Agnes Szilvia Kauer Kralovszky, “la gran maestra de maestr@s”

Por: Indira Ramírez Elejalde
Publicado: 21/03/2019

La Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, ha sido escenario de conciertos memorables. Muchas figuras nacionales e internacionales han encontrado en ese espacio, el escenario perfecto para brindar al público su arte.

Hace un tiempo un encuentro logró captar la atención mediática, pues coincidieron en la misma escena la Schola Cantorum Coralina, la Camerata Vocale Sine Nomine, el Coro de Cámara Exaudi, el Coro de Cámara de Matanzas, la Camerata Romeu y la cantante Argelia Fragoso.

Resultó ser una entrega emocionante y especial, no sólo por el talento artístico que se reunió esa noche, sino porque además, quien logró hacerlo fue Agnes Kralovszky (Kauer), la gran “maestra de maestr@s”.

Saber de ella resulta complicado, pues poco sale de su vida en internet. Por lo que haber tenido el placer de conversar con ella, que durante muchos años compartió con los cubanos, alegrías, costumbres, tradiciones y dificultades, me dio una perspectiva nueva, más bien distinta, de la mujer en su enfrentamiento con los obstáculos de la vida.

-¿Quién es Agnes Kauer?

Nací en Hungría, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Mi abuelo y mi padre eran músicos, así que por mi sangre corría la melodía, los contratiempos y la efervescencia musical.

Recuerdo que cuando tenía cinco o seis años me acerqué por vez primera a un piano.

Tiempo después, a los diez años asistió a mi pequeño pueblo una afamada música que interpretaba con maestría y pasión cada nota en el teclado. Mi padre cautivado por esa imagen, decidió que el instrumento que yo tocaría sería ese. Me mandaron a estudiar con ella a 300 km de mi hogar. Tuve que vivir en un colegio de muchachas y adaptarme a ver a mis padres dos o tres veces al año.

Permanecí allí hasta que concluí el bachillerato y en Budapest terminé mis estudios. En el instituto de la capital, conocí a un cubano, con el que más tarde me casaría y con quien tendría un hijo. Motivo por el cual en 1968, casi al instante de graduarme, vine a Cuba junto a él.

En mis inicios trabajé durante un tiempo en el Conservatorio Amadeo Roldán  y en el Alejandro García Caturla. Luego tuve la suerte de empezar a dar clases en la ENA en sustitución de un profesor que se había ido. Comencé con un total de cinco alumnos dentro de los que recuerdo a María Felicia Pérez, Argelia Fragoso, entre otr@s. Ocupé el cargo de Jefa de Cátedra de Dirección Coral y durante 11 años impartí las asignaturas de Coro, Técnico Vocal y Metodología de la Enseñanza. Además, fui profesora de la Universidad de las Artes (ISA).

Fue una etapa muy fructífera en mi carrera y me siento satisfecha por haber sido partícipe de la historia de los coros y de la actividad coral masiva en Cuba.  

- Cuba fue para usted como su segunda casa…

Eso es cierto. En el período que estuve aquí, pasé por muchas precariedades. Era una cubana más, y debía vivir como tal.

Sin embargo, las contrariedades que me tropezaba eran insignificantes cuando llegaba ante mis alumnos y les daba clases. Ellos eran muy agradecidos y se esforzaban por demostrarme el interés que tenían en el contenido que yo les enseñaba.

Muchas vivencias de aquellos tiempos atesoro en mi memoria, porque ante todo la solidaridad que recibí en este país de vecinos, amigos y compañeros de trabajo fue muy importante.

Me fui de Cuba por problemas personales y recuerdo que las diez horas que duró el vuelo, me las pasé llorando. Mis hijos no entendían mi pesar, pero yo sabía que me alejaba de lo que había sido nuestro hogar durante muchísimo tiempo.

-¿Y qué pasó desde ese entonces?

Regresé a Hungría y por cinco años fui profesora de la escuela especializada en música IV Keruletizenetagozatos Altanos Iskola. Tiempo después me mudé para Alemania y di clases en el Instituto de Enseñanza Regular Privado destinado a niños superdotados Christophorusschule Braunschweig.

En Alemania he fundado y dirigido varios coros como el Filarmónico Sine Nomine, los de Cámara Ventivoci, Canto Vivo y el Ensemble Cantiamo. También he trabajado con infantes, y hace poco conformé uno de 50 pequeños entre los 3 y los 10 años de edad.

Todos los coros que he agrupado están compuestos de aficionad@s. Siempre me ha gustado trabajar con no profesionales porque te dejan crear a tu antojo, sin límites ni presunciones.

En este país europeo tuve que empezar desde cero, pues ningún coro profesional me iba a aceptar. La única vía que encontré para realizar lo que deseaba era esa, y me siento muy contenta con todo lo que he logrado hasta el momento.

Con el Coro Sine Nomine pude interpretar obras de gran reconocimiento universal como los Réquiem de Johannes Brahms, Giuseppe Verdi, W. A. Mozart, los Salmos de Chichester de L. Bernstein, entre otras.

Todo lo que sucede en mi vida y alrededor de esta, está condicionado por la música. Tengo la opinión de que mi vida no existe sin esta, por ella respiro y gracias a ella, soy quien soy.

-En ocasiones se nos presentan obstáculos en la vida, y debemos saber cómo enfrentarlos para poderlos superar…

Hubo una etapa de mi vida que fue muy triste. En el 2008 mi hijo mayor se enfermó de cáncer. En la última etapa de su enfermedad, como él vivía en Hungría junto a su familia, tuve que viajar todos los fines de semana desde Alemania hacia allá.  Fue un período desgastante, en el que apenas podía descansar y me agoté, hasta el punto que no pude volver a caminar. Me diagnosticaron un virus, una rara enfermedad como producto del total debilitamiento que sufrí de mi sistema inmunológico.

Estuve tres semanas en coma y cuando me despertaron no podía mover ninguna parte de mi cuerpo. Casi al instante de eso, me llamaron para avisarme del fallecimiento de mi hijo. No pude ni siquiera asistir a su entierro. Durante mucho tiempo estuve paralizada.

Meses después logré recuperarme pues realicé fisioterapia, y como otra terapia más, comencé a formar coros de todo tipo. Necesitaba despejar mi mente y lo conseguí.  

Pienso que en la vida suceden cosas que para el que la sufre no tienen explicación. Pero atravesarlas te ayuda a convertirte en una persona mucho más segura.

-¿Qué se siente haber sido parte de la formación de grandes músic@s en Cuba?

Estoy muy impresionada con lo que cada uno de ellos alcanzó. Fui profesora de grandes maestras y maestros de la escena musical cubana: Alina Orraca, Zenaida Romeu, María Felicia Pérez, José Antonio Méndez, Leonor Suárez y Argelia Fragoso.

El respeto que me tienen, además del agradecimiento, es para mí el mayor regalo del mundo.

- En la actualidad está jubilada. ¿Aún se encuentra vinculada a la dirección coral?

Sigo conformando coros, donde pueda. Dirijo el de la Iglesia de Dettum, integrado por ancianos. Es muy entretenido dirigirlo, pues son voces débiles que trato de mejorar con mis conocimientos.

Me gusta esforzarme para conseguir lo que quiero. Por eso es que pretendo seguir trabajando y continuar creando; eso lo disfruto muchísimo.

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