Nosotras, entre la infancia y la literatura

Por: Lirians Gordillo Piña
Publicado: 20/03/2019

 

Denise Ocampo Álvarez es especialista del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor y lidera una experiencia en mediación de lectura que encanta por las herramientas que brinda y la versatilidad de sus posibilidades. Supe de esta iniciativa durante la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana (del 7 al 17 de febrero de 2019) y quise saber más para compartir en las páginas de Mujeres claves y retos de una actividad que muchas veces la familia, el profesorado y los medios de comunicación asumimos de manera intuitiva, sin recursos ni método.

Para empezar quisiera que le presentaras al público ¿qué es un mediador o mediadora de literatura infantil, qué hace?

No es algo nuevo. En principio, un mediador de lectura es una persona que toma parte en cualquier etapa de la realización o la difusión, o la planificación de estos procesos, de textos orales o escritos, publicados o no. Según la acción en que se involucre –actividad editorial, elaboración de políticas públicas, narración oral, trabajo en biblioteca, etc.--, el mediador influye directa o indirectamente en la interacción entre, por una parte, los materiales de lectura, y, por otra, sus receptores posibles o puntuales. Pero no solo impacta en la lectura, también tiene influencia en el sentido que los receptores lleguen a atribuirle a leer y a ser lector. 

 

Como se puede ver, la definición de mediador es muy parecida a otras más conocidas como la de promotor (alguien involucrado en acciones que favorecen la lectura) o la de animador (un promotor que logra profundizar en la motivación, se dice que el animador consigue que el libro sea percibido como algo vivo). De hecho, son conceptos que se engloban unos a otros. Todos los animadores de lectura son promotores y todos los promotores son mediadores, pero todos los mediadores no llegan siquiera a ser promotores. Una peculiaridad de la mediación es su neutralidad.

La promoción y la animación están marcadas como algo positivo, a favor de. La mediación, por su parte, puede producirse aun en la desidia. Cuando el técnico poligráfico trabaja con descuido y afecta la legibilidad, o el ilustrador deja de tener en cuenta los niveles de concreción o abstracción que son comprensibles para el lector esperado de determinado libro, no promueven la lectura, más bien lo contrario; sin embargo, siguen siendo protagonistas de sus respectivos procesos mediadores. Es por eso que usamos el término mediador, para no olvidar que es una labor de mucho cuidado, que no necesariamente va a salir bien y que tenemos que poner todo nuestro empeño para que funcione.

Es válido aclarar que en muchas partes se le llama mediador solo a quien está en contacto directo con los lectores, pero ciertamente la mediación se ejerce desde toda una multiplicidad de áreas. En cuanto a los proyectos del Instituto de Literatura y lingüística, lo que hicimos en la Feria fue solo directamente con los niños, pero en los cursos de posgrado dedicamos tiempo a estudiar y reflexionar sobre otras áreas que no son directas, por ejemplo, los procesos editoriales o la crítica literaria.

¿Cómo nació el proyecto de formación en Mediación de Lectura?

Mi tesis doctoral fue sobre narrativa infantil cubana. A medida que fui avanzando en esa investigación, sentí que junto con lo que iba hallando en el tema específico, iba sistematizando una serie de conocimientos y estrategias que suelen están dispersas en quienes somos mediadores de literatura infantil.

Así convoqué en el Instituto de Literatura y Lingüística a un primer curso de posgrado en Mediación de Literatura Infantil y Juvenil en 2016, que ya ha tenido tres ediciones.

La primera vez que impartí el curso de Mediación de Literatura Infantil y Juvenil estuvieron entre las participantes varias maestras de primaria. Eso nos dio la oportunidad de organizar algunas actividades con niños. Las otras veces no hemos tenido las condiciones para interactuar con ellos y poner en práctica los contenidos del curso. Previo acuerdo con la editorial Gente Nueva, que gentilmente nos ofreció su espacio del Pabellón Infantil, organizamos un programa de actividades para la Feria del Libro de La Habana, donde pudimos poner lo que hacemos a disposición de los asistentes, tanto los niños como los adultos que los acompañaban.

