María Félix: La Habana en sus ojos

Por: María del Carmen Mestas
Publicado: 16/11/2018

           Hasta la fecha, nadie ha podido superar en el México de mis amores la celebridad de María Félix, tanto por su seductora belleza, los filmes que realizó en su dilatada  trayectoria cinematográfica y los publicitados  episodios de su vida sentimental que acrecentaron   su leyenda.

Amó y fue amada y se convirtió en musa de poetas, pintores y compositores de fama. Si una película la endiosó fue  Doña Bárbara, basada en la novela de Rómulo Gallegos. Se cuenta que   cuando este autor la descubrió en un restaurante, exclamó emocionado: “Es ella, es ella. Ella es mi Doña Bárbara”. Y la artista obtuvo el papel. Repetiría en la pantalla grande ese tipo de mujer  fría, calculadora, que  no solo conquistaba a rendidos admiradores, sino que los convertía en marioneta de sus antojos.

Y, aunque ya no está en el mundo de los vivos, sigue siendo el más bello rostro del cine mexicano eternizado  por obra y gracia de la  memoria fílmica. Hay que aclarar que su  triunfo no se puede limitar solo a su aspecto físico; si de manera casual llegó al celuloide, su viva inteligencia le permitió  trazarse  objetivos muy claros en su carrera.  

 En 1949 fue invitada a Cuba por el presidente Carlos Prío Socarrás y llegó a esta villa  un 26 de octubre. La artista se hospedó en el Hotel Nacional los  cinco días de  su visita. 

Durante su estancia recibió la Llave de la Ciudad y  el título de Huésped de Honor. Miles de habaneros la aclamaron desde la  improvisada  plataforma donde se celebró el acto frente   al Teatro Nacional. También visitó el Palacio Municipal.

No faltó su presencia en el cabaret Tropicana y la asistencia una conferencia de prensa en la que se mostró cortés  y distante. Subió brevemente al escenario del América.  De aquella visita quedan fotos en los periódicos de la época.

Volvió a La Habana en 1955, esta vez, contratada por la firma cigarrera Partagás. El periodista Germinal Barral, Don Galaor, la entrevistó para Bohemia. Lo recibió lejos del bullicio de la gente en su habitación en el Hotel Comodoro, donde se hospedó. Concedió otra entrevista a la revista Carteles.

Actuó en la pista del cabaret Montmartre, en el cine Radiocentro y en el club nocturno Alí Bar. En su paso por la TV respondió a preguntas del actor Enrique Santiesteban sobre sus gustos, amores con Negrete…

Una de esas noches se fue a Tropicana y tiró pasillos de cha chá, género  que en esa fecha  hacía furor.

Y claro que no dejó de visitar La Bodeguita del Medio en una de cuyas paredes estampó su firma. Deseosa de nuestras  cálidas aguas se bañó en Guanabo.

Estas jornadas serían  las últimas en la capital habanera. La Doña nunca más volvió a nuestro país, aunque estoy segura que  en algún lugar de su corazón guardaba bellos recuerdos de la ciudad donde  con tanta simpatía la acogieron.

EL MUNDO A SUS PIES

En su carrera rodó alrededor de 47 películas, algunas a las órdenes de  notables  directores de cine. Lo cierto es que se situó en los primeros planos de la cinematografía de su país y  de otros en los que además  rodó.

El lente prodigioso de Gabriel Figueroa la inmortalizó en el cine. Ella fue  la  inspiración del  músico- poeta  Agustín Lara, su esposo. También el amor tardío de su antiguo rival Jorge Negrete.

Se llamaba María de los Ángeles Félix Güereña y nació en Álamos, Sonora, el 8 de abril de 1914. Desde pequeña llamó la atención de todos, sus hermanas celosas intentaron ahogarla en un pozo. En aquella etapa solo contó con la fidelidad de un hermano a quien adoraba. Este suceso familiar  la marcó para siempre: desde entonces sintió que debía defenderse del mundo que, sin embargo, llegó a poner a sus pies.

Se casó muy joven para huir de la tutela paterna y tuvo un hijo. Luego del divorcio se colocó de secretaria en Ciudad México. Un día que miraba unas vidrieras la invitaron a hacer una prueba para el cine. Le propusieron el protagónico  de El Peñón  de las Ánimas junto a Jorge Negrete. Aceptó. Tuvo las peores relaciones con su co- protagonista  que  ansiaba ese papel para su esposa Gloria Marín. Ese enfrentamiento, según el cantante, fructificó en la pasión que luego los llevó al matrimonio.

A María, tres películas la consagraron Enamorada, 1946; Río Escondido, 1947 y Maclovia, 1948.

Volvio a casarse  en 1943 con Agustín Lara, y  fue la musa de  canciones como Humo en los ojos, Palabras de Mujer, el chotis Madrid y la inolvidable María Bonita. Ella hizo un disco con la música de su amado  del que sin embargo se separó legalmente.

Viajó a Europa y en España filmó Mare Nostrum y La  corona negra. Hizo Mesalina, considerada la película más cara del cine italiano en su época.

Visitó Buenos Aires y Evita Perón le envió un ramo de rosas, pues era su ferviente admiradora. Se enamoro del actor  Carlos Thompson, galán de turno, y una semana antes de celebrarse la boda rompió el compromiso.

 A su regreso  claudicó ante  a los asedios de quien fue su enemigo declarado    Jorge Negrete. Se casó con él. Solo once meses  duró el matrimonio por la muerte del charro cantor.

De regreso a Europa  rodó La bella Otero, 1954; Los héroes están fatigados, 1955, con Ives Montand y  French Cancan, dirigida por Jean Renoir.

Regresaría  a México y trabajó con Pedro Armendaris en La escondida, Canasta de cuentos mexicanos y Café  Colón. Con Pedro Infante  participó en el filme Tisoc: amor indio.

Le dedicaron canciones  compositores como Cuco Sánchez,  José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel. La pintaron Orozco,  Diego Rivera,  Leonor Fini, Remedios Varo, la  Carrington, Antonio  Tzopoff…     

Fue amiga de grandes escritores y poetas  como Renato Leduc, Xavier Vidaurreta, Salvador Novo, Pita Amor, Carlos Fuentes… Efraín  Huerta la llamó María de toditos los ángeles.

María Félix se hizo acreedora de varios premios y reconocimientos. Recibió el Ariel en 1946,1948 y 1950.La Diosa de Plata en reconocimiento a su carrera cinematográfica, Medalla de la UNAM por su trayectoria 1992. Oficiala de la Legión de Honor francesa (Comendadora de la Orden Nacional de las Artes y las  Letras de Francia), 1996, entre otros.   

La célebre actriz falleció en Ciudad México a los 88 años. Su patria le rindió sentido tributo.

 

 

             

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