Honores a Mariana Grajales, madre de todos los cubanos

Por: Aida Quintero Dip
Publicado: 09/10/2018

                             Foto: ACN

Santiago de Cuba.-  La madre de todos los cubanos, Mariana Grajales, recibe tributos diversos en su tierra natal, al celebrarse este 10 de octubre el aniversario 150 del inicio de las guerras de independencia, gestas en las que tuvo participación protagónica.

Son honores merecidos a la progenitora de los Maceo, mujer de ideales, horcón y aliento en la pelea de una familia de valientes hombres y mujeres que derrocharon coraje durante el siglo XIX en la lucha por la independencia de la nación.

El homenaje se centra en el cementerio Santa Ifigenia, de esta ciudad, donde descansan sus restos, en el área patrimonial central de la necrópolis junto al monumento al Héroe Nacional José Martí, al Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, y al monolito que atesora las cenizas del líder de la Revolución cubana Fidel Castro.

También es objeto de tributo ante el busto erigido a su memoria en el Paseo Martí, de la urbe, así como en organizaciones de la base de la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución que llevan su nombre, además de intercambios con las nuevas generaciones para resaltar sus aportes a la soberanía de la Patria.

En Santiago de Cuba vio la luz la excelsa mambisa, el 12 de julio de 1815, tierra que la vio crecer con una educación ética en el seno de la familia y también la vio elevarse en estoicismo, cuando con amor de madre y orgullo de patriota, entregó sus hijos a la causa libertaria.

Su grandeza no se circunscribe únicamente a que gestara y pariera una legión de héroes; su estatura se encumbra mucho más al instruir a sus descendientes para que fueran hombres y mujeres de bien, y forjar  artífices en la lucha por la independencia de la nación del colonialismo español.

Un patriota que la conoció  bien y admiró en los campamentos y escenarios de batallas, el mayor general José María Rodríguez Rodríguez (Mayía), enterado tarde de la triste noticia de su muerte, el 27 de noviembre de 1893 a los 85 años, subrayó meses después del suceso:

“Pobre Mariana, murió sin ver a su Cuba libre, pero murió como mueren los buenos, después de haber consagrado a su Patria todos sus servicios y la sangre de su esposo y de sus hijos. Pocas matronas producirá Cuba de tanto mérito, y ninguna de más virtudes.”

“¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como la raíz del alma…”, publicó José Martí en el periódico Patria, conmovido por su muerte.

Para Joel Mourlot Mercaderes, estudioso de la familia Maceo-Grajales, es Mariana madre excepcional de Cuba, la que parió, educó hijos virtuosos, y alcanzó la supervivencia a 11 vástagos en el ejercicio de las mejores cualidades humanas, un logro extraordinario que la sociedad debe justipreciar siempre.

Una de las cubanas que llevan con orgullo su nombre, Mariana Castillo Felicó, piensa que lo más importante es honrarla cada día, haciendo realidad su legado, para que las nuevas generaciones se formen con el espíritu de ella como patriota y ser humano, y en la formación y educación de sus hijos.

Hoy se le recuerda cuando, rebosante de alegría, les hizo jurar a sus hijos de rodillas libertar a la Patria o morir por ella, o cuando curaba a los heridos en los hospitales de campaña y arengaba a los convalecientes estimulándolos a que, una vez repuestos, regresaran con más brío al campo de batalla.

Huellas dejó en su vida ese cuarto de siglo en combate por la soberanía de Cuba desde la pequeña hacienda de Majaguabo, en San Luis, y el peregrinar de 10 años por la manigua redentora, sin un minuto de flaqueza, viviendo en cuevas y otros parajes similares, cruzando ríos, subiendo montañas, bajo la lluvia o el sol ardiente. 

Sobresale en las páginas de la historia su grito heroico de “fuera, fuera de aquí no aguanto lágrimas”, recreado por Navarro Luna en su poema, un mensaje que  retrata de cuerpo entero a esta mujer, inmortalizada por la forja de valientes y fieles soldados de la libertad, entre ellos hombres de la talla de Antonio y José Maceo.

Con capacidad para anteponer a sus sentimientos, los intereses de la nación, los anhelos de independencia de la tierra esclava, Mariana Grajales, es ejemplo excepcional de conducta humana desde el hogar en un medio y circunstancias muy hostiles, lo que ensancha su mérito. (ACN)

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