La madre compartía el sueño de verla
convertida en gimnasta. Difícil fue la crianza de la pequeña Anayancy tras el
abandono del padre, apenas cumplidos los tres años. Pero, sorteando no pocos
aprietos y limitaciones, la quinceañera tuvo una fiesta bonita e íntima a la
que asistieron amigos y familiares.
Fascinada, creyó que vivía un cuento
de hadas. Trajes, fotos, videos, regalos…, lo típico en estos casos, y algo más
que ella agregó porque lo imaginó el mejor momento, “algo para recordar toda la
vida”: la primera relación sexual con un joven que casi le doblaba la edad.
Inicialmente, practicó el sexo
protegido. Meses después y dada la estabilidad en la relación, decidió
colocarse un dispositivo intrauterino, al que hizo rechazo de inmediato.
Recuerdos dolorosos golpean a la muchacha cuando piensa en la experiencia que,
al decir de múltiples ginecólogos, se repite en adolescentes de entre 14 y 19
años y que da paso, por lo general, a un embarazo no planificado.
“Al principio usaba condón, pero
después mi mamá me llevó a poner un anticonceptivo. Ahí comenzaron dolores muy
intensos. Cuando fui al policlínico, detectaron que el anticonceptivo estaba
corrido y comprimía uno de los ovarios. Los médicos recomendaron reposo durante
una semana y que me inyectara penicilina. Pasó el tiempo, pero la inflamación
siguió y se formó un quiste en el ovario derecho. Me ingresaron y la
inflamación fue desapareciendo por lo que, con mucho cuidado, quitaron el multiload.
Me dijeron que el ovario estaba tan comprimido que lo tenía en un hilito.
Entonces, retiraron el anticonceptivo y reventaron el quiste.
Luego, salí embarazada y cogí miedo de
sacarme la barriga, porque pensaba que no podría tener hijos en el futuro y,
además, porque el primero nunca se debe sacar”, expresa la futura madre, quien
cuenta con 16 años y permanece hospitalizada bajo los cuidados de un grupo de
expertos que vigilan una gestación valorada de “riesgosa”.
De acuerdo con la ginecobstetra
Yaquelín Becerra, esta es una etapa de mucho riesgo, pues al rechazar el
anticonceptivo y verse sin nada, muchas chicas se embarazan.
Junto a Anayancy, otras seis
adolescentes reciben atención especializada en el hospital materno del
municipio de Madruga, perteneciente a la provincia de Mayabeque. La enfermera
Magalys Hernández llama la atención sobre la alta cifra de ingresos de madres
precoces en la institución, pues de diez casos informa que siete corresponden a
estas pacientes.
Entre ellas, Greisy, Arasay, Daniurkis
y Saimí accedieron a conversar con Mujeres y respondieron algunas
interrogantes que brindan claves sobre un fenómeno inquietante para la sociedad
cubana actual: la concepción en edades tempranas.
Aun cuando especialistas especulan los
13 y 14 años como edades promedios en las que las y los adolescentes inician
las relaciones sexuales, la mayoría de estas chicas declaró haber “debutado” a
partir de los 15, sin protegerse desde la primera vez o haciéndolo
intermitentemente. En consecuencia, algunas reinciden en la práctica de
regulaciones menstruales e interrupciones, confundiendo el proceder con un
método anticonceptivo común.
“He tenido pacientes que se han hecho
múltiples y a las que he dicho ´ni una más´. Debe concienciarse que estas son
prácticas invasivas, realizadas a ciegas y que pueden dañar los genitales y el
útero”, alerta Becerra.
Al preguntarles a las muchachas si se
siguen protegiendo, casi al unísono contestaron que no, alegando esencialmente
el compromiso con sus parejas y la actual condición. “Es mi esposo”, “llevamos
tres años juntos”, “estoy embarazada”, “con condón es aburrido, no es igual”,
aseguran.
Alarma a la sociedad médica que la
principal preocupación para las adolescentes sea quedar embarazadas, sin
reparar apenas en las posibles infecciones como el VIH, la condilomatosis y la
trichomoniasis que pueden adquirir antes, durante y posterior a la etapa de
gravidez.
Un sondeo aleatorio realizado por Mujeres
a treinta adolescentes de entre 14 y 19 años reveló que, si bien casi la
totalidad conocen de la existencia de anticonceptivos, la mayoría opta por
sostener relaciones sexuales inseguras y solo lo conciencian cuando se
practican una regulación menstrual o aborto, a veces ni aún así.
Si la muchacha es virgen, el muchacho
tiende a estimar innecesario el preservativo, debido a que se juzga inmune ante
las infecciones. Tampoco da crédito a la posibilidad de un embarazo.
“La primera vez no tiene por qué pasar
nada”, dijeron Carlos y Susana. Ella, por su parte, se “dejó guiar” por el
novio. El resultado: un embarazo a los 14 años que decidieron interrumpir de
mutuo acuerdo.
Esta es una tendencia recurrente en
nuestros días. Muchas adolescentes piensan que en las manos del varón recae el
manejo de la sexualidad y, confiadas, desarmadas e influenciadas por una
educación machista, “se entregan al amor”.
