Idilio eterno

Por: María del Carmen Mestas
Publicado: 15/02/2019

                                                                                   

El desaparecido cineasta Rigoberto López tenía entre sus grandes pasiones llevar a la pantalla la vida de Ignacio Agramonte. Había logrado realizar ese sueño cuando falleció y la película: El Mayor se encontraba en proceso de posproducción. En ese proyecto nacido del alma están presente aspectos de la existencia del patriota y, por supuesto, su relación con Amalia Simoni, esposa y fiel compañera de ideales. Verdadera historia de amor que vive más allá del tiempo.

Ambos dejaron un emotivo epistolario en la que él expresa su vehemente deseo de tenerla a su lado para siempre. Encabeza algunas de las cartas diciéndole “Ángel mío adorado” “Adorada Amalia mía” o “Mi Amalia idolatrada”.

Se habían casado en agosto de 1868, a pesar de la oposición del padre de la joven. Pronto marchó el patriota a la manigua y ella no dudó en seguir su ejemplo. Fue una fiel colaboradora de las tropas mambisas, sobre todo, en los hospitales de campaña. Por sus elevados ideales sufrió cárcel y se vio obligada a emigrar a Nueva York donde recaudó fondos para la causa independentista. La caída de Agramonte el 11 de mayo de 1873 en los potreros de Jimaguayú lo privó de conocer a su hija Herminia.

Nuestro Martí, evocó así a la pareja:

¡Acaso no haya romance más bello, que el de aquel guerrero, que volvía de sus glorias a descansar, en la casa de palmas, junto a su novia, y a su hijo! ” ¡Jamás Amalia seré militar cuando acabe la guerra! Hoy es grandeza, y mañana será crimen. Yo te lo juro por él, que ha nacido libre. Mira Amalia, aquí colgaré mi rifle, y allí, en aquel rincón donde le di el primer beso a mi hijo colgaré mi sable”. Y se inclinaba el héroe, sin más tocador que los ojos de su esposa, a que con las tijeras de coserle las dos mudas de dril que lucía tan pulcro y tan hermoso, le cortase para estar de gala en el santo de su hijo, los cabellos largos.

Y porque conoció de sus valores, Martí también exaltó los de Amalia en un comentario titulado En casa, publicado en 1892.

Por la dignidad y fortaleza de su vida; por su inteligencia rara y su modestia y gran cultura: por el cariño tiernísimo y conmovedor con que acompaña y guía en el mundo a sus dos hijos, los hijos del héroe, respeta Patria y admira a la señora Amalia Simoni, a la viuda de Ignacio Agramonte. En su viaje a la triste Cuba le desea “Patria” mares tranquilos. Amalia, cubana de puro corazón, multiplicó sus afanes libertarios por su Isla y fue expresión de la valentía de aquellas heroicas mujeres del 68.

Volvería la patriota a Puerto Príncipe y más tarde al estallar la guerra del 95, viajó a Nueva York, donde su maravillosa voz de soprano se escuchó en teatros, cuya recaudación como antes estaba destinada a la independencia. En esa ciudad permaneció hasta finalizar la contienda.

Siempre rebelde, en La Habana donde vivía, Amalia se afilió a la Junta patriótica que luchaba por el cese de la intervención norteamericana y de la Enmienda Platt. Fallecida en 1918, sus restos descansan en el cementerio de Camagüey, donde fueron trasladados en 1991, tal como ella lo había pedido.

Accesos: 562 Comentarios: 0

Actualidad

(19/06/2019)
Denuncia Díaz Canel planes subversivos del gobierno estadounidense
(19/06/2019)
Analizan diputados cubanos Ley electoral
(19/06/2019)
Denuncia Cuba en Ginebra medidas coercitivas de Estados Unidos

Otras secciones

Directora General: Iraida Campo Nodal
Editoras: Aurika Rubio García y Alina Carriera Martínez
Redacción: Galiano No. 264, entre Neptuno y Concordia. La Habana. CP 10200. Apartado Postal 2120. mujeres@enet.cu.