Autoridad sin coherencia

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 04/01/2018

“Mami, déjame jugar en la calle”. “Pídele permiso a tu padre”. “Él me dijo que te lo pidiera a ti”. Como pueden apreciar uno y otro progenitor se quitan la responsabilidad de encima, con el consiguiente menoscabo a la autoridad familiar. A la larga, el muchacho hará lo que le venga en ganas y hasta dejará de pedir aprobación.

Existen formas de autoridad familiar que se diferencian. Son tendencias que se contraponen en sus resultados. Una tiende al autoritarismo desmedido y otra a la excesiva sobreprotección. Ambas matan la iniciativa y el sentido de autodeterminación del niño o niña, quien siempre cuenta con alguien que piensa y decide por el infante.

Los padres muy dominantes tratan de dirigir cada acción del hijo o hija para no perder un ápice de su voluntad sobre el chico o la chica; los sobreprotectores se desviven por resolverles las dificultades, empeñados en hacerles expedito el camino y evitarle toda mortificación. Unos y otros interfieren el desarrollo de la personalidad infantil, necesitada de aprender a auto valerse frente a los problemas que forzosamente les son planteados en el entorno extra familiar.

La autoridad paterna se basa en los criterios unánimes del padre y de la madre. Si alguno de ellos discrepa en la forma de educar a los hijos, lo discutirán privadamente con el fin de llegar a una conclusión juiciosa que será la pauta a seguir parta toda la familia, pero si por el contrario, ninguno se  pone de acuerdo en cuanto a medidas, límites y castigos a obedecer y tiran por su cuenta, echando a pique las reflexiones y advertencias difundidas con anterioridad por el padre o la madre, el resultado será desastroso.

Algunos padres tratan de ganar autoridad apoyándose sobre bases falsas. Piensan que la potestad se limita a la obediencia y descartan otros factores. Pero un mando estructurado en lo artificial, dura poco y no ayuda a lograr el objetivo previsto. Los expertos aseguran que hay muchas formas de falsa autoridad, una de ellas se refiere a los padres que gritan, regañan, castigan e insultan a sus hijos por cualquier insignificancia e imponen una atribución represiva que se irradia sobre la familia, y hace que el niño mienta y se mantenga lejos del padre castigador.

Lo contrario es el amor desbalanceado, sustentado en excesos de indulgencia y complacencia con el interés de que obedezca. Al final, el muchacho maneja ese “sentimentalismo” que le permite dar rienda a sus malacrianzas y hacer lo que quiere.

Nada resquebraja más la moral infantil que la falta de coherencia en las orientaciones. Si unos tratan de dirigir al menor de cierta manera y otras en la familia obran contrariamente, acabara no obedeciendo a nadie y haciendo su santa voluntad.

La falta de consistencia en las normas de conducta familiares es de un efecto desastroso para la receptividad del pequeño ser. Algunos padres, particularmente los sobreprotectores, carecen de firmeza a la hora de imponer la disciplina. Hoy les permiten a los hijos lo que ayer le prohibieron, o ponen y quitan castigos sin ninguna fundamentación. En estos casos, salta a la vista la importancia de la coherencia y la estabilidad en las reglas del orden familiar, en lo permitido y lo prohibido.

En la medida en que los niños crecen, se precisa modificar los métodos encaminados a guiar su conducta, ofreciéndoles las herramientas necesarias para su futuro enfrentamiento a la vida, pero sin perder la perspectiva de la responsabilidad que ello entraña.

La realidad tiene leyes que el niño, niña o adolescente debe aceptar, aun a riesgo de sufrir decepciones. Esto lo llevara a una definición paulatina de las demarcaciones y de acato a las enseñanzas respaldadas, por el ejemplo familiar, lo que le proveerá un aval de valoraciones y principios éticos y sólidos.

De hecho, estará consciente de que hay regulaciones e impedimentos que tiene que aceptar, aunque haya cuestiones que queden fuera de su comprensión. Sabrá entonces que sus padres y demás familiares no lo pierden de vista, que disciplinan sus acciones y posibles consecuencias. Con el tiempo sabrá valorarlo.

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