Infancia…desplazada

Publicado: 23/01/2019

Cuando llega la pubertad o la adolescencia comienzan las alertas para la familia. “No quemes etapas, todavía no eres una mujer”. Pero en ocasiones ya es demasiado tarde y las púberes y adolescentes comienzan a asumir roles y comportamientos sexuales sin estar listas. Pero allí donde emergen las consecuencias, no se encuentra la raíz del problema.

La mirada pudiera enrumbarse, entre otras cuestiones, a la erotización de la infancia, un problema que hoy suele pasar desapercibido en muchas familias y que especialistas consideran nocivo para el desarrollo pleno de niñas y niños.

Niñas con ropa, accesorios, maquillaje y poses de mujer adulta aparecen en la publicidad y los medios de comunicación. Minifaldas, collares y zapatos de tacón se diseñan y comercializan en tallas infantiles para aprovechar, y construir, un mercado que tiene como diana a la familia e infantes.

Y es que son las niñas quienes viven con más frecuencia este tipo de socialización que traspola estereotipos de la feminidad tradicional a sus cuerpos y roles infantiles. Cocificar el cuerpo femenino, cargarlo de erotismo y ubicar en el centro de su identidad ser objeto de deseo, son reglas del juego patriarcal que se integran a la erotización de la infancia.

Consideradas por especialistas como una forma de violencia, incluso no premeditada, estas “tendencias” preocupan desde hace algún tiempo a especialistas y autoridades en varios países.

En 2007 la Asociación Americana de Psicología (APA) publicó un informe sobre la erotización de la infancia en el que se establecen cuatro parámetros para identificarla: 

- Reducir el valor de la persona a su atractivo o comportamiento sexual;

- Equiparar atractivo físico con ser sexy;

- Representar a la persona como un objeto y no como una persona libre de acción y decisión;

- Imponer la sexualidad a una persona inapropiadamente.

La mirada crítica a publicidades y concursos de belleza infantil suele ser más frecuente desde la academia, medios especializados o aquellos que asumen una perspectiva de género y feminista. Sin embargo, esta postura no es frecuente en los grandes medios de comunicación hegemónica pues el informe de la  APA advierte que aproximadamente el 1.5% de los anuncios publicitarios representan a menores desde una postura sexualizada y de ellos el 85% son niñas.

En nuestro contexto nacional, con una cobertura de protección a la infancia fuerte y de tradición, no suele aparecer este tipo de representación.

Sin embargo, arribaríamos a otras conclusiones si miramos con ojo clínico la música que consumen y bailan infantes en cumpleaños y centros escolares; los juguetes que se comercializan; la ropa y calzado que visten y más recientemente las fotos dedicadas a celebrar el arribo a los 10 años conocidas popularmente como “miniquince”.

Sin percibirlo, muchas de las celebraciones en estas edades están reproduciendo elementos que se identifican con la erotización temprana de la niñez. Pensemos en niñas que miran a cámara con poses seductoras, atuendos y escenarios glamurosos que años más tarde se repiten en las “fotos de 15”.

Muchas familias ven en este “ritual” una manera de agasajar y conservar un recuerdo de esa etapa de la vida. También suele ser la culminación del sueño paterno y materno de “darle lo mejor, lo que ellos en su tiempo no tuvieron”; deseo que puede implicar dejarse llevar por una moda sin percatarse de la carga erótica de las imágenes, ni pensar en las consecuencias futuras.

Y precisamente, la psicóloga Livia Quintana resalta los patrones y procesos culturales que actúan en estos casos.

 “…Habría que pensar dos cosas: la primera, cuáles son los valores culturales que hay de trasfondo, pues muchas veces no hay una intención clara de erotizar a niñas y niños, sino de hacerlos eco de un movimiento cultural particular. Pero, obviamente, también podría entenderse como que estás introduciendo en los niños un comportamiento que tradicionalmente se asigna a otros grupos de edades y eso entraña riesgos para su formación y desarrollo”, dijo la especialista al Servicio de noticias de la Mujer Latinoamericana y Caribeña (SEMlac).

Contratiempos…a la vuelta de la esquina

Baja autoestima, problemas con el peso y la imagen corporal son algunos de los costos a mediano y largo plazo de la erotización temprana que privilegia la imagen física y los códigos de belleza hegemónicos como valores personales.

“El fenómeno de la sexualización les está robando una etapa necesaria (la niñez), afectando su salud mental y crecimiento saludable. Cada día, los problemas de alimentación están afectando a personas más jóvenes. De igual forma, los complejos estéticos surgen a edades tan tempranas como la tierna infancia. La noción idealizada de belleza que muy pocos pueden alcanzar, reforzada por los medios de comunicación, puede llevar hasta la dismorfia corporal”, afirma Katherine Massiel Quezada Tavárez en su investigación Mujeres en miniatura: Sexualización de las niñas en publicidad y concursos infantiles de belleza.

La literatura especializada también alerta que esto ritos influyen en un bajo rendimiento escolar y en una identidad de género que hace vulnerables a las niñas y puede exponerlas a abusos sexuales.

La APA (2007) señala además que “al concentrarse en la apariencia física como principal fuente de aceptación disminuyen las habilidades cognitivas de la niña y pierde oportunidades; adopta un rol pasivo; influye negativamente en su percepción de las relaciones sexuales (factores de riesgo en el embarazo prematuro, abortos, transmisión de enfermedades sexuales); influye en sus relaciones con las demás chicas por competitividad y rechazo a las chicas que no entren en el ideal de belleza; favorece el acoso sexual y la violencia sexual hacia ella”.

Paso a paso…

Un cambio cultural se impone, centrado en la mirada crítica y cuestionamiento a procesos de moda. ¿Qué valor humano genera? ¿Qué es lo más importante: cómo luce o lo que hace y sabe? ¿Qué imagen de la infancia promueve? ¿Agrede los derechos de la infancia? ¿Qué dice la ciencia al respecto?

Estas preguntas nos llevan al conocimiento y la educación como factores claves en todo proceso de crecimiento. Porque no son solo las niñas y los niños quienes crecen, también lo hacen padres y madres, profesionales de la educación y demás agentes de socialización que tienen la responsabilidad de proteger su integridad y apostar por su pleno desarrollo.

Un actor nos queda pendiente, quizá a desarrollar en otro trabajo, y es la responsabilidad pública del sector por cuenta propia que promueve desde sus negocios la erotización temprana de las niñas y niños. Estudios fotográficos, casas de alquiler de vestuarios, son escenarios desde los cuales se construyen imaginarios, se pautan modas y juicios de valor, se influye en la subjetividad de infantes y jóvenes. La formación social y ética debe acompañar a los conocimientos técnicos y empresariales en este sector social y de la economía.   

Apostemos por una buena infancia, pues traerá una mejor adultez. Las rizas, los descubrimientos, los sueños, las travesuras, la inocencia que caracteriza los primeros años de una niña o un niño merecen un lugar sagrado en su historia de vida y en el álbum de nuestra memoria. No permitamos que los recuerdos de esa infancia sean desplazados por torsos semidesnudos, poses de vitrinas y labios carmesí.

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