¿Cómo fue la experiencia en la Feria internacional del libro?

Tras convocar a las antiguas cursistas, cada cual escogió en qué actividad quería involucrarse. Pilar Fernández Melo, diseñadora y autora del primer troquel para libros desplegables cubanos, preparó un taller para enseñar a hacer estos libros de forma manufacturada. En la mesa de trabajo podías encontrar personas de todas las edades, desde niños con sus padres hasta los especialistas de otros talleres presentes en la Feria.

La doctora Ana María Ossorio y la Msc. Amelia Fleitas, ambas profesoras de la Universidad Pedagógica, participaron con sus estudiantes en una expedición literaria con el objetivo de lograr una visión crítica de la oferta literaria para adolescentes y jóvenes (los estudiantes se convertirán en profesores de secundaria y pre).

La Msc. Anette Jiménez, editora e investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, participó con una actividad para escolares; en su caso no participó previamente en los cursos, pero tiene una larga experiencia y se nos sumó al saber de nuestra iniciativa. Preparó para esta ocasión un conjunto de actividades con los personajes favoritos de los niños como eje central.

Por mi parte, tuve a mi cargo una bebeteca, una sesión de expresión creativa con adolescentes y una sesión de consejería para personas interesadas en acercar mejor la literatura a sus niños. En la bebeteca estuvieron la Dra. Haydée Arango con su bebé, quien había participado en el curso de Mediación durante el embarazo, y también Pilar, la diseñadora, con su niño de dos años.

La bebeteca incluyó narración oral, juegos con libros y consejos para escoger libros para ellos, así como para potenciar la interacción de los niños con la literatura y los libros. La consejería funcionó de manera parecida, solo que acerca de libros para cualquier edad. Las personas podían asistir antes o después de hacer sus compras y recibir orientaciones sobre cómo facilitar y potenciar el disfrute de los libros.

Otra de las actividades fue “Palabras prestadas” en la que participaron adolescentes; a partir de la técnica de tomar palabras sueltas de distintos poemas de reconocidos autores cubanos los participantes compusieran sus propios textos. Aunque se puede decir que la selección léxica inicial ya garantizaba cierta calidad, ellos tenían libertad para tomar y descartar palabras y arreglarlas a su antojo, sin haber visto los originales, de modo que otra persona con las mismas palabras podía hacer algo totalmente diferente. Los nuevos textos quedaron verdaderamente impresionantes.  Dejamos algunos expuestos en papelógrafos en el Pabellón Infantil y recibieron muchos elogios a lo largo de la Feria.

¿Cuáles retos enfrenta la mediación de lectura en la Cuba de hoy?

Hay muchos retos y voy a escoger solo algunos que considero de particular importancia.

Cada año en el país se produce una tremenda cantidad de libros. Algunos son muy buenos y otros no tanto. Hay que saber elegir los libros de mayor calidad entre una oferta muy amplia. Pero, además, hay que saber encontrar cuál es el libro que mejor sintoniza con las peculiaridades del niño o los niños en quienes se quiere incentivar el gusto por la lectura. En esto ayudan la intuición y la capacidad de observación, pero también se necesitan algunas herramientas para poder orientarse ante una oferta de libros que es vasta.

Otro reto es la diversificación de los medios y maneras en que se puede leer. Para un mediador es indispensable una posición flexible ante esta diversidad, aprovechar las tantísimas posibilidades que aportan las tecnologías, en lugar de ver las tecnologías como un enemigo; aprender de los más jóvenes cómo quieren ejercer su identidad lectora y todo lo que tienen que enseñarnos acerca de su mundo; no tener miedo, incluso, a repensar qué entendemos por lectura y revisar nuestros paradigmas literarios.

