Asignatura pendiente

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 22/11/2018

                                                         

Un niño o niña de corta edad que de cuatro palabras que dice, tres son palabrotas, está repitiendo lo que escucha en su entorno familiar, razón por la cual lo chabacano y obsceno se va convirtiendo en lo usual para el infante, que se sabe “admirado” por ciertos adultos de la familia, que no les importa   que esta mala cosecha prenda en sus hijos.

Como siempre decimos, el niño recibe muy tempranamente las influencias buenas o malas que le brinda su hogar. Escuela en la que padres, hermanos, abuelos, tíos, son los principales educadores y formadores. Allí adquirirán los hábitos de vida y sociales indispensables para desenvolverse al paso del tiempo con esa capacidad generadora de virtudes que pasa por la sabiduría y la experiencia familiar.

Muchos achacan a la situación económica de estos tiempos de bloqueo y otros males, los procederes y las transgresiones conque actúan algunas personas. A veces, delante de los propios hijos se negocia y miente en detrimento del prójimo, propiciando un fenómeno de indisciplinas no pocas veces devenidas ilegalidades. De esto modo, se servirán de la mentira, el robo, la deshonestidad y el egoísmo como aseguradores de las conductas negativas en las que anclaran sus vidas el día de mañana.

Se ha escrito con persistencia sobre lo esencial que resulta para el niño o niña crecer bajo la guía de una familia unida y equilibrada. Pero aun en esta unión balanceada, surge el peligro de la segregación familiar, cuando no son los hijos la primerísima responsabilidad de la pareja, absorta como están en sus propios asuntos y en el convencimiento de algunos progenitores de que es en la calle donde se hacen fuertes y preparan para la vida. Entonces transponen sus propias obligaciones a la escuela, parientes, familiares y vecinos, y marcan en el carácter de sus hijos e hijas las huellas de la dejadez y la insensibilidad. Triste consecuencia de una crianza y educación precipitada, donde nunca se les toma en cuenta, se obvian preferencias e inclinaciones, y hasta las más elementales necesidades afectivas y de seguridad son desconocidas.

Múltiples son los aspectos a atender por la familia, pero no puede obviarse la influencia de la escuela, y de los educadores, principalmente. Por eso estos últimos necesitan conocer de cerca la situación psicológica de cada alumno y tener en cuenta que han de tratar con niños procedentes de diversos tipos de hogares, con disimiles experiencias de vida familiar. Así podrán entender la buena y la mala conducta de esos escolares, relacionándolas con la estructura, medios de vida, nivel escolar y cultural de cada familia

La clave de convivir está en la tolerancia, que como bien dice la doctora Graciella Pogololli no significa permisividad ante lo mal hecho, sino conciencia de la propia imperfección y comprensión de las debilidades ajenas pero también en el respeto a las normas y valores establecidos y que son el basamento de la verdadera educación.

Cuando los adultos se las dan de benévolos y permisibles, los niños se percatan de ese resquicio y lo utilizan a su favor. Límites y disciplina han de ir de la mano, a la par que la reflexión y la sabiduría correspondiente.

En la crianza y educación infantil no podemos darnos el lujo de tener asignaturas suspensas ni pendientes, solo aprobados y sobresaliente.

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