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Del 16 al 22 de mayo de 2013Galería de FotosDossier Especial
ReflexionesImprimir    Publicado en No. 590 



Experiencias a destiempo. Transiciones forzosas de niña a mujer



Embarazo adolescente

La madre compartía el sueño de verla convertida en gimnasta. Difícil fue la crianza de la pequeña Anayancy tras el abandono del padre, apenas cumplidos los tres años. Pero, sorteando no pocos aprietos y limitaciones, la quinceañera tuvo una fiesta bonita e íntima a la que asistieron amigos y familiares.

 

Fascinada, creyó que vivía un cuento de hadas. Trajes, fotos, videos, regalos…, lo típico en estos casos, y algo más que ella agregó porque lo imaginó el mejor momento, “algo para recordar toda la vida”: la primera relación sexual con un joven que casi le doblaba la edad.

 

Inicialmente, practicó el sexo protegido. Meses después y dada la estabilidad en la relación, decidió colocarse un dispositivo intrauterino, al que hizo rechazo de inmediato. Recuerdos dolorosos golpean a la muchacha cuando piensa en la experiencia que, al decir de múltiples ginecólogos, se repite en adolescentes de entre 14 y 19 años y que da paso, por lo general, a un embarazo no planificado. 

 

“Al principio usaba condón, pero después mi mamá me llevó a poner un anticonceptivo. Ahí comenzaron dolores muy intensos. Cuando fui al policlínico, detectaron que el anticonceptivo estaba corrido y comprimía uno de los ovarios. Los médicos recomendaron reposo durante una semana y que me inyectara penicilina. Pasó el tiempo, pero la inflamación siguió y se formó un quiste en el ovario derecho. Me ingresaron y la inflamación fue desapareciendo por lo que, con mucho cuidado, quitaron el multiload. Me dijeron que el ovario estaba tan comprimido que lo tenía en un hilito. Entonces, retiraron el anticonceptivo y reventaron el quiste.

 

Luego, salí embarazada y cogí miedo de sacarme la barriga, porque pensaba que no podría tener hijos en el futuro y, además, porque el primero nunca se debe sacar”, expresa la futura madre, quien cuenta con 16 años y permanece hospitalizada bajo los cuidados de un grupo de expertos que vigilan una gestación valorada de “riesgosa”.

 

De acuerdo con la ginecobstetra Yaquelín Becerra, esta es una etapa de mucho riesgo, pues al rechazar el anticonceptivo y verse sin nada, muchas chicas se embarazan.

 

Junto a Anayancy, otras seis adolescentes reciben atención especializada en el hospital materno del municipio de Madruga, perteneciente a la provincia de Mayabeque. La enfermera Magalys Hernández llama la atención sobre la alta cifra de ingresos de madres precoces en la institución, pues de diez casos informa que siete corresponden a estas pacientes.

 

Entre ellas, Greisy, Arasay, Daniurkis y Saimí accedieron a conversar con Mujeres y respondieron algunas interrogantes que brindan claves sobre un fenómeno inquietante para la sociedad cubana actual: la concepción en edades tempranas.

 

Aun cuando especialistas especulan los 13 y 14 años como edades promedios en las que las y los adolescentes inician las relaciones sexuales, la mayoría de estas chicas declaró haber “debutado” a partir de los 15, sin protegerse desde la primera vez o haciéndolo intermitentemente. En consecuencia, algunas reinciden en la práctica de regulaciones menstruales e interrupciones, confundiendo el proceder con un método anticonceptivo común.

 

“He tenido pacientes que se han hecho múltiples y a las que he dicho ´ni una más´. Debe concienciarse que estas son prácticas invasivas, realizadas a ciegas y que pueden dañar los genitales y el útero”, alerta Becerra.

 

Al preguntarles a las muchachas si se siguen protegiendo, casi al unísono contestaron que no, alegando esencialmente el compromiso con sus parejas y la actual condición. “Es mi esposo”, “llevamos tres años juntos”, “estoy embarazada”, “con condón es aburrido, no es igual”, aseguran.

 

Alarma a la sociedad médica que la principal preocupación para las adolescentes sea quedar embarazadas, sin reparar apenas en las posibles infecciones como el VIH, la condilomatosis y la trichomoniasis que pueden adquirir antes, durante y posterior a la etapa de gravidez.

 

Un sondeo aleatorio realizado por Mujeres a treinta adolescentes de entre 14 y 19 años reveló que, si bien casi la totalidad conocen de la existencia de anticonceptivos, la mayoría opta por sostener relaciones sexuales inseguras y solo lo conciencian cuando se practican una regulación menstrual o aborto, a veces ni aún así.

 

Si la muchacha es virgen, el muchacho tiende a estimar innecesario el preservativo, debido a que se juzga inmune ante las infecciones. Tampoco da crédito a la posibilidad de un embarazo.

 

“La primera vez no tiene por qué pasar nada”, dijeron Carlos y Susana. Ella, por su parte, se “dejó guiar” por el novio. El resultado: un embarazo a los 14 años que decidieron interrumpir de mutuo acuerdo.

 

Esta es una tendencia recurrente en nuestros días. Muchas adolescentes piensan que en las manos del varón recae el manejo de la sexualidad y, confiadas, desarmadas e influenciadas por una educación machista, “se entregan al amor”.

