Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 11 al 17 de enero/ 2018
Revista mujeres
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Una decisión heroica

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 12/01/2018

Quemar su propia ciudad, ver arder la casa donde se vive, sus plazas y entorno, debió de haber sido para los bayameses, aparte de un acto de penoso sacrificio, una decisión heroica.

En la madrugada del 12 de enero de 1869, inmensas llamaradas y columnas de humo arrasaban a Bayamo. Sólo cuatro días después, pudo Blas Villate, Conde de Valmaseda, jefe de operaciones del ejército español en el territorio, caminar por las calles aún humeantes de la aguerrida ciudad.

¿Dónde estaban las casi dos mil familias que habitaban ese pueblo? La tradición de rebeldía y libertad de los bayameses, capaces de quemar su ciudad antes de entregarla al enemigo, demostró a España y al mundo entero el heroísmo y abnegación de los revolucionarios cubanos. Familias enteras, como la de Canducha Figueredo marcharon hacia la manigua. Los bayameses acomodados, y los pobres; las mujeres, los ancianos y los niños, todos destruyeron sus hogares y cambiaron su comodidad, bienestar y tranquilidad por las incomodidades, el hambre y la muerte en los campos insurrectos, en aras de un ideal patriótico.

Unos pocos meses atrás, la llama de la insurrección flameaba ardorosa en los corazones de los patriotas cubanos, lanzados a la manigua tras el llamado a la guerra del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.

Había transcurrido sólo una semana desde el alzamiento del 10 de octubre de 1868, cuando el Ejército Libertador decidió tomar la importante plaza de Bayamo, en la oriental provincia de Granma, en la que varios centenares de soldados españoles estaban bien atrincherados. El combate se extendió por las calles de la ciudad, donde los españoles habían formado barricadas. La entrada de los insurrectos en Bayamo estuvo llena de entusiasmo y fervor patriótico.

Una joven de singular belleza, con un gorro frigio y una franja tricolor portaba la bandera, confeccionada con amor por otras manos de mujeres. Se llamaba Candelaria Figueredo (Canducha) y era la hija de Perucho Figueredo, el autor de nuestro glorioso Himno Nacional.

La proclamación de Candelaria Figueredo Vázquez como abanderada de la División Bayamesa llenó de alegría a la tropa. Tenía Canducha sólo 16 años, pero ya sabía del dolor de la esclavitud y de los anhelos libertarios. En sus apuntes autobiográficos Canducha describía su atiendo de aquel día: Se componía mi traje de un vestido de amazona blanco, con un gorro frigio punzó y una banda tricolor y mi bandera. Y afirmaba: Nunca una joven que por primera vez va a una  fiesta estaba tan alegre y satisfecha como yo en aquellos momentos.

Durante varios meses Bayamo fue la capital de la Cuba independiente. Asediada por fuerzas colonialistas superiores en armas y hombres y comprender que la pérdida de su ciudad era inevitable, el pueblo decidió quemarla antes de entregarla a los españoles. Bayamo ardió, como gloriosa antorcha que simbolizaba la decisión de los cubanos de ser libres.

Después del incendio de la hoy capital de la provincia Granma, la Coronela Abanderada Canducha Figueredo, nombrada así por Céspedes, se lanzó a la manigua junto a los suyos. Apresado su padre, la madre y otros familiares, Canducha logró escapar hasta que finalmente fue capturada, el 15 de julio de 1871. Desterrada a los Estados Unidos, conoció en Nueva York del fusilamiento de su padre. Desde el exilio continuó  su constante batallar por la independencia.

 

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