Los valores se sustentan con el ejemplo

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 13/02/2019

Comportamientos imprescindibles socialmente, como ceder el asiento a un anciano, embarazada o desvalido o que alguien nos de las gracias por un favor o gentileza, parecen haberse esfumado. Quizás porque hablamos mucho de valores en vez de demostrarlos con nuestro ejemplo y explicarlos de manera comprensible a los niños y jóvenes.

 El proceso demanda tiempo y mucha paciencia, particularmente en los menores que necesitan escuchar una y otra vez lo que se espera de ellos en la casa, la escuela y en el medio en que se desenvuelven, pues todavía no están en capacidad de incorporarlos. De hecho, carecen de madurez y desarrollo de la personalidad que les permita interiorizarlos conscientemente.  Pilares para sustentarlos son el amor y la  moralidad de la familia.

Los padres no deben estar ajenos a los sentimientos y conductas de sus hijos, pues sobre ellos recae, en primera instancia, la tarea de educar a sus miembros más pequeños en la responsabilidad. Periodo en que pasa a un primer plano la creación de hábitos y conductas que van conquistando y reforzando a medida que crecen.

 La asimilación de estos resultará esencial para su comportamiento futuro. Los hábitos son comportamientos que van regulando el desarrollo de la personalidad. Si se habitúe a actuar con corrección, seguramente incorporará  a su a acción cotidiana los mejores valores.

Enseñarlo a dar las gracias, saludar o pedir disculpas, puede resultarle difícil de entender, pero habiendo aprendido de nosotros, esas conductas y otras como la sinceridad, la tolerancia, la ética, adquieren  otra connotación.

La labor del hogar debe tener en la escuela los principales estimuladores. De hecho, estos son pasos de marcada prioridad en los momentos actuales. Por ejemplo, desde pequeño, el niño debe estimar y valorar el costo material y afectivo de las pertenencias propias, de la familia y de la sociedad en su conjunto.

El valor material, en este caso, no se enfoca hacia que es mejor lo más caro, sino al esfuerzo que implica cualquier desembolso para la familia o la institución, en aras de crear mejores condiciones de vida. Que es en definitiva lo que alienta el perfeccionamiento humano. Luego apreciara el verdadero valor del ahorro y de la organización económica, valederos para vivir mejor. Pero esa conciencia se adquiere en la niñez, como parte de una actitud responsable con la vida. Quien siembra, cosecha.

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