Un desafío de siempre, pero que por su contundencia hay que mencionar, es el que surge en el momento en que los niños aprenden a leer. Cuando los niños llegan a la escuela, la misión de esta al inicio es alfabetizar. Así ocurre que la relación gozosa y sensible con la lectura o la literatura, si ya existía, pueda llegar a debilitarse ante los retos de aprender a codificar y decodificar. No es un error de la escuela, la institución hace lo que le corresponde y es útil en ese momento, este debilitamiento es un efecto colateral de la alfabetización.

Al mismo tiempo, muchos niños sufren simultáneamente abandono y presión social con la lectura. Muchos padres que antes leían a sus niños dejan de hacerlo, pensando que ya ellos pueden asumir esto de manera independiente. Asimismo, a muchos niños se les manda a leer porque “ya saben”. Sin embargo, leer, mientras se está aprendiendo a manejar el código, lleva un esfuerzo cognitivo que no necesariamente es disfrutable. Los niños necesitan acompañamiento por mucho más tiempo para que se haya un equilibrio entre la habilidad de leer, la comprensión y la diversión. Los mediadores son indispensables en esta actividad de soporte, lo mismo para aquellos niños a quienes antes se leía, como para aquellos niños que no tuvieron esa suerte. Esto entraña una tremenda responsabilidad y mucha sutileza.

Finalmente, quiero destacar algo que pudiera parecer banal, pero es importantísimo. Tras varios años impartiendo talleres y cursos de posgrado de Mediación de Literatura, puedo diagnosticar que una de las dificultades más serias en esta tarea no radica en una supuesta escasez de personas que la ejerzan, sino en que muchos de quienes la realizan lo hacen sin una toma de conciencia. A menudo matriculan en mis cursos personas que dicen estar interesadas en hacerse mediadoras de lectura, pero con poco que avancen los intercambios demuestran tener ya un desempeño sostenido y hasta exitoso, sea leyendo a sus hijos, regalando libros a niños que conocen, escribiendo sus propios textos, etc. Si bien sus acciones son de gran utilidad, pierden fuerza y oportunidades al no identificarse como mediadores e ignorar, en consecuencia, los anclajes consustanciales a esta tarea y que tanto pudieran potenciar lo que ya hacen o extender sus fronteras. Creo que se debe hablar más de Mediación, sobre todo para que quienes la ejercen en su vida cotidiana, como una práctica no institucional, se reconozcan a sí mismos también como mediadores.

¿Podrías compartir algunos tips para principiantes?

Creo que una de las claves más importantes se encuentra en crear estrategias a partir de las preguntas siguientes: ¿cómo son los niños que queremos acercar a la lectura? ¿En qué espacio ejerceremos la mediación y cuáles es nuestro rol en ese espacio? ¿Qué libro o texto es apropiado para esos niños y tiene potencialidades para explotar en ese espacio?

Otro tip. Todo mediador necesita retroalimentarse con otros. El decisor de políticas públicas para la lectura necesita, por ejemplo, la perspectiva de los maestros y los bibliotecarios. Los padres que quieren familiarizar a sus niños con la literatura desde la infancia temprana, debieran consultar a mediadores que trabajen con niños. Los talleristas para lectores en edad escolar necesitan estar al tanto de los planes de estudio para evitar la repetición de títulos o hacerlo a conciencia, para potenciar lo curricular. No hay mediador autosuficiente.

A propósito de esto último fue que repensamos los cursos de Mediación en sus ediciones más recientes. Inicialmente habían sido concebidos como posgrados. Ahora también incluimos la posibilidad de hacerlos como curso libre. Esto permite que personas más interesadas, sean o no graduadas universitarias, puedan acceder a ellos. El objetivo final es potenciar la lectura y esto requiere aunar todas las voluntades posibles. Las convocatorias siempre contemplan entre los destinatarios a profesionales de la edición, el diseño, la ilustración, educación, críticos, autores publicados o no, promotores, madres y padres, etc.

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