Para Becerra, las muchachas tienen que
exigir el uso del condón, negociarlo con su pareja, especialmente cuando esta
es desconocida, porque sabemos que, incluso, se dan frecuentemente relaciones
sexuales fortuitas o “descargas”, como ellas y ellos mismos denominan a un día
de fiesta en el que se conocen y “todo puede suceder”. “El condón debe llevarlo
tanto él como ella. Es responsabilidad de ambos”, asevera la médica.
Potenciar una educación sexual libre
de prejuicios sexistas y tabúes corresponde a instituciones como las escuelas,
los medios de comunicación masivos y, principalmente, las familias. En este
sentido, la joven madre Carmen Martínez valora la necesidad de “conversar en
casa, sin temores y naturalidad, sobre cualquier tema relacionado con la
sexualidad, aunque parezca atrevido”.
Existe un consenso entre las voces
especializadas al valorar el condón como el anticonceptivo más adecuado para
todas las personas, especialmente la población adolescente menor de 15 años. Su
idoneidad se debe al carácter y la naturaleza de las relaciones que establecen
chicos y chicas a estas edades, generalmente informales, inestables y por
cortos períodos de tiempo. Indicado para genitales inmaduros, también se
encuentra el multiload, prescrito para pacientes mayores de 15 años, aunque
muchas lo rechazan.
Por otra parte, Becerra refiere lo
peligroso de elegir los anticonceptivos hormonales –orales, intramusculares e
implantes. En sus palabras, dificultan el futuro proceso de planificación
familiar. “Cuando la pareja realmente desea tener hijos, será muy difícil y, en
el peor de los casos, hasta imposible pues, por ejemplo, el consumo de tabletas
anticonceptivas por estadios prolongados afecta la producción de hormonas”,
abunda.
No obstante, sugiere que existe una
incidencia en ascenso de uniones consensuales estables en grupos de
adolescentes, muchas veces con parejas de más edad. Estos en ocasiones desean
proyectar su descendencia con tan solo 16, 17 o 18 años. Aquí se justifica el
uso de las píldoras durante cortos períodos, esclarece.
¿Pero cuáles son los riesgos
bio-psico-sociales de traer al mundo un nuevo ser a una edad tan inmadura e
inexperta?, documentan estudios y testimonian las madres adolescentes.
Estaba muy contenta a raíz de la
noticia. “Una niña para tata”, Yanet comunicó orgullosa y a viva voz. Los nueve
meses de gestación trascurrieron normalmente, pero después del parto sobrevino
el caos. Alexito, que no fue niña muy a pesar de su madre, arribó a este mundo
y casi de manera automática se produjo la ruptura de los recién estrenados
padres. El llanto del niño, su reclamo por comida y atenciones, hicieron aterrizar
abruptamente a Yanet. De forma paulatina, fue desatendiendo los horarios del
baño y la comida del bebé, sus gritos la irritaban más que de costumbre, hasta
que terminó por desentenderse completamente y la abuela se vio obligada a
asumir otra vez el rol de mamá.
El diagnóstico develó una psicosis
puerperal, patología común en adolescentes embarazadas que presentaron algún
trastorno psicológico o psiquiátrico antes del embarazo.
Afirma Becerra que estas
manifestaciones se desarrollan en el puerperio, etapa posterior al parto. “Las
embarazadas adolescentes que lo padecen sienten un rechazo total a cualquier
aspecto que demande el bebé. Lloran constantemente, no lo atienden, se acuestan
a dormir y descuidan su alimentación. Otras se niegan hasta a verlos y dicen:
´ojalá no hubiera parido, por qué me tuvo que ocurrir esto´”, señala.
Otras dificultades asociadas al
embarazo a destiempo son los embarazos pretérminos y los niños bajo peso. En el
aspecto social, la desvinculación del estudio y el trabajo figuran como
consecuencias de mayor peso.
Al interrogar a las embarazadas
adolescentes investigadas sobre los planes una vez nacidos los bebés, muchas
manifestaron los deseos de retomar estudios, pero solo una minoría conseguirá
concretar estas aspiraciones, como lo evidencia la realidad. Aquellas que lo
logran cuentan con el apoyo familiar y conyugal que les permite reinsertarse
socialmente. Asimismo, la incorporación al mercado laboral suele postergarse
cada vez más, a causa de repetidos embarazos.
La frustración suele ser el final para
estas madres precoces. Las huellas físicas del embarazo, los sueños promisorios
y la oportunidad perdida…, en casi todos los casos constituye el balance del
fenómeno. Aunque hoy y durante el tiempo de la gestación piensen en un bebé
como un juguete más, las responsabilidades posteriores las harán vivir una
realidad muy distinta de la que muchas confiesan querer escapar.
Para Maya y Ernesto, pareja de
preuniversitarios de la capital, lo ideal sería protegerse con responsabilidad
y señalar lo oportuno o no de un embarazo temprano. Con tan solo 19 años, los
jovencitos distinguen entre sus prioridades fundamentales inmediatas estudiar
una carrera universitaria, por ello sostienen que “los hijos vendrán después.
Por ahora, ninguno de los olvida la caja de preservativos”.