“El estado Paula”

Por: Laíz Concepción Romero
Publicado: 10/01/2019

                                                                                     

Paula no se siente bien. En estos días cuenta que tiene ganas de volar, o al menos de no estar aquí. ¿Dónde entonces? Ella tiene mucha carga, está agobiada, se le refleja en su cuerpo, sus sentimientos, su forma aberrante de actuar. Parece confundida o, más bien, no parece ella misma. Es como si hubiese sufrido una metamorfosis.

Su esposo no sabe qué hacer y busca ayuda, pues no quiere seguir viendo cómo la mujer de su vida, la madre de sus hijos se destruye. En la casa, sus seres queridos le dicen: “Te apoyamos y te entendemos, pero depende de ti. Pon de tu parte”. Paula recién comienza su quinta década de vida, tiene dos hermosas hijas: Carol y Cristina. “Mami, qué te sucede”, le dicen desesperadas. Entonces ella se frustra, mas no puede explicarlo.

Al principio, Paula no quería atenderse; “con el tiempo se me pasa”, decía. Pero su familia insistió y ella accedió. Habló con el psiquiatra y le contó que no tiene “ganas de nada, ni por nada”. No sabe cómo respira y busca escapar en sus pensamientos. Piensa en levantarse y correr tan rápido como puede, luego abre sus ojos y no tiene fuerzas. Su corazón está oprimido y sus latidos no los escucha. Sufre eternamente, como un camino carente de principio y fin.

El médico le comunica a la familia que Paula está atravesando una crisis depresiva. Luego le receta algunos medicamentos y la aconseja.

Según el texto Depresión generalidades y particularidades, del Prof. Dr. Ignacio Zarragoitía Alonso, especialista de Segundo Grado de Psiquiatría del Hospital Docente Clinicoquirúrgico Hermanos Ameijeiras: “Cuando se dice comprender al deprimido (…). Es no tratar de exigir responsabilidad ni cambios radicales en una persona que no dispone de medios y defensas adecuados  para enfrentar esta situación. Se debe recordar que el deprimido sufre en dos sentidos: por la enfermedad en sí y por lo incomprendido que se encuentra por parte de amigos, familiares, vecinos y toda persona que en una mayor medida tenga que ver con él. En nuestro medio es clásica la sugerencia de “tienes que poner de tu parte”. ¿De qué parte? sería la interrogante, si todo en su mente es un caos de pensamientos y angustias”.

Cuando Paula oía la reiterada sugerencia de todos a su alrededor, se sentía peor. Ella es consciente de que necesita ayuda y se puede apoyar en los consejos de su psiquiatra, pero no la obliguen a poner de su parte. En estos momentos no puede.

El mismo estudio resaltó: “La depresión no solo es patrimonio de la psiquiatría, sino de la medicina en general y de la sociedad, pero, además, y lo que representa el factor definitorio, la afectación que provoca en la persona. Ninguna enfermedad mental y muy pocas enfermedades médicas llevan a un grado de sufrimiento subjetivo tan intenso como los trastornos depresivos; no pocas veces se le oye decir a los pacientes que preferirían tener un cáncer y no este sufrimiento, que ni siquiera pueden explicar con lujo de detalles”.

Paula ha asistido a varias consultas. El psiquiatra le comunica a su familia que en esta situación es necesario tener paciencia. “Aún no existe mejora”.

La depresión representa un trastorno complicado. Debido a esto, resulta ineludible que no se desespere el personal que se relaciona con la persona afectada. La eficacia del tratamiento, según los especialistas, está estrechamente relacionada con las particularidades de asimilación de cada paciente.

En opinión del Dr. Ignacio Zarragoitía Alonso, “la terapia antidepresiva depende, en gran medida, de la intensidad y las características de la depresión, sobre la base de los aspectos siguientes:

-          Terapia psicológica.

-          Terapia social.

-          Terapia farmacológica y biológica.

-          Otros tipos de tratamiento”.

Así mismo, dicha terapia varía de acuerdo con la fase que se desee tratar.

Primera fase. Corresponde al periodo agudo, donde el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno permiten que disminuyan, en un grado considerable, la profundización y la cronificación de este estado. Durante esta fase, el tratamiento se debe mantener, como mínimo, de cuatro a ocho semanas; la evolución se controlará con consultas periódicas en los siguientes cuatro a seis meses.

Segunda fase. Corresponde a la continuación, cuyo objetivo es preservar las remisiones. En esta etapa se presentan las recaídas, de manera que el paciente debe asistir periódicamente a la consulta.

Tercera fase. Corresponde al mantenimiento y tiene como objetivo prevenir las posibles recurrencias. Esta etapa se caracteriza por la profilaxis, para evitar que ocurran nuevos episodios y aumente el riesgo en los pacientes que han tenido tres episodios previos o dos episodios en cinco años, o la presencia de factores de riesgo, entre estos haber padecido una depresión grave.

El tratamiento antidepresivo a largo plazo será adaptado a cada paciente, teniendo en cuenta las precauciones de los riesgos potenciales y los beneficios.

Después de un año, Paula le comunica a su psiquiatra que puede respirar como no lo había hecho en mucho tiempo. Volvía a creer en ella y lograba recuperar su fuerza.

Su familia se va percatando de sus mejoras y, cuando el psiquiatra lo corrobora, la consulta se llena de emoción. Carlos, su esposo, abraza a Paula y siente que ya no estaba la de unos meses antes: su esposa había regresado.

Ella desea encontrarse nuevamente y busca el mar. Se sienta en unas piedras y pierde su vista entre las olas. ¿Cómo pudo abandonar esta tranquilidad? ¿Cómo pudo olvidarse hasta de ella misma?

En la actualidad, según el texto del Prof. Dr. Ignacio Zarragoitía Alonso, la depresión se encuentra en el cuarto lugar entre las enfermedades discapacitantes y se estima que para 2020 ocupará el segundo. Constituye la primera causa de discapacidad entre los trastornos mentales. “(…) es la más común de las enfermedades mentales y ha sido diagnosticada aproximadamente en el 40 por ciento de los pacientes que acuden a la consulta de psiquiatría”.

Seguramente usted conoce o conoció alguna vez a personas vulnerables como Paula, para quienes el mundo real se torna, por un momento, inexistente. Por suerte, este estado tiene cura. Si es atendido con  tiempo, su efectividad será entonces más inmediata y la persona sufrirá menos psicológicamente. Así que atento, Paula vive en cualquier lugar. Paula podría estar en usted…

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