Eloísa Bocour Vigil

Recompensa después de la osadía

Por: Sara Más
Publicado: 21/11/2018

Fotos: Humberto Mayol

A primera vista, aquellas tierras donde ella puso la mirada no prometían demasiado. Las había cubierto el marabú, en terreno árido y rocoso. Por eso a Eloísa Bocour Vigil no la tomaron muy  en serio cuando dijo que allí quería sembrar, asentar su finca.

Sus primeras gestiones fracasaron. “No confiaban en que una mujer podía hacer aquel trabajo”, cuenta ahora, a las puertas de la finca “La Caléndula”, un breve paraíso en las montañas de Soroa, provincia de Artemisa. Ella no se detuvo y siguió tocando puertas, hasta encontrar el apoyo de varias personas, algunas fundamentales, en la Estación Ecológica de la zona. Le dijeron que sí era posible: la tierra era mala, pero podía trabajarse y producir.

Sin más experiencia que la de maestra en una escuela primaria, Eloísa tuvo que vencer prejuicios y con el apoyo que fue creciendo, dentro y fuera de la familia, emprendió con más brío que certezas su proyecto en aquel pedazo de geografía silvestre. “Yo vivía cerca de aquí, con mi esposo y mi familia. Quería hacer algo que uniera a la familia y fuera, a la vez, fuente de empleo. Por eso pedí esta tierra, para hacer algo productivo”, relata.

Ahora “La Cálendula” es una finca de referencia en  materia de plantas medicinales, ha comenzado también el desarrollo de frutales y está vinculada al proyecto Conectando paisajes, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Global (GEF), mediante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)  y con participación del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, su Agencia de Medio Ambiente, el Instituto de Ecología y Sistemática y el Ministerio de Agricultura, entre otras instituciones. De sus vínculos con el proyecto, Eloísa ha ganado en aprendizajes técnicos para la conservación del suelo, el manejo integral de la finca, la diversificación de cultivos y el empleo de barreras vivas y muertas, entre otras prácticas agrícolas.

A su finca la bautizó con el nombre de su principal producción, la caléndula, una planta de propiedades valiosas para el sistema circulatorio. Pero allí siembra de todo: romerillo, estevia, flor de Jamaica, tilo, llantén, aloe vera, jengibre, pasiflora, dormidera, orégano, chaya, muralla, guacamaya, artemisa, cundiamor, romero, menta, sagú, mejorana, salvia, hinojo, moringa y un sinfín de plantas más. También cultiva más de 200 variedades de frutales y plantas ornamentales, incluida una valiosa colección de orquídeas.

En el camino perdió algunos afectos y ganó muchos otros. El saldo final premia su osadía, acompañada por mucha gente que estima esfuerzos y resultados. Sus sueños y energías tampoco parecen tener fin. Todavía quiere  seguir creciendo y por eso solicitó otras dos hectáreas de tierra para ampliar la siembra de frutales. En tanto, desea con todas sus fuerzas que en su comunidad se abra un dispensario que aproveche al máximo sus cultivos.

Convertir aquella finca en un punto frecuentado por la comunidad y sus huéspedes es otro de sus sueños recurrentes. Como impedir que sus vecinas vendan sus casas o se muden del lugar “Nadie mejor que nosotras, la gente de aquí, para cuidar de esta maravilla y hacerla crecer”, dice al referirse a Soroa, un lugar turístico muy visitado, donde se enclavan su finca y su comunidad.

“El amor a la naturaleza lo aprendí en la escuela y de mi familia”, sostiene Eloísa, mientras su labor de maestra le ha dotado de una infinita paciencia, dice, para no dejarse vencer y continuar.

Tiene días, también, en que la ronda el pesimismo. “El trabajo del campo es duro”, repite consciente de que todavía le quedan proyectos por concretar. Otras veces le ha fallado la semilla en tiempo o el petróleo para el riego,  lo que ha mermado sus siembras y rendimientos. Pero no se arrepiente del paso que ha dado, por radical que parezca.

“Me siento bien, trabajo duro, pero la naturaleza me anima”, asegura esta mujer que se siente gratificada con cada planta que encuentra florecida al amanecer. “Eso me alegra la vida”, dice. “Me hace sentir muy bien”.

Homenaje

El 15 de octubre de 2018, Eloísa Bocour Vigil recibió un homenaje especial en la comunidad de Las Terrazas, a propósito de celebrarse el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Amistades, líderes de la comunidad, profesionales de la ciencia y otras muchas personas vinculadas a la agricultura y la conservación del medio ambiente compartieron emociones con la maestra devenida agricultora,  luego de ver el documental Eloísa, realizado por Mundo Latino, que cuenta parte de su historia, y recorrer más tarde las área de su finca “La Caléndula”.

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