“Todos estamos llenos de historias, hasta una trabajadora de casa como yo”

Por: Laíz Concepción Romero
Publicado: 19/12/2018

Cuando empieza a caer la tarde, podemos encontrar a Tita- como todos llaman a Gertrudis Heriberta Simón Galbán- sentada en su portal. Muchos pasan, la saludan y ella les devuelve el gesto. Toda su vida ha ejercido el oficio de trabajadora de casa. Hoy día vive con sus dos hijas mayores en San Antonio de Río Blanco, municipio Jaruco, provincia de Mayabeque.

Cuando le propongo la entrevista me comentó: “mi niña, qué recuerdo interesante puede tener un ama de casa como yo, ¿por qué no entrevistas a otra persona?” Entonces le pregunté la edad y me dijo: “Nací en 1948, tengo 70 años”.

“Nací en una clínica particular en La Habana, pero soy de Aguacate, municipio de la actual provincia de Mayabeque. La familia de mi padre en ese momento tenía posibilidades, por así decirlo, no eran ricos, “pero hablando en buen cubano se defendían”. Mi padre no coincidía con mis abuelos en cuestiones políticas. Mi madre siempre nos decía a mí y a mis hermanos, que él formaba parte de todas las hazañas para derrocar a la tiranía de Batista y mis abuelos, eran conservadores. Ellos no estaban de acuerdo con lo que estaba pasando en la Sierra, pero mi padre, era un clandestino a prueba de balas”.

“No recuerdo nada de él, murió cuando tenía 3 años en un accidente. Siempre lo recuerdo en las palabras de mi madre contándonos sus historias y sé que me quería muchísimo, pues le gustaban mucho las niñas y yo fui la primera. Él decía que había que tener niñas, pues los niños cuando cogían un poco de tamaño se iban atrás de sus mujeres, pero las hembras se quedaban siempre a tu lado”.

Tita estaba emocionada, sus lágrimas discretas corrían por su mejilla, hablar de su padre le producía una gran satisfacción, pero a la vez le recordaba la desdicha de no haberlo conocido.

“Cuando mi padre falleció, mi madre y mis hermanos nos mudamos a vivir con mis abuelos paternos, pues pocos días después del accidente, nuestra casa se quemó debido a un trueno durante una tormenta, no recuerdo, eso fue lo que mi madre nos dijo”.

“Recuerdo a mi madre como una gran mujer, siempre tan consagrada. Era el año 1956, tenía 8 años cuando empecé a ayudarla a lavar y planchar para la calle, también iba a algunas casas a limpiar en lo que ella hacía lo demás. Mis abuelos ganaban dinero pero no como antes, éramos muchos en la casa y había que cooperar. Iba a la escuela por las mañanas y en las tardes trabajaba, llegué hasta sexto grado y después comencé a trabajar a tiempo completo como ama de casa igual que mi mamá”.

“Ama de casa”, le dije, “sí”, respondió ella, así que le pregunté qué hacía cuando se quedaba en la casa: “trabajar bastante, cuando estás en la casa no hay tiempo para descansar, siempre hay que hacer algo”, me comentó. Entonces le dije, vamos a sustituir la palabra ama por trabajadora, “usted es una trabajadora de casa”. Me miró y con una sonrisa me dijo: “me parece bien, de hecho, me gusta más”. Creo que en ese momento se sintió agradecida conmigo, ahora se siente más importante.

“La entrada de dinero a la casa cada vez era menos, el trabajo de mis abuelos no iba bien, pero a pesar de esto ellos no querían que el Ejército Rebelde ganara la guerra. Yo era una niña, nunca voy a entender la posición de mis abuelos. Recuerdo que en ocasiones había discusiones entre mis abuelos y mi madre por estas cuestiones, pero no te puedo decir mucho porque cuando mis hermanos y yo entrábamos al lugar de la conversación, rápidamente se hacía silencio. Una vez le pregunté a mi mamá si era bueno o malo que Fidel y los suyos ganasen, nunca voy a olvidar sus palabras: sería muy bueno, ojalá que sí mija, ojalá que sí…”.