 

Para Becerra, las muchachas tienen que exigir el uso del condón, negociarlo con su pareja, especialmente cuando esta es desconocida, porque sabemos que, incluso, se dan frecuentemente relaciones sexuales fortuitas o “descargas”, como ellas y ellos mismos denominan a un día de fiesta en el que se conocen y “todo puede suceder”. “El condón debe llevarlo tanto él como ella. Es responsabilidad de ambos”, asevera la médica.

 

Potenciar una educación sexual libre de prejuicios sexistas y tabúes corresponde a instituciones como las escuelas, los medios de comunicación masivos y, principalmente, las familias. En este sentido, la joven madre Carmen Martínez valora la necesidad de “conversar en casa, sin temores y naturalidad, sobre cualquier tema relacionado con la sexualidad, aunque parezca atrevido”.

Existe un consenso entre las voces especializadas al valorar el condón como el anticonceptivo más adecuado para todas las personas, especialmente la población adolescente menor de 15 años. Su idoneidad se debe al carácter y la naturaleza de las relaciones que establecen chicos y chicas a estas edades, generalmente informales, inestables y por cortos períodos de tiempo. Indicado para genitales inmaduros, también se encuentra el multiload, prescrito para pacientes mayores de 15 años, aunque muchas lo rechazan.

 

Por otra parte, Becerra refiere lo peligroso de elegir los anticonceptivos hormonales –orales, intramusculares e implantes. En sus palabras, dificultan el futuro proceso de planificación familiar. “Cuando la pareja realmente desea tener hijos, será muy difícil y, en el peor de los casos, hasta imposible pues, por ejemplo, el consumo de tabletas anticonceptivas por estadios prolongados afecta la producción de hormonas”, abunda.

 

No obstante, sugiere que existe una incidencia en ascenso de uniones consensuales estables en grupos de adolescentes, muchas veces con parejas de más edad. Estos en ocasiones desean proyectar su descendencia con tan solo 16, 17 o 18 años. Aquí se justifica el uso de las píldoras durante cortos períodos, esclarece.

 

¿Pero cuáles son los riesgos bio-psico-sociales de traer al mundo un nuevo ser a una edad tan inmadura e inexperta?, documentan estudios y testimonian las madres adolescentes.

 

Estaba muy contenta a raíz de la noticia. “Una niña para tata”, Yanet comunicó orgullosa y a viva voz. Los nueve meses de gestación trascurrieron normalmente, pero después del parto sobrevino el caos. Alexito, que no fue niña muy a pesar de su madre, arribó a este mundo y casi de manera automática se produjo la ruptura de los recién estrenados padres. El llanto del niño, su reclamo por comida y atenciones, hicieron aterrizar abruptamente a Yanet. De forma paulatina, fue desatendiendo los horarios del baño y la comida del bebé, sus gritos la irritaban más que de costumbre, hasta que terminó por desentenderse completamente y la abuela se vio obligada a asumir otra vez el rol de mamá.    

 

El diagnóstico develó una psicosis puerperal, patología común en adolescentes embarazadas que presentaron algún trastorno psicológico o psiquiátrico antes del embarazo.

 

Afirma Becerra que estas manifestaciones se desarrollan en el puerperio, etapa posterior al parto. “Las embarazadas adolescentes que lo padecen sienten un rechazo total a cualquier aspecto que demande el bebé. Lloran constantemente, no lo atienden, se acuestan a dormir y descuidan su alimentación. Otras se niegan hasta a verlos y dicen: ´ojalá no hubiera parido, por qué me tuvo que ocurrir esto´”, señala.

 

Otras dificultades asociadas al embarazo a destiempo son los embarazos pretérminos y los niños bajo peso. En el aspecto social, la desvinculación del estudio y el trabajo figuran como consecuencias de mayor peso.

 

Al interrogar a las embarazadas adolescentes investigadas sobre los planes una vez nacidos los bebés, muchas manifestaron los deseos de retomar estudios, pero solo una minoría conseguirá concretar estas aspiraciones, como lo evidencia la realidad. Aquellas que lo logran cuentan con el apoyo familiar y conyugal que les permite reinsertarse socialmente. Asimismo, la incorporación al mercado laboral suele postergarse cada vez más, a causa de repetidos embarazos.

 

La frustración suele ser el final para estas madres precoces. Las huellas físicas del embarazo, los sueños promisorios y la oportunidad perdida…, en casi todos los casos constituye el balance del fenómeno. Aunque hoy y durante el tiempo de la gestación piensen en un bebé como un juguete más, las responsabilidades posteriores las harán vivir una realidad muy distinta de la que muchas confiesan querer escapar.

 

Para Maya y Ernesto, pareja de preuniversitarios de la capital, lo ideal sería protegerse con responsabilidad y señalar lo oportuno o no de un embarazo temprano. Con tan solo 19 años, los jovencitos distinguen entre sus prioridades fundamentales inmediatas estudiar una carrera universitaria, por ello sostienen que “los hijos vendrán después. Por ahora, ninguno de los olvida la caja de preservativos”.

  



Publicado: 10/5/2012

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