Misión peligrosa

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 13/02/2019

Aquella mañana del 20 de febrero de 1954, dos mujeres revolucionarias salieron de la prisión de Guanajay. Eran las moncadistas Melba Hernández Rodríguez del Rey y Haydée Santamaría Cuadrado, condenadas por su participación en el heroico asalto al cuartel Moncada. Ambas habían salido con vida del Hospital Civil, baluarte de resistencia de Abel, tras el fallido ataque al regimiento militar.

 Las dos combatientes asumieron valientemente su participación en la organización del movimiento desde sus inicios y expresaron su voluntad de que se les condenara al igual que sus compañeros. Melba y Haydée, testigos excepcionales, denunciaron la desaparición de una veintena de combatientes, encabezados por Abel Santamaría, segundo jefe del Movimiento

Tras la condena de siete meses que le impuso el Tribunal que las juzgó, pues según narra la periodista Marta Rojas, testigo excepción del juicio del Moncada, quedó más que probado desde el punto de vista jurídico y real que habían participado en los hechos en calidad de enfermeras, Haydée Santamaría y Melba Hernández abandonaron la prisión de mujeres de Guanajay.

Tiempo después, Haydée, esa mujer sufrida y heroica que había perdido a su hermano y al novio en el ataque al cuartel  Moncada, el 26 de julio de 1953, pese a la lacerante angustia de la cárcel y los recuerdos vividos, tenia  bien claro su destino, junto con Melba, dar cumplimiento a la misión asignada por Fidel

 A partir de ese 20 de febrero, 65 años en el tiempo,  ambas mujeres se alistaron para tan peligrosa misión: divulgar clandestinamente el Manifiesto a Cuba que sufre, y lo que se consideró la tarea mas apremiante, la edición y distribución de su trascendental autodefensa conocida universalmente como La Historia me Absolverá, que Fidel había reconstruido y hecho salir del presidio Modelo de Isla de Pinos hoja a hoja. Documento que según sus propis palabras tenía un significativo valor “por su contenido ideológico y sus  tremendas acusaciones”.

Melba Hernández, Fidel Castro y Haydée Santamaría.

Contaba Marta Rojas, al referirse a la excarcelación de Melba Hernández y Haydée Santamaría, que con la mayor discreción posible, dada la calidad de las excarceladas, un grupo de militantes ortodoxos y de otros compañeros, así como los padres de ambas combatientes, se reunieron en Guanajay, para recibir a las heroínas.

La propia Marta califica de conmovedor aquel reencuentro. Para Joaquina en especial, quien había perdido a su hijo Abel, abrazar a su Yeyé fue de un impacto extraordinariamente dramático.

“Fue terrible aquella salida, diría luego Haydée, pero de todas maneras seguimos adelante y seguimos luchando hasta que salieron nuestros compañeros de Isla de Pinos. Y fue vivir  otra vez, fue luchar otra vez, fue la acción otra vez, fue ya otra vez la  vida.”

Escribía la periodista y escritora, que Haydée la hizo sentar con ella y Melba en un banco cercano para que le contara algo más del juicio de Fidel. “¿Y ahora-le preguntó Marta Rojas?” “Empezar de nuevo, tenemos una deuda con nuestros hermanos muertos”, dijeron ellas al unísono.

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