Kenia Ortiz, una mujer con muchas vidas

Por: Alejandro Rojas
Publicado: 12/04/2018

Kenia Ortiz es una mujer que cree en las energías que circulan por el mundo, quizás por eso es que emana esa vibra, buena vibra debo decir. Con una sonrisa en todo momento y dispuesta a adaptarse a los tiempos que corren, esta radialista apasionada por definición valora mucho el poder del trabajo y no cree en imposibles a la hora de perseguir sus sueños.

Desde un principio, con solo mirarla, uno descubre su amor por la radio, y es que desde que comenzó, con solo 18 años y un curso que ella describe como rapidísimo, encontró la magia detrás de los micrófonos y la hizo suya.

“En los tiempos que comenzaba se habían ido muchas personalidades del medio para el exterior y había necesidad de nuevas incorporaciones, yo tuve la suerte de ser llamada a pesar de ser laboratorista, porque soy graduada con título de oro en esa especialidad. Pero como estaba muy motivada por el arte, por la conducción, pues siempre hacía las actividades culturales en Santiago de Cuba, que es mi provincia natal, me captaron durante una actividad del sindicato y me dijeron que me presentara, que debía pasar una prueba y así lo hice, fui rápido a la convocatoria y hoy puedo decir que fue una oportunidad bajada del cielo para mí. A tan solo tres o cuatro meses ya estaba transmitiendo en vivo, por supuesto haciendo pequeñas cosas como dar la hora e incursionando en los programas nocturnos donde la responsabilidad no era tan fuerte como en los diurnos, pero igual me metí a fondo en eso”.

“Estudié autodidacta, tuve muchas personas que quisieron ayudarme y entré en la radio por la puerta ancha: como locutora, presentadora. Este medio me fascinaba de siempre y en aquel tiempo ni dormía pensando en los libretos, estudiándolos, casi los memorizaba con miedo, como no tenía una cultura apropiada a tan corta edad para hacer la locución, porque como quiera siempre hay que tener un acervo cultural, una buena dicción, entonces me esforcé grandemente y al año yo tenía programas favoritos, programas de mucha pegada en Radio Revolución de Santiago de Cuba”.

“Desde esos primeros momentos me fascinó la vida de la radio, lo he visto siempre como algo mágico, como un lugar en el que hay que entregarse a fondo a través de la imaginación y la expresión oral, un lugar donde más que tener palabras para comunicar hay que tener espiritualidad, transmitir estados anímicos”.

“A partir de ahí me interese por profundizar en las técnicas, en prepararme y por siempre la radio ha constituido en mí una de las primeras actividades, la primordial, la esencial para mi vida. No quiero decir que no me gusta la televisión, la hago y soy llamada a menudo para trabajar en ella, pero siempre me tienen que decir ´no estás en la radio, recuerda´, porque me voy, ese es mi mundo e inconscientemente me desplazo hacia allí. Es un lugar que he conquistado en mi mente y me encanta”.

A pesar de haber entrado como conductora, muy pronto comenzó a desdoblarse en múltiples caracterizaciones, múltiples personalidades.

“La mayoría de los actores entrevistados en muchas ocasiones expresan que la verdadera escuela de los medios es la radio, porque en ella tienes que trabajar sin escenografías, sin maquillaje, solamente con las premisas que te da el director y tu creación personal, para mí este medio es un trance espiritual, yo toda la vida me preparé así, como para entrar a un trance”.

 “En el día, a veces, tenía ocho o nueve personajes diferentes: una loca, una niña, una madre, una doctora, una mujer soldado, una asesina… En el teatro haces ese trabajo en seis meses o un año, preparas uno de esos personajes, lo memorizas, lo interiorizas y caes en ese trance, en la televisión tienes un poco menos de tiempo, pero tienes la escenografía, el vestuario, el maquillaje y todo eso respalda tu personaje, pero entonces en la radio tienes que cargarlo encima desde que entras al estudio, y tienes una hora y treinta para ser esa persona, sin embargo, en solo cinco minutos que demora el cambio de un programa a otro tienes que salir de esa piel y entrar en otra. Eso es mental, psíquico, emocional, puedo decir que es indescriptible, yo me emociono de pensarlo”.

“Te cuento una pequeña anécdota, cuando estaba casada, mi esposo que fue un hombre inteligente en muchos aspectos de nuestro matrimonio, me decía a veces ´ok voy a ser comprensivo, ahora en este momento me está hablando la oficial de contrainteligencia´ o ´ahora en este momento me está hablando la loca de la novela´ y él tenía mucha comprensión. Obviamente eso me sacaba del lugar donde estaba y yo reflexionaba, mi conducta era inapropiada para la casa porque lo lógico es que cuando salga del estudio deje la piel de los personajes allí, eso es muy difícil al principio, después se vuelve una técnica, es como depurarse”.

