Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 23 al 29 de noviembre de 2017
Revista mujeres
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En la escala de las diferencias

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 04/11/2017

Mauricio tiene solo tres años, pero ya sus padres lo califican de un niño hiperactivo. El contraste con Raulito, su hermanito de cinco años es evidente para toda la familia, preocupada por la poca capacidad de concentración que muestra el pequeño, incansable en su avidez por explorar cuanto lo rodea.

El segundo año de vida subraya las diferencias entre los niños y niñas preescolares. Los tranquilos y atentos parecen aun mas observadores y sedentarios, en contrataste con los vehementes y activos, que están moviéndose siempre, incapaces de mantenerse quietos unos momentos. Estos últimos a duras penas se sientan el tiempo suficiente para aprender a hablar o para demostrar sus nuevas habilidades cognoscitivas.

Probablemente los padres califiquen a estos pequeños de hiperactivos, pues de veras parecen tener poca capacidad de concentración. Se las pasan en movimiento constante y parecen no cansarse nunca. El afán de caminar y correr en estos menores es poderoso, tanto como su actividad y ansias de búsquedas. En los menos activos, la intensidad se vuelca hacia la observación y una actividad motriz mas reducida.

Cuando los niños están en uno u otro extremo de la escala, los padres necesitan que se les de seguridad, pues les preocupa ese estado de intranquilidad que ya muestran sus hijos a pesar de sus pocos años. ¡Gastan tanto tiempo en compararlos con otros niños! “¿Por qué mi niña no camina todavía? “Es demasiado tranquilo para su edad”. O: “No se sienta ni un momento”.

Como siempre decimos, las comparaciones nunca resultan buenas. Muchos padres aprenden sobre los procesos de desarrollo a través de otros niños o niñas. Partiendo de esos modelos analizan al hijo o hija propia. Lo preocupante es la ansiedad que suscitan estas igualaciones, pues en lugar de aceptar al niño o niña que tienen en casa, a veces quieren meterlo en el molde del infante “ideal”.

El peligro de las comparaciones, aducen los especialistas, es que se puede acabar infundiendo en el menor una sensación de inferioridad. Por ejemplo, los varones casi siempre son más lentos en el desarrollo motor que las hembras, pero muchos padres de chicos quieren que estos sean rápidos y dinámicos tan pronto aprenden los primeros pasos.

Lo importante es que cada pareja se concentre en sus propios hijos y se complazcan en el modo de desarrollarse de estos, antes que presionarlos a ajustarse a nociones de “niños promedios”. Seguramente pronto descubrirán cómo esta aprendiendo su hijo; sus peculiaridades, sus luchas y sus triunfos personales y se sentirán felices del descubrimiento.

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