La manifestación del silencio

Publicado: 03/01/2019

                             

 “La calle se llenó de tiros. Los secos estampidos se multiplicaban aterradoramente.  Los transeúntes  se desperdigaban horrorizados.  En el gentío, un hombre se esforzaba por no correr, pero se le veía el miedo en el andar, con el cuello estirado y los ojos vueltos hacia el cordón de soldados y policías parapetados detrás de las microondas, junto al parquecito. Un niño, en la acera, frente a la fonda, gritaba, con los bracitos en alto ¡¡¡Mama¡¡¡

José Soler Puig

Bertillon  166

 

 

Con temple de bronce como Mariana, se comportaron durante el proceso insurreccional las mujeres cubanas, heroicas, decididas y con una valentía a toda prueba.

Santiago de Cuba fue escenario de innumerables acciones que hicieron estremecer muchas veces los débiles  cimientos de la tirana batistiana. En esas acciones jugo un importante papel la mujer, que enarboló orgullosa la bandera rebelde de la ciudad de Los Maceo, de Guillermón y de tantos gloriosos héroes y mártires.

Por solo señalar una de esas acciones, podemos recordar la pacífica Manifestación del Silencio, que realizaron las madres santiagueras como protesta por el asesinato de sus hijos.

El lro. de enero de l957, el asesinato del jovencito William Soler Ledea, de Hugo de Dios Soto, Alberto Blanco Gerindote y Ángel Froilán Guerra Blanco, fue una barbarie que provocó gran indignación en el pueblo y motivó la dolorosa e inolvidable Manifestación del Silencio, donde las madres de los mártires y cientos de mujeres de Santiago de Cuba, denunciaron con valor, decisión y coraje los horrendos crímenes de la dictadura de Batista.

El sábado 5 de enero de ese año, el periódico santiaguero Diario de Cuba, publicaba la siguiente noticia:

DESFILARON MIL DAMAS EN SANTIAGO PARA DEMANDAR CESE DE LAS MUERTES OCURRIDAS AL MARGEN DE LA JUSTICIA.

“La Manifestación del Silencio y del dolor, integrada por más de mil madres cubanas, representativas de  todas las esferas sociales de la población, recorrió céntricas calles de la ciudad antes que las fuerzas combinadas de los comandos militares, de la Guardia Rural, de la Policía y del Servicio de Inteligencia interceptaran su marcha en la calle José Antonio Saco, entre las de Hartman y Lacret, y las obligaron a disolverse, permitiéndole solamente el trámite de comisiones para visitar a los periódicos y radioemisoras y hacer exhortación estremecida de dolor, dirigidas a las altas autoridades, civiles y militares de la ciudad, la provincia y la nación, para que aprueben actuaciones que devuelvan la calma  a la  conturbada sociedad y para  que cesen los actos de terrorismo y también los asesinatos de personas pacificas en su mayoría, marginadas de las actividades políticas y revolucionarias...”

“Aquella manifestación era imponente, todas íbamos en silencio y caminábamos acompasadamente de forma que solo se escuchaban las pisadas en el pavimento y el latido de nuestros corazones...Entonces como un murmullo repetíamos la consigna en voz muy baja CESEN LOS ASESINATOS DE NUESTROS HIJOS, CESEN LOS ASESINATOS DE NUESTROS HIJOS,.. Las madres estábamos heridas en lo más profundo de nuestros sentimientos, pero el dolor nos hacía más fuertes y más decididas, más firmes.  Íbamos dispuestas a  todo, porque ya los crímenes y atropellos eran continuos.

Es difícil relatar la atmósfera represiva que vivía Santiago de Cuba, pero en medio del terror, del crimen, de las torturas, allí estábamos las mujeres. Allí estábamos las madres santiagueras como Mariana acusando a los asesinos. .. También en voz baja se decían consignas revolucionarias y se mencionaban los nombres de los asesinos. Aquel fue un acto de rebeldía y aunque  la prensa lo reflejo como un acto pacifico, allí las mujeres no  teníamos armas, pero estábamos dispuestas a todo, a morir si era necesario. Fue un acto que demostró la dimensión revolucionaria de la mujer cubana y de apoyo a la lucha revolucionaria...

Cira Ferrer y Fela Tornes, sostenían la gran tela blanca con la consigna CESEN LOS ASESINATOS DE NUESTROS HIJOS, que luego recorrería el mundo entero como símbolo de rebeldía y coraje de la mujer santiaguera, de la mujer cubana.” (Testimonio de la destacada combatiente ya fallecida Carmelina Garcia Lupiañez)

La Manifestación del Silencio, fue una  operación  perfecta, porque excepto quienes participaron en ella, nadie supo nada y esa acción dejó boquiabiertos a los sicarios del régimen, quienes no pudieron hacer nada para impedirla. Es bueno recordar que el día que se realizó la marcha era víspera del Día de Reyes y las empleadas de comercio estaban también de negro, así cuando las madres pasaban por las calles céntricas, esas trabajadoras se unían y según pasaban, los comercios cerraban y a cada paso la manifestación crecía y crecía hasta llegar a agrupar a  más de mil mujeres, algo asombroso e impactante. Fue un espectáculo tremendo. Las madres, las mujeres todas lloraban, clamando justicia por el asesinato de sus hijos.

Probablemente nunca se llegue a saber el número exacto de mujeres que dieron su  aporte, de una forma u otra a la causa revolucionaria contra la tiranía de Batista. A veces ejecutando un sabotaje, transportando medicinas, correspondencia, alimentos, uniformes...Pero también silenciosamente confeccionando uniformes, brazaletes, banderas, recaudando dinero, ocultando a compañeros perseguidos, haciéndose  pasar por su novia o esposa, para llevarlos a la misma guerrilla cuando ya Fidel estaba en la Sierra Maestra, o sacándolos de allí para cumplir arriesgadas misiones

Las mujeres cubanas dieron su cuota de sangre por la definitiva liberación de nuestro pueblo, por eso  es necesario, darle a conocer a nuestros jóvenes  las páginas de gloria que escribieron las cubanas en aquellos años  de lucha insurreccional. La Manifestación  del Silencio inspiró al gran poeta manzanillero Manuel Navarro Luna a escribir estos versos:

¡Es Santiago de Cuba!

¡No os asombréis de nada!

Allí las madres brillan

Como estrellas heridas y enlutadas

Recogieron el cuerpo de sus hijos

Derribados por balas mercenarias,

Y después de la llama del entierro,

Iban cantando el Himno de la Patria

¡También iba cantando, junto a ellas,

el corazón, sin sueño, de Mariana... ¡

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