Un
viejo engranaje de nociones, creado por la condición social impuesta a la mujer
a través del tiempo, nos lleva a admitir que podemos hacer versos, escribir
novelas, interpretar la música, pintar cuadros, modelar, esculpir.
Pero
mal las ven algunos construyendo puentes de acero, calculando la resistencia de
una estructura, proyectando colosales edificios, o sencillamente pensando ante
una angustia metafísica o una interrogación teológica.
Desde
que Madame Curie abrió el camino al incursionar en las ciencias de manera
sorprendente hasta con dos Premios Nobel, la mujer en el mundo, y mucho más la
cubana, asume con toda responsabilidad cualquier profesión, y demuestra alta
capacidad e inteligencia en lo que hace.
Sin
lugar a dudas, si hay un terreno en nuestro país donde ellas han realizado
progresos tan importantes como evidentes, que su recuento bastaría para
silenciar aquellos criterios machistas que dudan de las posibilidades de las mujeres;
es en el de las ciencias, vacunas, productos biofarmacéuticos, fórmulas de
nutrición para el alimento del ganado mayor, entre otras.
Qué
decir de aquellas que conducen tractores o combinadas cañeras, o de las que
forjan el hierro al rojo vivo en las fundiciones, y las que en la legendaria
Habana Vieja colaboran con la oficina del Historiador para restaurar maravillas
de la arquitectura colonial.
Se
rompen así mitos y las mujeres aparecen en cualquier rama del saber. No hay
profesión difícil en que no estén presentes su entrega y conocimiento. En las
letras o en aquellas que se basan en el cálculo analítico, la exactitud o el
pensamiento lógico, las encontramos con una admirable capacidad de respuesta.
(Fuente:
Radio Mayabeque)