Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 7 al 13 de diciembre de 2017
Revista mujeres
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Crianza positiva, mito o realidad

Por: Zulema Tanquero Herrera
Publicado: 05/12/2017

En ocasión de celebrarse la jornada por la NO violencia de género hacia las mujeres y las niñas se impone hacer referencia a una de las herramientas disponibles para erradicar la violencia en el ámbito familiar, la crianza positiva.

Este concepto es abordado por Lisy Alina Jorge Méndez, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana quien junto a Ivonne Pérez Gutiérrez, también profesora de la propia facultad y Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba imparten numerosos talleres sobre el tema y las herramientas procesales para combatir la violencia de género.

Una de las premisas fundamentales de la propuesta es decir no al castigo físico pues genera violencia en lugar de prevenirla. Optar por la crianza positiva lleva implícita una revisión personal y cuestionar cosas que antes dábamos por sentadas como madres y padres. Este es un proceso social largo que implica transformaciones en nuestros patrones de crianza.  

El auto-cuidado, la afectividad consciente,  la disciplina positiva y la red de apoyo, son elementos indispensables al asumir como filosofía la crianza positiva. El primero de estos ítems invita a formular la palabra yo, verse como sujeto antes que como objeto de la maternidad-paternidad, entender que traer un niño o niña al mundo no es un sacrificio y que es una elección de cada cual.

El segundo elemento no debe ser confundido con la afectividad a que estamos acostumbrados, la afectividad consciente es sistemática, no es una opción sino una obligación; hay que elegirla con responsabilidad y de esa forma garantizar un entorno de seguridad y pleno desarrollo para niños y niñas.

La crianza positiva implica también una disciplina positiva que se puede lograr si generamos un entorno de seguridad y ofrecemos confianza a las y los infantes. Esto también requiere normas y límites  que son su derecho, estas normas deben ser razonables, respetuosas y sobre todo realistas. La disciplina positiva también requiere que seamos consecuentes, saber para qué apelo a la disciplina, cómo lo hago y si lo hago desde la necesidad del niño/a o desde mi comodidad.

Si pretendemos desarrollar una disciplina positiva hay que apelar a la no sobreprotección pues desde edades tempranas es necesario aprender que cada acto tiene sus consecuencias y equivocarse también las tiene.

Para garantizar la crianza positiva es indispensable el cuarto de los elementos, la red de apoyo, pues este agotador proceso no se puede llevar sin compañía de otros/as. Es preciso trabajar en equipo para tener espacio para el auto-cuidado y contribuir a garantizar un entorno de seguridad.

Cuando decidimos optar por la crianza positiva hay premisas que no son negociables: no se castiga con sus necesidades básicas; no cuestionar al niño o a la niña sino sus actos y sobre todo no cuestionar nuestro vínculo con ellos y ellas; no amenazar con el abandono o la exclusión; no culpabilizar; no encerrar, aislar ni amarrar; no pegar, pues esto les enseña a unir el amor con la violencia y les deja ver que esta última es una forma de resolver conflictos.

La crianza positiva cambia formas de relacionarse; promueve: el protagonismo del niño, niña o adolescente sobre su propia vida, el respeto a las necesidades de todos/as y la comunicación profunda y empática; sobre todo enseña formas positivas de afrontar las dificultades y de resolver los conflictos que encuentre a lo largo de su vida.      

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