¿Hay que pensarnos Cuba?

Por: Lissy Villar Muñoz
Publicado: 10/06/2019

                                         

Con caña de azúcar, con presupuestos y planes de economía, con puños feministas, con poder popular, con conga, con ajiaco, con disgustos y gustos, con cine, con burócratas pero sin burocracia, con la palma real, con la que cree y con el que no cree: con todo esto, y con mucho más hay que pensarse Cuba.

Como en una imagen distorsionada que busca poco a poco reflejarse en la mirada de quien la ve, Cuba muestra su diversidad. Una diversidad que está hecha de errores y alegorías, pero también de aciertos irrefutables y de algo que  llamamos pueblo.

Y el pueblo no es uno solo, ni una sola persona puede pensar, diseñar y construir una nación. Las cubanas y los cubanos opinamos siempre de disímiles temas; pero a veces la inmovilidad, la apatía, los errores que venimos arrastrando de años son el resultado de palabras pero no acciones.

¿Qué implicaría en las circunstancias actuales construir y pensar Cuba? ¿Qué implicaría no pensarla?

Emitir criterios siempre supone una posición, tomar partido en algo o por algo. Intentar cambiar las cosas que no nos gustan y que nos alejan del socialismo, supone no sólo una catarsis y crítica legítima sino llegar a un poquito más: acciones concretas para construir un país.

La construcción de un país pasa porque la mayoría quiera cambiar algo. Y porque desde todos los espacios se articulen estrategias que nos favorezcan.

Parto de la idea básica de que queremos un país con el máximo de justicia social, que seamos diversos, que deseamos que nuestra opinión diferente no sea censurada, que tengamos las mismas oportunidades y acceso a ellas, que libres caminemos en nuestras calles, que podamos resolver los conflictos cotidianos, que la resolución de esos problemas no implique el desgaste ni conlleve a actitudes inhumanas por la sobrevivencia. 

Hay tantas pequeñas cosas para poder ser felices… pero creo que la felicidad no está en el consumo, no está en la explotación de la gente y de los recursos naturales, no está en el acoso y la violencia, no está en la devaluación y la inflación, no en los conflictos armados, no en la ausencia de derechos y políticas públicas y conciencia que defiendan todos los derechos, entre ellos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, de los hombres, de las personas que no quieren encajar ni en el modelo de hombre ni en el de mujer que se ha construido socialmente.

Parto de la idea  y la necesidad de articular la vida cotidiana con la política. La política no nos puede ser ajena, no puede estar reservada para los políticos, la política es también la resolución de esas situaciones cotidianas. El PIB (producto interno bruto) de nuestro país no debe ser una cifra que para algunos signifique algo y para otros sea solo una cifra que sacan por televisión. El producto interno bruto tiene que estar conectado indirectamente y directamente con la vida diaria de las personas.

El hacer grandes colas para comprar huevos, o pollo, o lo que podamos encontrar para la alimentación diaria de una casa tiene y está necesariamente conectado con las transformaciones políticas de Cuba.

La fragmentación de la política, la economía, la sexodiversidad, la educación, la salud, la cultura…. y se puede decir infinidades de campos y sectores estratégicos no pueden estar divorciadas unas de otras. Primero porque todas se influyen, asimismo todas confluyen en la construcción de nuestro país.

Y precisamente uno de los desafíos es mostrarle a la gente que la política viene dada desde lo que cenamos todos los días, desde cómo nos relacionamos y hegemonizamos o no actitudes al interior de nuestra familia (entendamos las relaciones entre las parejas, madres-hij@s, padres-hij@s). El poder se ejerce y se construye desde las familias, las escuelas, las comunidades, el Estado, el gobierno.

Ahora bien, es necesidad de Cuba darle sentido popular a ese poder; democratizar ese poder, socializar ese poder, construir desde abajo ese poder. Y construir desde abajo ese poder supone estimular, diseñar y crear espacios formales para el ejercicio del control popular; que la gente pueda controlar los recursos, los recursos que garantizan que el socialismo también funcione como socialismo, y los recursos y los medios de producción sean del pueblo, pero que el pueblo se sienta parte y no ajeno.

En trabajos posteriores continuaremos dando nuestra opinión sobre la construcción del socialismo en Cuba desde algunos espacios y esferas de la vida económica, política, social y cultural de Cuba, en las dimensiones donde ella se expresa.

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