Mariana Grajales, vista por Martí

Por: Matilde Salas Servando
Publicado: 10/07/2018

Cuando se menciona el nombre de la santiaguera Mariana Grajales Coello, de inmediato la mente y el corazón van en busca del recuerdo de esa valerosa mujer, iniciadora de la estirpe familiar de los Maceo-Grajales.

Ella, como tantas otras cubanas de su generación y las posteriores, no dudó ni por un momento, en poner todas sus fuerzas y total apoyo al servicio de la causa redentora de la Patria cubana, para lograr despojarla de las cadenas a que estaba sometida junto a su pueblo, desde varios siglos atrás.

Para hablar de Mariana Grajales y describirla en toda su magnitud, es imprescindible valernos de la palabra autorizada de José Martí y para entonces saber exactamente cómo era de valerosa esa mujer, esposa, madre de héroes y heroína ella misma.

Su vigencia se multiplica en el ideario martiano, cuando el Maestro la retrata con hermosas palabras en el periódico Patria que él fundó, en la ciudad estadounidense de Nueva York, el 14 de marzo de 1892.

Poco antes de la desaparición física de Mariana Grajales, José Martí le hizo una corta visita en Jamaica, durante el período en que el que ella permaneció con una parte de su familia en el exilio, en Kingston, su capital.

Luego del fallecimiento de la patriota, el Apóstol se refiere a ella en el semanario importante órgano de prensa el 12 de diciembre de 1893 y dice: “Con su pañuelo de anciana a la cabeza, con los ojos de madre amorosa para el cubano desconocido, con fuego inextinguible, en la mirada y en el rostro todo, cuando se hablaba de las glorias de ayer, y de las esperanzas de hoy, vio Patria, hace poco tiempo, a la mujer de ochenta y cinco años que su pueblo entero, de ricos y pobres, de arrogantes y de humildes, de hijos de amo y de hijos de siervo, ha seguido a la tumba, a la tumba en tierra extraña. Murió en Jamaica el 27 de noviembre, Mariana Maceo”.

Martí amplió el relato sobre la patriota al señalar: “No hay corazón de Cuba que deje de sentir todo lo que debe a esa viejita querida, a esa viejita que le acariciaba a usted las manos con tanta ternura. La mente se le iba ya del mucho vivir, pero de vez en cuando se iluminaba aquel rostro enérgico, como si diera en él un rayo de sol (…) Su marido y dos hijos murieron peleando por Cuba, y todos sabemos que de los pechos de ella bebieron Antonio y José Maceo las cualidades que los colocaron a la vanguardia de los defensores de nuestras libertades.”

Sobre la combatiente por nuestra independencia, Mariana Grajales Coello, significó además el Maestro: “Por compasión a las almas de poca virtud, que se enojan y padecen del mérito de que no son capaces, y por el decoro de la grandeza más bella, en el silencio, sujetaremos aquí el elogio de la admirable mujer, hasta que el corazón, turbado hoy en la servidumbre, pueda, en la patria que ella no vio libre, dar con el relato de su vida, una página nueva a la epopeya.

¿Su marido, cuando caía por el honor de Cuba no la tuvo al lado? ¿No estuvo ella de pie, en la guerra entera, rodeada de sus hijos? ¿No animaba a sus compatriotas a pelear, y luego, cubanos o españoles, curaba a los heridos? ¿No fue, sangrándole los pies, por aquellas veredas, detrás de la camilla de su hijo moribundo, hecha de ramas de árbol? ¡Y si alguno temblaba, cuando iba a venirle al frente el enemigo de su país, veía a la madre de Maceo con su pañuelo a la cabeza, y se le acababa el temblor! ¿No vio a su hijo levantarse de la camilla adonde perecía de cinco heridas, y con una mano sobre las entrañas deshechas  y la otra en la victoria, echar monte abajo, con su escolta de agonía, a sus doscientos perseguidores? Y amaba, como los mejores de su vida, los tiempos de hambre y sed, en que cada hombre que llegaba a su puerta de yaguas, podía traerle la noticia de la muerte de uno de sus hijos. ¡Cómo, la última vez que la vio Patria contaba, arrebatando las palabras, los años de la guerra!

También su hijo, el Lugarteniente General Antonio, reconoció la grandeza patriótica de su madre en una carta que le envió a José Martí, donde expresa: “Ella, la madre que acabo de perder, me honra con su memoria de virtuosa matrona, y confirma y aumenta mi deber de combatir por el ideal que era el altar de su consagración divina en este mundo (…) A ella, pues, debo la consagración de este momento”.

A Mariana Grajales Coello, se le dignifica por sus magníficas cualidades como luchadora incansable por la libertad de Cuba. Ella fue una de las valerosas mujeres que en nuestro país han sido ejemplos a seguir, como combatientes y madres muy abnegadas.

Uno de los primeros monumentos erigidos a Mariana Grajales, para conocimiento y homenaje de las más jóvenes generaciones de cubanos a esa patriota, se instaló en el parque Medina, en la calle 23, entre C y D, en la barriada habanera de El Vedado, el que se que se inauguró el siete de diciembre de 1931, cuando se cumplía el aniversario 35 de la caída en combate de su hijo, el Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales.

La hermosa escultura, que destaca su grandeza, tiene en la parte frontal e inferior del monumento una inscripción, donde se lee: A Mariana Grajales, madre de los Maceo. El Pueblo de Cuba.

En su libro Apuntes Históricos de La Habana, el historiador Emilio Roig de Leuchsering, describe el enclave escultórico, cuando dice: “consta de un  basamento con una escalinata y jardinería, y una plataforma de la que se eleva el monumento; sobre un bloque de granito, en forma de pirámide, se alza un grupo escultórico de bronce. En el pedestal una tarja en relieve representa escenas de la lucha de Cuba por su independencia; bajo la tarja hay una pequeña fuente.

“El grupo escultórico representa a Mariana Grajales de pie, sosteniendo con uno de sus brazos a uno de sus hijos herido y señalándole, con el otro brazo, que ha de continuar la lucha por la Patria.

El artista habanero de la plástica Teodoro Ramos Blanco (1902-1972), es el autor de la obra de referencia, que se edificó en Roma, la capital italiana, con las donaciones recaudadas por suscripción popular. Con ese monumento él obtuvo el Primer Premio en el concurso convocado pro Monumento a Mariana Grajales, en el año 1928.

Este creador cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana y la Academia de San Alejandro, donde se graduó en 1928 con muy buenas notas. En este plantel obtuvo una plaza por oposición y luego alcanzó la categoría de Profesor Titular. Durante varios años se mantuvo en el ejercicio de la docencia y la labor creadora en este centro de educación

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