Bordar a punto cruz
ha permanecido entre las labores favoritas por la poca complejidad de sus puntadas,
con las que se personaliza o realza una pieza con bello resultado.
Sus clásicos trazos:
horizontal, vertical y diagonal a los hilos de la tela, resultan fáciles
de realizar. Su aprendizaje puede ser desde edades bien tempranas, cuando la
aguja ya no ofrece el peligro de las molestas hincadas, pues la has convertido
en amiga, en cómplice.
Esta es de las
labores en que hay que contar y contar bien, pues el bordado que se va a
interpretar está diseñado previamente en un papel cuadriculado; mientras la
tela en que va a ser reproducido carece de requisitos de género y color. Para
su realización es necesario y muy útil el canevá –una suerte de malla
dócil. Colocado sobre la pieza de interés, estas se trabajan hermanadas, a la
par y ya terminada la obra, se retira hilo a hilo el canevá. La labor queda
entonces en el soporte definitivo.
Sin embargo, este
comodín se ha ausentado totalmente de la red comercial y por más que lbusques,
no aparece, lo que impacienta y llena de molestias a las hacedoras de la
manualidad ancestral, para suplir el doloroso vacío y en función de salvar el
arte manual, crean diversas inventivas, y llegan las innumerables soluciones
artesanales, cuyo enfoque creativo lo recrea ahora en otros soportes; el
requisito único que este sea cuadriculado, que la trama y urdimbre se puedan contar,
que el diámetro de las hebras del textil utilizado, sea uniforme.
Para echar manos a la
obra la guinga, el cuadrillé, la cinta Aida , el lino, el basto saco de yute y
otras telas, se convierten en géneros favorecidos que atrapados por las miradas
escudriñadoras, no escapan y se aceptan. La longitud de la
puntada solo dependerá del calibre que ostente. Y por supuesto, ante la
ausencia del canevá, el bordado es directamente sobre ellas.
Un sorprendente camino
de mes, o un tapete hecho en yute natural; una bata de niña confeccionada en
guinga realzada con un motivo infantil de tiernos colores; un pañuelo con iniciales:
eso y mucho más continúan entre nosotros, pues la labor no se ha detenido.
Los espacios donde se
brindan cursos, talleres, encuentros u otra docencia que permiten adentrarse en
este mundo de las habilidades manuales, bien sea para aprender, bien sea para ampliar
lo ya aprendido, mantienen gran concurrencia. No hay límite de edad, ni
distinción de sexo, la respuesta es desbordante.
Mientras, en las
ferias de artesanías -portadoras de estas novedades, de estas sugerencias- muestran
que aplicar todas estas iniciativas hacen más agradable el entorno y contribuyen
a la satisfacción por la permanencia de lo tradicional en concordancia con los
tiempos modernos.