Acoso sexual y discriminación, realidades de las japonesas

Por: Nara María Romero*
Publicado: 05/07/2018

Tokio.- El acoso sexual y la discriminación son grandes males que hoy aquejan a las mujeres en Japón, actos cada día complejos con víctimas más amordazadas por la vergüenza pública y familiar.

El toqueteo inapropiado de las pasajeras durante la hora pico en el transporte público o el solo hecho de asignarles tareas como servir el té en grandes compañías sin posibilidades de ascender profesionalmente, son algunos de los abusos sufridos por las féminas japonesas.

La abogada Reiko Nakamura, especialista en este tipo de casos, explicó que no existe una ley específica contra el acoso sexual a las mujeres en el trabajo y quienes entablan una demanda deben hacerlo por la legislación civil, un proceso que dura años en los juzgados y generalmente termina con acuerdos económicos.

Casos recientes de acoso sucedieron a puertas cerradas donde los perpetradores negaron las acusaciones en su contra y los jueces cuestionaron a las víctimas sobre por qué no escaparon de la habitación o pidieron ayuda, aseguró Nakamura.

Por esta razón, por temor a malos tratos en el entorno laboral y a perder sus empleos como represalia, son pocas las mujeres que se quejan con sus compañías en situaciones de ese tipo.

Las empresas japonesas no adoptan medidas disciplinarias frente a esos casos y argumentan en repetidas ocasiones que se trata de un problema personal entre las partes y específicamente de algunas trabajadoras.

Por su parte, el director general de la oficina del trabajo en Tokio, Masaomi Kaneko, considera que el acoso sexual en el ámbito laboral es una cuestión moral y no se pregunta por qué pasa o cómo evitarlo.

La maternidad, un periodo tormentoso para las mujeres japonesas

Aunque la decisión de formar una familia es el derecho de toda mujer en el mundo y que varios cuerpos legales establecen normas para protegerlo, el mata-hara es el nombre a la discriminación por maternidad que sufren las mujeres en Japón.

Una encuesta nacional reveló que una de cada cuatro mujeres trabajadoras entre 20 y 40 años embarazadas o madres fue víctima de ese tipo de acoso.

Según la ley nipona, los permisos por maternidad o paternidad son efectivos tanto para madres como para los padres, pero la realidad muestra a muy pocas compañías que apoyan a los hombres a tomar ese tiempo fuera de la oficina y consideran esas razones exclusivamente femeninas.

Una mujer embarazada puede tomar una licencia por maternidad durante un periodo de seis semanas antes del parto y ocho semanas después del mismo, además de recibir dos tercios de su sueldo en ese periodo.

Al concluir la licencia por maternidad, la madre tiene derecho a una licencia para cuidar de su hijo hasta el primer año de vida y de acogerse a otras disposiciones legales que ayudan su reincorporación laboral, entre ellas la posibilidad de que aquellas con hijos menores a tres años acorten hasta dos horas su jornada laboral.

A pesar de esos derechos, muchas mujeres temen que sus contratos laborales no sean renovados si toman la licencia por maternidad.

La compañía Rengo realizó una encuesta sobre el tema donde las mujeres argumentaron que existe una falta de entendimiento y cooperación por parte de sus colegas hombres en cuanto al embarazo y el parto.

Los empleados necesitan darse cuenta de que un ambiente de trabajo amigable con las mujeres beneficia a la sociedad japonesa, precisó el estudio.

#yotambién, UN RIESGO QUE ASUMEN LAS MUJERES JAPONESAS

La historia de Rika Shiiki dio la vuelta al mundo al ser acusada en las redes sociales de mentir y fue hostigada al revelar en un tuit que perdió contratos comerciales por negarse a mantener relaciones sexuales con sus clientes.

Shiiki, estudiante universitaria de 20 años y organizadora de eventos, dijo durante un programa televisivo en diciembre pasado que recibió cometarios muy negativos por sus declaraciones.

Debemos construir una sociedad en la que podamos hablar de esto, de lo contrario, el hostigamiento sexual y otras conductas inapropiadas van a continuar por siempre sentenció Shiiki.

El movimiento #yotambién que expuso a la luz pública miles de casos de abuso sexual no fue trascendental en Japón, país con una sociedad patriarcal donde las mujeres son responsabilizadas por esos hechos.

Mari Miura, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Sofía en Tokio, aseguró que no existe hermandad en esa nación y que las víctimas son reticentes a denunciarlo porque se enfrentan a un proceso agotador e intimidante.

A pesar de esa situación, la periodista Shiori Ito sacudió Japón en 2017 cuando convocó a una conferencia de prensa luego de que la fiscalía decidiera no llevar a juicio a Noriyuki Yamaguchi, reconocido colega del medio televisivo, acusado de violarla tras invitarla a cenar para hablar de oportunidades laborales en 2015.

Ito fue criticada duramente en las redes sociales por hacer pública su denuncia, vestirse de forma seductora y arruinar la vida de una figura pública. Algunas mujeres dijeron que las avergonzaba su comportamiento.

Yagamuchi negó las acusaciones en su contra ante tribunales civiles donde Ito lo demandó y exigió una compensación del equivalente a 93 mil dólares.

Sin embargo, legisladores de oposición lanzaron su propia investigación para comprobar si la denuncia fue ignorada por las conexiones de Yamaguchi con influyentes dirigentes políticos.

Por otra parte, la publicación en octubre pasado del libro de la periodista titulado 'Blackbox' donde detalló su pesadilla coincidió con el revuelo generado por el movimiento #yotambién y alentó un debate en Japón, pero muy pocas mujeres decidieron hablar.

Al respecto la abogada Yukiko Tsunoda, experta en delitos sexuales, comentó que mucha gente piensa que el problema de Ito no les incumbe y es la razón por la que #yotambién no trascendió en el archipiélago japonés.

Un estudio del gobierno en 2015 reveló que tres cuartos de las víctimas de violaciones dicen que nunca se lo contaron a nadie y apenas un cuatro por ciento denunció el hecho en la policía, comentó Tsunoda.

Agregó esa investigación que una de cada 15 mujeres fue violada o forzada a mantener relaciones sexuales.

Las víctimas son reticentes a denunciar la violación porque quieren resguardar su privacidad o por temor a perder sus trabajos, aseguró Tsunoda.

Por otra parte, estadísticas del ministerio de Justicia japonés señalan que uno de cada tres casos llega a los tribunales y que los castigos no son severos.

De las mil 687 personas enjuiciadas por delitos sexuales en el 2017 solo 285, un 17 por ciento, fueron sentenciadas al menos tres años de cárcel.

Acoso sexual y discriminación contra las mujeres, grandes males presentes en la sociedad japonesa que serán erradicados con el cambio en la cultura machista de la sociedad, cuerpos legales para proteger a las víctimas y la valentía de aquellas que no teman al escarnio familiar y público al denunciarlos. (PL)

*Periodista Redacción Asia y Oceanía Prensa Latina

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