De un romance habanero

Por: María del Carmen Mestas
Publicado: 21/02/2019

El famoso compositor mexicano Agustín Lara le cantó  al amor y también al despecho. Sus canciones, algunas  no escaparon al calificativo de cursi, continúan viviendo en alma de los enamorados.

Atraído por  los  paisajes  y, en especial, su música, que reverenciaba,  “El flaco de oro”  sentía verdadero gusto en visitar nuestra Isla y lo hizo en varias ocasiones.

En 1939, en uno de sus viajes, llegó  a La Habana envuelto en la aureola del triunfador: su música se cantaban a toda hora, sonaba en los cabarets, el teatro y en México era tema para  películas. Tal vez nunca pensó que una cubana le robaría el corazón. Sucedió.

Visita un día la CMQ y al pasar por una de las cabinas  de radio oye una voz femenina que despierta su atención. Enseguida quiere saber  quién es y le presentan a Xiomara Fernández. Conversan  animadamente y de pronto él le pregunta  si  también cantaba. Y aunque la declamadora, actriz y locutora le dijo que no, a su petición,  le tarareó una melodía. Muy entusiasmado, él  le prometió  una canción  con la condición  que ella misma la interpretara. Con  Cuando me miraste tú, Xiomara debutó en el entonces Teatro Nacional. Lara la acompañó al piano cada vez que la expuso  en Matanzas y Pinar del Río. La letra, dice:

Toda la gloria fue mía, cuando me miraste tú/  toda la gloria fue mía/cuando me miraste tú/ se quedó sin luz el día/ todo se quedó sin luz./Y empezó la vida mía/cuando me miraste tú/ ahora ya no me miras/ qué le vamos a hacer/ nadie podrá mirarme ni  consolarme en mi padecer/ ahora ya no me miras/ te ha cegado el rencor/ quien sabe si otra vida/ con tu mirada se iluminó.

La belleza de Xiomara, su simpatía,  avivaron  la llama del amor en el poeta, quien todos los días le enviaba un ramo de rosas. Al enamorarla, Agustín Lara  le prometió casamiento y llevarla a México para que consolidara  su carrera. Xiomara no aceptó  el ofrecimiento porque solo veía en el compositor un buen amigo a quien mucho admiraba.

Así se cerraba el capítulo amoroso del celebrado autor mexicano, en La Habana.  Fue muy amigo de Ernesto Lecuona y le encantaban los boleros trovadorescos de Sindo Garay, con quien varias veces compartió en la Bodeguita del Medio.

En música, Lara  puso de moda en su país el bolero, sobre todo, los  boleros soneados. Nuestra Isla le inspiró  piezas como La Cumbancha, en el que rinde homenaje a la percusión cubana y  Sueño Guajiro, que grabó el malogrado cantante mexicano Javier Solís.

En homenaje a Lara se levanta en el entorno de la Alameda de Paula, en nuestra capital,  una escultura de bronce de dos metros de altura, realizada por el  escultor yucateco Humberto Peraza.

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