Isa, en el camino nos encontraremos

Por: Cristina P. Fraga
Publicado: 12/03/2018

 

Madrid, 04 mar. 18. AmecoPress.- El pasado domingo Isa se ha ido a descansar: lo necesitaba. Tenía que parar. Estuvo trabajando y batallando hasta el último aliento, seguro que fue así. Estaba en todo su derecho de hacer lo que le viniera en gana.

No estaba hecha de carne y hueso como las demás personas. Era sobrenatural, especial, única en su “propio género”. Transcendía sobre la naturaleza humana, era incansable al desaliento y no se le interponía nada ni nadie por delante.  Ella que tanto se había interesado por el género era una transgénero de libro.

Las “malas lenguas” dicen que tenía una enfermedad congénita, pero es mentira. ¿Existe alguien que no tenga una enfermedad congénita? Era la persona más habilidosa que me he echado a la cara. Físicamente podría haberle echado un pulso y vencido al gigante Goliat. No paraba la pata las 24 horas del día.

¿Qué enfermedad tenía? Acaso estaba loca, o quizás era tonta de remate, o no era capaz de llegar a lo alto de aquel monte (las malas lenguas dicen que contra todos los pronósticos escaló el pico más alto de Cuba, El Turquino) o puede ser que fuera una extraterrestre venida de otro planeta.

La afección que tenía diagnosticada era la del sentido del humor; ese sentido que remite a la higiene mental que tiene una persona para poner su atención en el lugar que le hace sentirse bien y no en la preocupación.

No era ignorancia de las cosas o distorsión de la realidad. Por el contrario reconocía la realidad para aprender a desdramatizarla. Era optimista por naturaleza y aplicaba el pensamiento positivo como forma de filosofía de vida. El humor como una afirmación de la dignidad, una declaración de supremacía del ser humano sobre lo que acontece.

 

Recuerdo esos viajes de Bilbao a Madrid, hablando de lo divino y lo humano, comiendo y riéndonos de nosotras mismas. Y esos deliciosos paseos por Madrid en los que cargábamos las pilas con una inteligente conversación y unas cuantas viandas y copetazos.

 

Y También evoco con nostalgia nuestros viajes a la Habana para asistir en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí a esos talleres y Diplomaturas, que con su continuo afán formativo organizaba y que concitaban la asistencia de todas sus discípulas incondicionales, entre las que me encuentro.

Y además tenía un lema de vida: “Lo primero la bondad, después el talento y se acabó el cuento”. Era, en el buen sentido de la palabra, buena.

Combinó su carácter conciliador y la fidelidad a sus principios siempre respetando el trabajo de las demás y su dedicación.  La empatía y sororidad la inventó ella.

Si me dijeran pide un sólo deseo,  yo pediría hablar con Isa, escuchar a Isa, echar unas risas con Isa, aprender de Isa. Siempre mi corazón hablará, escuchará, reirá y aprenderá de Isa. Te he querido, te quiero y te querré siempre, y no te olvidaré en los años que me quedan por vivir.

Por último Isa, estoy segura, que como a mí ya no me queda mucho trecho y tenemos que hablar y reírnos todavía de muchas cosas: “En el camino nos encontraremos”.

Opinión. 07 mar. 18 Madrid.

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