Aunque ha habitado muchos espíritus, hay algunos que Kenia recuerda con mucho amor, por eso llegado este punto de la conversación nos dice que “yo he vivido muchas vidas, quiero llamarlo así, y por eso agradezco mucho a Dios, porque eso ha conformado mi mundo espiritual, mi crecimiento personal”.

 “Una de las caracterizaciones que marcó mi carrera fue Fermina Dasa, en El amor en los tiempos del cólera. Es paradigmática hasta para mi vida. Otro de los personajes fue Perpetua, una mujer africana que pasó por situaciones y circunstancias tan difíciles desde los primeros momentos de su vida que me marcaron. Te estoy hablando de personajes que hice cuando tenía veintitantos o 30 años y ya voy a cumplir casi 70”.

“Sin embargo, si tengo que escoger uno sería Artemisia de la novela El corazón del color, hecha por Georgina Granda y dirigida por Héctor Pérez. Fue una novela impresionante, que me aportó emociones que yo nunca había sentido y me hizo experimentar a la mujer que yo quiero ser siempre, y a la mujer que me gustaría que fueran todas en el mundo: grandes, poderosas, empoderadas, que puedan lidiar con las dificultades en todo momento. Yo creo que Artemisia en el momento que llegó a mí me transformó, me hizo creer que a partir de ese instante yo sería y haría nada más personajes que tuvieran ese poder, esa fuerza, era trágica, pero a la vez era heroica, su vida fue épica y no desde la guerra, sino desde el ámbito personal, en la lucha contra la sociedad, contra los tiempos”.

Aunque no ha tenido la oportunidad de hacer un personaje grande en la televisión, Kenia se siente muy contenta con los roles que ha interpretado “porque por ese trabajo que regularmente tengo en la radio, la pantalla chica no ha podido ofrecerme un personaje de continuidad, largo, protagónico, yo no puedo perderme de las emisoras para hacer la televisión. No obstante, sí desde mis primeros tiempos en lo que fue Tele Rebelde en Santiago de Cuba tuve muchas buenas interpretaciones en vivo, porque cuando aquello la televisión se hacía en vivo. Uno de los personajes que me gustó mucho fue Tilín Tilón, que era un payaso de un programa de títeres y yo le ponía la voz. Este era un personaje que gustaba mucho en la región, era un muñequito que tenía una incidencia muy grande en los niños, puedo decir que los hacía cambiar de idea, los mejoraba, cambiaba la forma en que actuaban en su vida”.

 “Ya más para acá la caracterización que más me ha gustado es Petra de la novela Al compás del son, porque fue un personaje inspirado. Era una mujer que se parecía a mi mamá, era una mujer rígida para los tiempos que vivíamos, moralista, recatada, severa, honesta, dulce y lo dediqué a mi madre, fue una experiencia lindísima. Hoy día cada vez que veo un capítulo lo disfruto muchísimo, entre otras cosas, porque interactué con personas como el ya fallecido Raúl Pomares, un actor de mucha fuerza que hizo de mi esposo y me ayudó a salir airosa, también con la fallecida Asenneh Rodríguez, que fue mi hermana en la novela y que me calzaba en el set”.

“Puedo decir, con orgullo, de que siempre en la tv he tenido la honra de trabajar con personas de tremenda experiencia y agradezco muchísimo su poder de enseñarme, de ayudarme, de apoyarme, porque los actores de la radio estamos muy metidos en la técnica de la locución y la televisión tiene otra manera de expresarse. Siempre fue bueno encontrarme con Coralia Veloz, con todos los actores y actrices experimentados y sin desdorar a todos los jóvenes que trabajaron conmigo: Rachel Pastor, Yoraisi Gómez, que me ayudaron muchísimo a disfrutar ese medio. Petra oficialmente es el personaje que más me ha marcado en la pantalla chica”.

Una mujer como Kenia siempre hace referencias a su familia, las trae a colación cada vez que puede, por eso es irresistible preguntarle por esos comienzos de su vida, y para ella es imposible dejar de entrever una lágrima, de añoranza, de amor, de dolor.

“Yo puedo decir que, a pesar de que viví tiempos muy duros en mi vida y difíciles, porque nací en el año 1949, antes del triunfo de la revolución, momentos cargado de miserias, de contratiempos, mi madre parió 20 veces y nosotros éramos muchos, no había trabajo, nos dedicábamos al corte de caña, a virar paja, todo lo que se refiere a la zafra y también a la cosecha de café. Desde muy temprana edad, yo creo que con tres o cuatro años de edad, todos mis hermanos trabajamos y mi infancia transcurrió como niña trabajadora, una adulta consiente, pero aun así fue mágica, porque mi mamá era una mujer extraordinaria, era muy dulce y espiritual y nos supo preparar para la vida”.

