¿Quiénes Somos? EscríbenosCorrespondenciaISSN 1729-3812
Portada 
Noticias anteriores 

Sugerimos…

Con la FMC

Protagonista

Quehaceres

Criterios

Reflexiones

Hablemos francamente

En familia

Salud

Cultura

Deportes

Globalicemos la solidaridad

La mujer en el mundo

Mujeres con historia

Famosas en La Habana

Eventos

Mil ideas

Comer y beber a la cubana

La página verde


Directorio Prensa
Del 16 al 22 de mayo de 2013Galería de FotosDossier Especial
Famosas en La HabanaImprimir    Publicado en No. 598 



Carmen Amaya: la bailaora gitana



La gran bailaora de flamenco se detuvo varias veces en La Habana

La gran bailaora de flamenco se detuvo varias veces en La Habana. Aunque para aquellos que no tuvieron la oportunidad de verla —ha pasado una buena cantidad de años— está ahí una cinta memorable, Los tarantos, de 1963, su última película. En ella, Carmen Amaya luce tal cual fue: como la reina del baile flamenco.

 

Pero Carmen visitó La Habana mucho antes, en 1939, en el mes de septiembre. Contaba 26 años y era ya muy conocida a través de la película La hija de Juan Simón, de 1934, que la lanzó al mundo como gran bailarina de flamenco, un género que, según se dice, para bailarlo bien es necesario llevar sangre gitana en las venas.

 

Se presentó en aquella ocasión en el Teatro Nacional y el periodista Don Galaor de Bohemia quien la entrevistó, la calificó de “sencilla, sincera y cordial”.

 

Regresó en enero de 1947, más madura y famosa. Contó que comenzó a bailar a los cuatro años y que a los ocho figuraba en el mismo programa que la cupletera Raquel Meller, en una producción de mucho éxito. Entrevistada para el semanario Bohemia, dijo así:

 

- El baile es para mí una segunda naturaleza. Lo vivo en un sueño, ni más ni menos. Pendiente de las bordonas de la guitarra, mi cuerpo salta y gira, se estira y vibra y gira otra vez.

 

Carmen Amaya había triunfado en París y en Hollywood, y era una de las mujeres españolas de más universal renombre. Intrigado por tan inabarcable energía sobre el escenario, en cierta ocasión el novelista norteamericano Truman Capote le preguntó quién la enseñó y ella respondió:

 

- Nadie enseña a bailar a una gitana, eso lo aprendemos viendo a otros gitanos y uno lo hace como lo siente después.

 

Lo cierto es que Carmen fue hija de bailadores, por vía materna y paterna, de manera que casi puede afirmarse que nació bailando.

 

Por última vez se presentó en Cuba en agosto de 1959, cuando —con su tribu— bailó en el Salón Copa del Hotel Riviera y causó sensación con su velocidad vertiginosa, increíble, los chasquidos de sus dedos, los aullidos y el ritmo endemoniado de la música que parecía enloquecer a todos menos a los bailadores.

 

Su creación de El bolero de Ravel representa uno de los mejores momentos y en su país se le confirió el lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica. Murió el 19 de noviembre de 1963. Se asegura que nadie ha logrado tal sincronización de movimientos en el baile como ella, ni tanta seguridad. Fue y sigue siendo única en su género, según los especialistas.



Publicado: 5/7/2012

EscribenosCorrespondenciaGalería de FotosDossier Especial