Mariana Grajales, su contribución a la identidad cultural cubana

Por: MSc. Graciela Pacheco
Publicado: 10/07/2018

En los últimos años se ha investigado, socializado y divulgado mucho la vida y labor revolucionaria de Mariana Grajales Cuello. Se ha hablado —pero no con la fuerza y enfoque que requiere el asunto— acerca de su contribución a la identidad cultural cubana.
La identidad cultural es un término que ha sido conceptualizado por numerosos investigadores e intelectuales y me parece bien el enunciado por Graziella Pogolotti, en su trabajo: “Desafío de la identidad”, quien la reconoce como conjunto de valores, y sobre la cual expresó: “[…] si hemos dicho que la identidad se hace en la lucha, la imagen de la identidad se reconoce a través de la historia de esa lucha. Pero en este caso la historia se […] concreta en las imágenes de nuestros héroes, en las leyendas que se tejen, en el anecdotario que va fluyendo, y que se va integrando al acervo cultural, a la memoria de todos nosotros”.

Es precisamente en la lucha y en la historia de esa lucha, donde Mariana trasciende, pues ella rompe con los cánones de su época — como muchas otras— pero con la singularidad de ser la protagonista de momentos cruciales de la vida de la familia y del proceso independentista cubano, en que su actuar realza su moral y su  profundo patriotismo.

De esos momentos el más recordado es el que marca la incorporación de los Maceo Grajales y los Regüeiferos a la guerra de los Diez Años. La historia nos llega a través del testimonio de María Cabrales Fernández, quien en su condición de viuda del mayor general Antonio Maceo, le escribe a Francisco de Paula Coronado, en San José, Costa Rica, el 6 de mayo de 1897 y cuenta lo ocurrido en aquellos años de inicios de las luchas por la independencia: “[…] la vieja Mariana, rebosando en alegría, entra en su cuarto, coge un crucifijo que tenía, y dice: de rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el
primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria ó morir por ella”.

Si bien se ha demostrado que cuando estalla el proceso independentista ya los Maceo estaban involucrados en las conspiraciones, es precisamente Mariana la protagonista de un acto en el que compromete moralmente a la familia. Es ella la que toma la iniciativa y el mando en un momento crucial en la historia y los hace comprometerse con el proceso revolucionario.

Estamos hablando de una mujer de 53 años, que se impone en el hogar con un rol de liderazgo, de manera que este momento marca definitivamente el actuar de los Maceo Grajales y los Regüeiferos en lo adelante; y la trascendencia de ese juramento fue tal, que cuando su esposo, el sargento Marcos Evangelista Maceo, es herido de gravedad en la acción de San Agustín de Aguarás, el 14 de mayo de 1869, este expresó: “He cumplido con Mariana”. De hecho esta frase
deja claro que Mariana fue rectora en la formación y conducta moral y patriótica de sus hijos e incluso de su esposo.

Es precisamente este suceso el que inicia el largo, firme y perseverante hacer de toda la familia por la independencia de Cuba. A partir de este juramento el padre y los hijos mayores se incorporan al Ejército Libertador, pero el resto de la familia, con Mariana al frente, se van al monte y allí permanecen los diez años de guerra, haciendo todo lo que esté a su alcance. Ella dio su contribución desde los hospitales de sangre y llevó consigo a sus hijos menores, aglutinando en esta tarea a los demás miembros de la familia, entre los que figuraba su hija mayor —María Baldomera, que también parte con sus dos hijos pequeños—, y sus nueras.

A pesar de sus años, de las dificultades que enfrentó en la manigua y la muerte de varios de los hijos y su esposo, se mantuvo firme, influyendo con su carácter y convicciones en el resto de las personas que la rodeaban para continuar la lucha. Sobre esto existe otro momento de la vida de Mariana que es muy  recordado, me refiero a la anécdota de José Martí que aparece en su artículo la Madre de los Maceo, cuando en ocasión de llevar a su hijo Antonio muy mal herido, ante el llanto de las otras mujeres exclamó “¡fuera, fuera faldas de aquí, no aguanto lágrimas! […]” y refiriéndose a su hijo Marcos, expresó “[…] ¡y tú empínate porque ya es hora de que te vayas al campamento!”. Efectivamente, el pequeño Marcos que había llegado a la manigua con solo ocho años, cumplió también —por convicción— con su madre, pues en momentos imprecisos se incorporó a la lucha y alcanzó el grado de teniente.