 “Tenía 11 años cuando triunfó la Revolución, fue un momento cumbre en mi casa cuando se supo que Batista había abandonado la isla y que Fidel venía para La Habana. No se me van a olvidar la cara de mis abuelos de decepción, ellos decían que no, que no era posible y a la vez la cara de satisfacción de mi madre. Es raro, porque mi madre era, como me dices, una trabajadora de casa, pero siempre presintió que con la Revolución iba a irnos mejor. Luego se volvió a casar y nos mudamos para Madruga, mis hermanos y yo volvimos a la escuela y ella empezó a trabajar en una tienda”.

“Cuando cumplí 14 años se hace un llamado por lo de la Campaña de Alfabetización, y me sumo a esta. Alfabeticé a cuatro hombres, dos de 53 años, uno de 64 años y otro de 65 años. Ha sido una de las experiencias más lindas de mi vida, pues estas personas aprendieron a poner su nombre y sus dos apellidos, yo se los había enseñado. No sé explicarte, sentí mucha satisfacción”.

“Dos años después me casé, tuve cuatro hijos, dos hembras y dos varones. René Barceló Mesa, mi esposo, trabajaba como inseminador, formó parte del primer grupo de inseminadores que se graduó después del triunfo de la Revolución. Él era un poco a la antigua y no le gustaba que trabajara en la calle, así que al igual que mi madre, trabajé en la casa. Uno de los peores momentos de mi vida fue cuando el mayor de mis hijos, Osmany, se cayó de unas escaleras en el pre, lastimándose la columna. Fueron momentos muy difíciles, viviendo la incertidumbre de que si mi hijo podía o no volver a caminar. Gracias a Dios, seis meses después, con mucha ayuda de los médicos lo logró”.

“Mis hijos crecieron, todos estudiaron hasta doce grado. Mis dos hijas viven conmigo y los varones se fueron del país, otro de los mayores golpes que recibí. Creo que lo que decía mi padre era cierto, qué bueno que tuve hijas hembras”.

“Nunca me he metido en la vida de mis hijos, los eduqué para que fueran capaces de tomar decisiones acertadas. Mi esposo muere en 1993 debido a un accidente automovilístico, y pocos años después mi hijo Osmany se casó. Tuvo su hijo y cuando Yasmany tenía 15 años le llegó la salida a su esposa y como estaban casados se fueron todos. Cuando me dijeron que se iban sentí un vacío en el pecho que no tuvo comparación. Osmany, mi hijo, me dijo: mami, no quiero dejarte, pero hay que luchar por una mejor vida”.

Según iba hablando de este instante apretaba sus manos aguantándose a lo que estuviera debajo de ellas, buscando un apoyo.

“Cinco años más tarde se fue mi otro hijo, el más pequeño de los cuatro. Imagínate, que te puedo decir, ellos querían vivir de otro modo y parece que aquí no estaba su lugar. Ellos se ríen mucho porque cuando preguntan: mami qué quieres, yo les digo que a ellos, y entonces me dicen: ay mami… La verdad es que nunca les he pedido nada. Si hay alguien a quien pedirle es a Dios, para que me los cuide y les de salud, mucha salud”.

Baja la cabeza, me mira y se ríe. Entonces la miro y le pregunto qué sucede. Se acomoda en el sofá y me dice, “creo que lo que me dijiste hace dos horas era cierto, todos estamos llenos de historias, hasta una trabajadora de casa como yo. Gracias por haberme elegido. No sé si esto era lo que buscabas, pero sé que estoy muy feliz, pues he recordado momentos que significaron mucho para mí.”

“Cuando termines de redactar la entrevista, crees que me la puedas traer para leerla. Además, quiero mandársela a mis hijos”, “por supuesto”, le respondí. Ella me acompañó a la salida, me dio un beso y después me fui.  

  

Accesos: 670 Comentarios: 0

Actualidad

(24/04/2019)
Con la presencia de Raúl y Díaz-Canel clausuran congreso de la CTC
(24/04/2019)
Confiere el Partido Comunista de Rusia Premio Lenin a Raúl Castro
(24/04/2019)
Inicia Sesión de Clausura del XXI Congreso de la CTC
(24/04/2019)
La Feria de las Madres cubanas
(24/04/2019)
Educadores capitalinos ultiman detalles del Primero de Mayo

Otras secciones

Directora General: Iraida Campo Nodal
Editoras: Aurika Rubio García y Alina Carriera Martínez
Redacción: Galiano No. 264, entre Neptuno y Concordia. La Habana. CP 10200. Apartado Postal 2120. mujeres@enet.cu.