“Creo que su mayor enseñanza siempre fue que los sueños era importante seguirlos y a cada uno de nosotros siempre nos lo hizo ver. Esa lección fue la que nos llevó a vivir con esperanza. La que hoy sostiene mi vida es ella, porque siempre desde su perspectiva nos ayudó mucho. A pesar de las dificultades crecimos, encontramos nuestro camino, no nos quedamos ahí en ese mundo de miseria y escases, aprovechamos las oportunidades, de manera que te puedo decir que mi infancia fue dura pero bonita, porque fui muy bien criada”.

 “Recuerdo de pequeña que mi mamá escuchaba la radio, de una manera difícil en aquel tiempo, y yo soñaba con que un día yo pudiera ser uno de esos personajes y lo veía imposible, pero soñaba, de manera que cuando me vi por primera vez en un estudio de radio me parecía que había muerto y estaba teniendo una experiencia espiritual”.

Tan profunda fue la enseñanza de su madre que hoy esta mujer sigue luchando por sus sueños y muchos de ellos le han valido los máximos lauros de nuestro país.

“Tengo la dicha de que uno de los primeros premios de mi vida fue un Caricato con un teatro escrito para jóvenes sobre la literatura rusa. Con ese teatro no solo me gané ese galardón, sino también un viaje a Checoslovaquia. Obtuve también el reconocimiento de la Asociación Hermanos Saíz como La voz de Cuba, me sentí muy privilegiada”.

“El segundo premio fue ya en La Habana con Héctor Pérez, y fue un homenaje compartido con Cruz Pérez. El tercer premio recuerdo que estaba viviendo momentos muy intensos, me había dado una isquemia y fue la preparación de ese personaje me costó mucho, por eso lo recuerdo con mucho cariño”.

“Y el último que fue en el año 2014, con La seca ha terminado, también ex aequo con Maricarmen Morera, esta vez se lo debemos a un teatro de Joaquín Cuartas y fue una experiencia extraordinaria. Nosotras dos éramos hermanas que pasábamos por una experiencia terrible y vivimos tan intensamente la preparación que le dijimos al director ´no podemos ensayar´, era demasiado fuerte, nos subió la presión en el estudio porque las dos somos ya adultas e hicimos el teatro sin ensayos, desde el primer momento hasta el final, fue desgarrador, pero estoy muy orgullosa de ello”.

Ahora la vida la ha llevado a otro campo, el de la escritura, con una novela ya terminada, Kenia nos cuenta que “la historia de mi familia ha sido azarosa, difícil, mi mamá y mi abuela son mis paradigmas de mujeres, yo soy quien soy a través de ellas, incluso después de muertas me siguen retando a luchar, a vencer, a lograr éxitos. Yo fui analfabeta prácticamente hasta que triunfó la Revolución, y fue una vida tan difícil y rica que quería homenajearlas, y quería contar la historia porque vale la pena contarla, porque los jóvenes, o los que nacieron después del 1959 han tenido dificultades, pero nunca como las que vivimos nosotros”.

“Te puedo decir que es una novela de amor, con todos los ingredientes: la tragedia, la espiritualidad, la belleza, la magia, la dulzura y ya la he terminado, se llama Nacida del fuego, como pienso que fueron mi mama y mi abuela, y creo que si logro editarla y terminar el proceso, porque no soy escritora, va a ser publicada. Estoy casi segura. No pretendo que se lleve a la radio, o a la televisión, pero quiero que quede en papeles. Es una historia de autoayuda, porque habla de la capacidad del trabajo y, además, es un homenaje también a todas las mujeres que no fueron emancipadas, que fueron explotadas en todos los ámbitos: sexualmente, económicamente, moralmente, que fueron mujeres discriminadas”.

La agencia Actuar para Kenia Ortiz no es un centro de trabajo, de afiliación, para Kenia Ortiz esa es otra casa, y sin que yo le pregunte lo saca a colación, “particularmente tengo un vínculo muy poderoso con Actuar, siempre fui miembro de la agencia, desde Santiago. Puedo decir que fui fundadora porque desde un principio pertenezco a su catálogo. Mi vínculo con ella es tan grande que yo digo que es mi segundo hogar. Pertenezco al consejo artístico, pertenezco al consejo de personas que hacen aportes acerca de los proyectos. Cualquier cosa de la agencia me duele y me motiva. Todos mis logros se los debo a ella, nunca he sido una actriz independiente, la quiero mucho y siento que soy querida por ella, lo que he logrado, en parte, se lo debo”.

Aunque la conversación iba ganando en intensidad preferimos dejarlo off the record, disfrutar el buen café cubano y entrar, como todo isleño hace siempre, en los temas que nos ocupan hoy día, en los cambios que estamos experimentando como nación, en la necesidad de adaptarnos a los momentos que corren.

Tomado de Radio Rebelde

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