De todos los hijos de Mariana, 12 participaron en las gestas independentistas cubanas del siglo XIX, pues dos de ellos —Manuel Regüeiferos Grajales y María Dolores Maceo Grajales— mueren antes de iniciado el proceso insurreccional. De los hombres de la familia muchos ocuparon un lugar destacado en la oficialidad del Ejército Libertador:

• Antonio y José Maceo Grajales (mayores generales)
• Rafael Maceo (General de Brigada)
• Miguel y José Tomás Maceo (tenientes coroneles)
• Justo Germán Grajales (Capitán abanderado)
• Marcos Maceo Grajales (Teniente)
• Julio Maceo Grajales (Subteniente)
• Marcos Evangelista Maceo (Sargento)

Para Mariana, la Patria es lo primero y ella y su familia son soldados de la Libertad. José Martí, que valoró en alto grado la figura de Antonio Maceo, cuando conoce a Mariana en el exilio, corrobora sus altos valores morales, su patriotismo, la fuerza de su carácter y convicciones, que lo llevan a expresar que: “De la madre, más que del padre, viene el hijo, y es gran desdicha deber el cuerpo a gente floja o nula, a quien no se puede deber el alma; pero Maceo fue feliz, porque
vino de león y de leona […]”.

Resulta interesante preguntarnos ¿qué elementos hacen asegurar a Martí que Antonio recibe por herencia y formación, más elementos de Mariana que de Marcos? Significativa resulta esta afirmación si tenemos en cuenta que era, y aún es tradición en los hogares, que el varón reciba más influencia educativa y formativa del padre y no precisamente de la madre.

Si sabemos de las aptitudes, carácter y fortaleza moral de Antonio Maceo, importante resulta esa valoración martiana; de hecho está calificando a Mariana como una mujer fuerte, activa, que no se aparta ni se excluye de los procesos y situaciones, sino todo lo contrario, que se inmiscuye, que se siente con la fuerza moral y el derecho a opinar y hacer valer su criterio y su pensar; que los intereses de la Patria están por encima de los personales.
El Generalísimo Máximo Gómez también dejó escrita la impresión que le causa Mariana y las mujeres que la acompañaban, cuando después de la firma del Pacto del Zanjón visita a los Maceo Grajales, en la zona de Piloto y refiere en su Diario de Campaña: “[…] deseando ver a la familia del General nos dirigimos a sus ranchos […]. Fue una de esas noches tristes para mí metido entre todas aquellas mujeres tan patriotas, compañeras de nosotros en las montañas durante esa terrible lucha de diez años en donde tanto habíamos sufrido”.

Enrique Loynaz del Castillo nos dice que: “Solo Mariana Grajales, de quien gloriosamente puede decirse —como de Cornelia, la madre de los Gracos— que ella fué la madre de los Maceo, sólo aquella heroína se presenta con carácter distinto y majestuoso en la grandiosa epopeya”.

Si bien son valederas las anotaciones de Martí y de otros patriotas, no podemos olvidar las palabras de su hijo Antonio, que en respuesta a  la carta de pésame del Delegado, desde San José de Costa Rica, el 12 de enero de 1894, expresó: […] Ella, la madre que acabo de perderme honra con su memoria de virtuosa matrona, y confirma y aumenta mi deber de combatir por el ideal que era el altar de su consagración divina en este mundo […].

Son estas palabras —a mi consideración—, las que más resumen la valía de Mariana, su entrega al proceso independentista y su contribución a la identidad cultural cubana, pues salen de boca y del corazón de uno de sus más prominentes hijos, líder indiscutible de la Revolución y ejemplo de moral.

