Un personaje para no olvidar

Por: María del Carmen Mestas
Publicado: 02/11/2018

                                                                           

Nuestra Alicia Alonso ha sabido mostrar  la vibración emocional  de heroínas construidas  a partir de la expresión de su rostro, del gesto de sus manos, del lenguaje maravilloso de sus piernas. En su triunfal carrera, recreó  el mundo de la desdichada campesina  Giselle, título  del ballet  que tanto la  ha identificado. Este clásico ha sido la máxima consagración de la cubana que ha lucido su virtuosismo, su gran capacidad creativa. Perfiló ese  protagónico  con la magia de una poesía única. Un crítico sabio no dudó en decir: “Ella nació para que Giselle no muera”.

En la Alonso la técnica está en función del personaje para interiorizarlo; ir  a su esencia, vivir sus difíciles circunstancias, insertarse con  fuerza en su historia.

Por su versión e interpretación de esta obra, en 1966, recibió el Grand Prix de la Ville de París, en el IV Festival Internacional de la Danza, en el Teatro de los Campos Elíseos, en la capital francesa.

Ahora, en este 26 Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso se dedica una temporada a esta obra como homenaje a los 75 años del debut de la legendaria bailarina. Participan estrellas de BNC y de compañías extranjeras.

EL DEBUT

Giselle  ha estado  muy  vinculado  a su carrera, a su vida sentimental.  Aquel  2 de noviembre de 1943, cuando subió a la escena del Metropolitan Opera House, de Nueva York,  para sustituir a  Alicia Márkova, la cubana pudo asumir  el rol porque lo conocía muy bien: lo había bailado en el cuerpo de baile, en partes de solista… Fue también un acto de osadía, pues meses atrás había sido operada de la visión. Le tocó a  Anton Dolin  el papel de Albrecht y a Nora Kaye el de la Reina de las Wilis.

La víspera del debut con el Ballet Theatre, Alicia recibió una carta de la  Márkova, que decía: “Aquí está mi primer adorno de cabeza. Yo lo usé cuando bailé Giselle por primera vez. Él me dio suerte; por esa razón te lo presto para mañana por la noche, deseando lo mismo para ti. Baila maravillosamente”.

A su magnífica y depurada interpretación, nuestra compatriota  sumó su personal versión  coreográfica, a partir  de la original de Jean Coralli y Jules Perrot. Aplaudida delirantemente en muchos escenarios del mundo, la del Ballet Nacional de Cuba se considera la más lograda del repertorio internacional.

ELLOS HAN DICHO

En una carta fechada  el 4 de junio de  1967, el crítico inglés Arnold Haskell, expresaba a la diva:

Lloré en los dos actos por el drama, que se convirtió en sufrimiento nuestro; y también porque creí, no obstante la ciencia que transcurrías deslizándote más allá del suelo, y emergías flotando desde los brazos de tu compañero y sobre todas esas cosas, tú tienes la primera producción escénica perfecta de Giselle que yo haya visto alguna vez en  mi larga carrera. Ahora, más que siempre, creo en el ballet; y siento que no he perdido mi tiempo tratando de servirlo.

Alicia, yo reclamo las zapatillas  de esa Giselle, y también su fotografía, si es que a los espíritus corresponden zapatillas, y si ellos son susceptibles de ser fotografiados.

De sus impresiones sobre Alicia y Giselle, diría en 1997, en París, el gran Maurice Béjart:

(…)Sí, en lugar de extenderme en superlativos ditirámbicos y, a pesar de todo, gastados, ¿por qué no hacer un ballet  sobre Alicia, como sobre Baudelaire o sobre Wagner? La bailarina es extraordinaria, el personaje no lo es menos. Esta noche Giselle, mañana Carmen, pasado mañana con botas y uniformes de combate, bailando la Revolución cubana, en las ciudades de Oriente o en las plazas de La Habana. Apasionada, irónica, voluntariosa, infatigable, poseída enteramente  por la danza y, sin embargo, embriagada de Cuba “su tierra”, romántica y lúcida, instintiva y a la vez inteligente…casi ciega, pero clarividente. Sí, un día haré un ballet sobre este ser extraordinario que se llama Alicia Alonso.

Nuestro crítico y ensayista, Juan Marinello, destacó:

“La ternura romántica de Giselle y la altiva fiereza de Carmen traducen, en su abismal diferencia, las dotes impares de la gran cubana. Giselle y Carmen son dos medidas, dos vertientes de la naturaleza femenina: el dolor resignado y el dolor agresivo  han mostrado, como  nunca, la trágica  agonía. En las dos interpretaciones Alicia alcanza y sobrepasa las metas conocidas, prueba de su poder profundo y vario. El clamor de la tierra-en la tarde que muere, Giselle, y en la tempestad que amenaza, Carmen, se viste aquí de suprema elocuencia…

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