¿Cómo romper el techo de cristal?

Por: Sara Más
Publicado: 21/02/2018

Estereotipos y prácticas patriarcales frenan el ascenso y desarrollo pleno de las mujeres

Por cuestiones culturales y brechas de desigualdad, cuando una mujer decide asumir su carrera profesional y ascender en la jerarquía organizacional, se aventura también a una carrera de obstáculos y trabas no legisladas, pero que dificultan su camino.

Así explica Marian Rodríguez Arango, estudiante de cuarto año de la carrera de Psicología, en la Universidad de La Habana, el invisible “techo de cristal” que muchas veces frena el desempeño de las mujeres, un tema que estuvo a debate durante una de las sesiones del Coloquio Internacional Mujeres y familias en la historia y cultura de América Latina y el Caribe, organizado por el Programa de Estudios de la Mujer de Casa de las Américas, del 19 al 23 de febrero.

Entre los obstáculos que hacen más difícil la el desempeño femenino y la llegada de las mujeres a cargos decisorios y de dirección, Rodríguez Arango mencionó los estereotipos que las hacen a ellas no elegibles frente a los hombres.

Cuando toca valorar para un puesto a un hombre y a una mujer, ellas pueden ser los referentes menos aceptados por una valoración que tiene en cuenta sus roles de cuidadores familiares y del hogar.

“De cierta forma, se piensa que hay muchas posibilidades de que la mujer rinda menos que el hombre, quien puede concentrarse enteramente en el trabajo”, expuso como ejemplo de este tipo de valoraciones que las minimizan y las excluyen a ellas, sobre la base de una sobrecarga real que tienen todavía en la familia y la sociedad.

Esas etiquetas y diferencias se inculcan y aprenden desde temprano en la crianza y educación familiar, agregó la joven, quien ha investigado el tema junto a su compañera de estudios Glorianna Rodríguez Chávez.

En exploraciones hechas por las jóvenes, constataron que un grupo de empresarias cubanas reconocían la política de inclusión que las beneficia para su desempeño profesional, pero a la vez sentían su subjetividad fragmentada, al estar lidiando con dos ámbitos con reglas de funcionamiento completamente distintas: el laboral y el doméstico.

“Al no poder cumplir con las demandas de ambos, se sentían como mujeres fallidas y experimentaban baja autoestima”, describió  Rodríguez Arango.

Esa misma indagación entre mujeres académicas arrojó que estas vivían tratando de mantener el equilibrio ente los dos espacios, algo que las llevaba a una casi obsesiva organización del día para poder cumplir con los dos ámbitos.

“Tampoco tenían mucha consciencia del antagonismo que viven y lo perciben más bien como algo que les ha tocado hacer”, precisó la joven.

“Cuando la familia no se constituye en un punto de red de apoyo, se convierte en todo lo contrario: sobrecarga laboral para las mujeres, dentro y fuera de la casa”, sostuvo Rodríguez Arango, partidaria de socializar más estos temas para reconocerlos y promover una mejor conciliación laboral y familiar.

Aunque no se trata solo de un tema subjetivo y cultural. Otro escollo está en el esquema laboral de las organizaciones, “diseñadas para trabajar los siete días de la semana, las 24 horas”, en divorcio con las dinámicas familiares y de vida fuera del mercado laboral.

Entonces, las llamadas por Rodríguez Chávez “mujeres puntales”, que sostienen también el techo familiar, terminan sobremanera exigidas, dentro y fuera del hogar.

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