En esta frase Antonio Maceo no solo está declarando que su madre era una mujer virtuosa, honesta, justa, con una alta moral, sino además que la libertad de la Patria era su máxima aspiración y a ella se consagró, al dar su aporte al proceso independentista y al inculcar este ideal no solo a los miembros de su familia, sino también a quienes conoció o compartió instantes.

Hoy la recordamos con profundo orgullo no solo como la madre de los Maceo, sino también como una mujer que rompió las limitaciones que la época imponía a su género y se alzó como estandarte de la libertad, representante genuina de esa identidad cultural y nacional que se estaba gestando y que ha inspirado a muchas generaciones de patriotas. Nuestro pueblo, en especial sus mujeres, continúan su obra con elevado patriotismo y humanismo, poniendo en alto su
contribución a la formación de la nación cubana, por cuyos magnánimos méritos hoy la llamamos: “Madre de la Patria”, “Madre de los patriotas”, “Madre de los cubanos”, “Madre de héroes” entre otros muchos epítetos.

El destacado poeta, crítico, ensayista y novelista Cintio Vitier, en su libro Ese Sol del Mundo Moral, haciendo una valoración del papel de la mujer en las guerras de independencia expresó: “[…]El mayor fulgor en esta galería femenina, de la que forman parte inolvidable tantas guajiras anónimas que alimentaron, escondieron, curaron y sirvieron de enlaces y mensajeras a los héroes del 68 y el 95, lo ostenta sin duda la madre de los Maceo, Mariana Grajales […] protagonista de electrizantes escenas […]”.

Con certeza nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al crear el I Frente Oriental José Martí, no dudó de la capacidad combativa de las mujeres y promovió la creación de un pelotón femenino —en septiembre de 1958, en la Sierra Maestra— cuyo nombre no pudo ser otro que el de Mariana Grajales.
La Casa Memorial Vilma Espín Guillois, muestra una importante valoración de la destacada luchadora de la clandestinidad y la Sierra  Maestra sobre la excelsa mambisa, donde expresa: “Mariana Grajales representa la rebeldía y el patriotismo de la mujer cubana en todas las épocas… es difícil describir en toda su magnitud el carácter acerado, la firmeza, la bondad, el gigantesco espíritu de Mariana, su papel en nuestra historia, su ejemplo como forjadora de héroes.
Mariana es un símbolo y un ejemplo, es imagen, aliento y estímulo […]”.

En ocasión de la creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) —el 23 de agosto de 1960— Fidel expresó: “Nuestro país puede sentirse afortunado de muchas cosas, pero entre ellas, la primera de todas, por el magnífico pueblo que posee. Aquí no solo luchan los hombres; aquí, como los hombres, luchan las mujeres. Y no es nuevo, ya la historia nos hablaba de grandes mujeres en nuestras luchas por la independencia, y una de ellas las simboliza a todas: Mariana
Grajales”.

*Investigadora del Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales

Bibliografía
Academia de Historia de Cuba: Papeles de Maceo. Tomo II. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1998. Cupull Adys y González Froilán: Mariana. Raíz del alma cubana. Editora Política, La Habana, 1998.

Franco, José Luciano: Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida. Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975,
Gómez, Máximo: Diario de Campaña. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1968.

Martí Pérez, José: Obras Completas. Tomo IV. Editora de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Pogolotti, Graziella: Desafió de la identidad, en: Revolución y Cultura. La Habana, no.6, junio de 1985.

Sarabia, Nydia: Historia de una familia mambisa. Mariana Grajales. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006. Sociedad Cubana de Estudios históricos e Internacionales: Antonio Maceo. Ideología Política. Cartas y otros documentos. Volumen I y II. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998.
Vitier, Cintio: Ese Sol del Mundo Moral. Editorial Félix Varela, La Habana, 2006.

http://www.granma.cu/cuba/2015-07-10/mariana-grajales-sucontribucion-a-la-identidad-cultural-cubana (10- julio-2015)

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