Los niños también se estresan

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 24/01/2019

Tomada de internet

En el proceso evolutivo del ser humano, algunos momentos resultan más difíciles que otros: el nacimiento, la lactancia, los primeros seis años de vida, la entrada a la escuela, la pubertad y la adolescencia.

Alrededor de esas etapas, la familia enfrenta cambios y en ocasiones se hace necesaria la consulta de un psicólogo. Los especialistas consideran que los primeros contactos fuera de la familia marcan el inicio de la independencia infantil.

El hacer frente a las indicaciones de mamá y papá y a las exigencias escolares, suele aturdir a los niños, los pone tensos y eventualmente agresivos hacia las normas sociales que se le dictan. Las aspiraciones familiares, superiores a las posibilidades infantiles, puede provocar en algunos pequeños un estado momentáneo de estrés.

Nada más ilustrativo para reflejar lo que queremos destacar: el papel de la familia, sobre todo el de los padres, en la formación de hábitos y valores desde el mismo nacimiento de ese ser que un día podrá llegar a ser un longevo. Sería ilusorio pensar que el niño o niña tendrá una infancia sin estrés si no se adoptan las medidas para evitarlo.

De ahí que la familia debe estar al tanto de su desarrollo emocional. El infante es muy sensible al trato que recibe y percibe el menor cambio en el estado anímico de los adultos. En lo que califican la primera etapa de la vida, el bebé se nutrirá, crecerá y su sistema nervioso central madurará hasta que entre los tres y cuatro años comience a tener noción de si mismo, se activarán sus mecanismos de la memoria y empezara un proceso de aprendizaje e instrucción mucho más acelerado.

Es el periodo de la educación preescolar y ya el niño o niña comienza a demandar una mayor atención por las futuras tareas escolares, los juegos y la interminable relación de los “¿por qué?”. Si esta etapa de “envejecimiento” del menor se produce en un ambiente familiar hostil, de continuas discusiones o, en el peor de los casos, de separación de los padres, las consecuencias serán de gran tensión emocional para el niño o niña.

La atención  familiar al desenvolvimiento escolar aumenta la seguridad psíquica del infante, quien se sentirá más apoyado para enfrentarse con la vida fuera del hogar. Una de las características esenciales de la primera infancia es la estrecha relación existente entre el desarrollo físico y el neuro-psíquico, es decir, la correspondencia armoniosa, educativa, de sostén y compañerismo entre padres e hijos.

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