Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 22 al 28 de febrero/ 2018
Revista mujeres
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Explosiones de violencia

Publicado: 09/02/2018

“Jessica, amor, devuelve la muñeca a la niña que ya se tiene que ir”, le dijo la madre a la pequeña, alrededor de seis años, quien tirando del muñeco, ser parapetó detrás de un mueble y orquestó tremenda perreta.

No hubo forma de que se controlara. Ruegos, peticiones, amenazas de nalgadas y anuncios de que le iban comprar otra más bonita, cayeron en saco roto. La otra niña se fue con su mamá y ella se quedó con la muñeca que quedaron en devolvérsela tan pronto se olvidara de ella.

Podríamos referirnos a las perretas o rabietas como explosiones de  violencia frecuente en los primeros años de vida. En esa etapa se comprenden porque el niño carece de medios diferenciados de expresión, pero ¡cuidado!, si el proceso del berrinche se prolonga es preciso intervenir buscando los motivos y los casos más difíciles se llevaran al sicólogo, si es necesario.

 Los berrinches y rabietas son parte normal del desarrollo del menor, conforme aprende a auto controlarse. De hecho, entre los dos y tres años casi todos los niños presentan esos arrebatos cuando se sienten frustrados, enojados o decepcionados y lo expresan orquestando una pataleta. Esta conducta puede ser prevenida si conocemos la causa que la origina o adoptamos las medidas correctas cuando se produce. Como estrategia, debemos ignorarlos.

Las perretas suelen ser frecuentes en los niños de poca edad, porque están aprendiendo muchas cosas acerca de su mundo y se muestran ansiosos de tomar el control. Los especialistas denominan a estas manifestaciones de furor, como trastornos mono sintomáticos. Es decir, con un síntoma único, o un grupo de síntomas probados que no son parte de una enfermedad clasificable más específicamente.

 Ligada al desarrollo infantil, la perreta aparece en una etapa y desaparece en otra. Los niños precisan de la orientación y guía de sus progenitores. Aquellos padres que por un falso concepto de la autoridad, le permiten todo o le prohíben todo al hijo, contribuyen a su malcriadez, puesto que los berrinches son la manera en que los niños dejan salir la presión cuando están muy contrariados, pero también cuando comprenden que con sus gritos logran sus deseos.

A los niños pequeños les es difícil controlar las emociones fuertes y gritan, patalean, retuercen el cuerpo. Los mayores, además, golpean objetos y se dan golpes ellos mismos. Como dijimos, es un comportamiento normal hasta los cuatro años, lo cual no implica que el infante deba lograr lo que pide a través de la rabieta.

Mantenernos firmes y serenos ante sus contrariedades, restarle importancia, es la forma más adecuada de solucionar el berrinche infantil. Calmarlo y tratar de que entre en razones, resulta inútil. Tampoco es aconsejable  responder con ira cuando el infante es presa de una perreta. Ya aplacado, trátelo cariñosamente, como si nada hubiera pasado. El problema debe superarse, corrigiendo la causa y, según la edad, se podrá tratar de hacerlo razonar respecto a su conducta. Si lo que pide no es muy irracional, considere permitirlo, sin que ello signifique acceder ante cualquier pataleo, pues el niño utilizará siempre este mecanismo para conseguir sus fines.

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