el teatro Chaplin — luego rebautizado
Karl Marx, en el barrio de Miramar—, con El lago de los cisnes, en
función extraordinaria complementada con las actuaciones de Alicia Alonso,
Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Azari Plisetski como figura
central masculina.
La crítica y el
público quedaron muy complacidos, y es bueno recordar que tanto la primera como
el segundo estaban acostumbrados a ver funciones de ballet de primerísima
calidad y tenían un juicio aguzado por muchos años de experiencia.
Durante su
permanencia en La Habana, los miembros de la delegación asistieron a la
recepción del 7 de noviembre, con motivo del 48vo. Aniversario de la Revolución de Octubre.
Al ser entrevistada,
Maia Plisetskaia reveló en unas pocas frases “el secreto” de su perfección:
“Se trata -dijo- de
un combate diario, de un duro combate de cada día. Dos días que esté sin
trabajar, sin entregarme a la disciplina de los ejercicios, y ya el cuerpo deja
de responder”.
Regresó en 1968, para
bailar Carmen en el teatro García Lorca. Oriunda de un país de
grandes artistas del ballet, de grandes coreógrafos y de no menos grandes
compositores de música para ballet, Maia se inscribe como una de las figuras
clave de todos los tiempos dentro del muy célebre Ballet del Teatro Bolshoi,
cuyas actuaciones han recorrido el planeta de un extremo a otro, y dan
justificada celebridad a sus integrantes.