Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 7 al 13 de diciembre de 2017
Revista mujeres
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Madre de la Patria

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 09/10/2017

Pocas veces se toca el espíritu de la Patria con la esplendidez que alcanza en Mariana Grajales.

¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?, diría Martí.

Hace ya algunas décadas que se viene librando una batalla singular y es la de colocar a la mujer en una posición que le permita llevar su género, su condición femenina al lugar que se le ha escamoteado, sin embargo, hay precursoras que con su vida y obra han roto, aun sin proponérselo, el silencio que sobre la mujer siempre se ha tratado de imponer. Mariana Grajales Coello ha sido vanguardia sobre el ostracismo que la preponderancia masculina ha impuesto. Ella, de forma natural, lo ha roto para estar presente una y otra vez como patriota y símbolo de lo que es capaz de hacer  una mujer por sus ideales.

Una vez notó a Antonio cabizbajo por la falta  de recursos y armas para volver a Cuba, y así le habló:

«Levanta la cabeza, que es la hora de mirar para arriba. Tendrás todo lo que necesites y triunfarás, porque amas a Cuba con pasión desesperada y ese amor omnipotente te encadena a la libertad de ella y a la gloria».

El verbo de Mariana, su palabra fue siempre atinada y oportuna, verdadera maestra, fue capaz de crear  una tropa de hombres y mujeres integrada por sus hijos e hijas, por su esposo, por sus hermanos y por muchos que al calor de su patriotismo tomaron el camino del combate.

Pero, ¿qué condiciones permitieron que surgiera una Mujer-Epopeya en Mariana?

El historiador Leopoldo Horrego en su libro Maceo.  Héroe y carácter responde esa interrogante al valorar la probidad y los principios morales de sus padres, José Grajales y Teresa Coello. De esa unión nació Mariana.

«Le tocó vivir una época de hiriente hostilidad a su raza… de inhumana represión esclavista», eran años en que los esclavos y esclavas se sublevaban y otra vez, en que la atmósfera de revolución se respiraba.

Mariana desde muy joven vivió inmersa en el sufrimiento de la Patria oprimida.

A diario escuchaba los  alaridos, que los muros no podían ocultar, de un depósito de cimarrones, cerca de su casa en Santiago de Cuba, donde eran torturados  hombres y mujeres que se escapaban del sistema esclavista y defendían su libertad a toda costa. Esa fue su escuela.

Siempre que pienso en Mariana Grajales, esa mujer inmensa, me estremezco, creo que estoy frente a quien deshizo mitos, enderezó el sentimiento materno por caminos tan firmes  que alcanzó la cima del amor;  Mariana formó a  combatientes, les adiestró la conciencia, les enseñó a sentir que por arriba del hecho mismo de la vida estaban la justicia, la libertad, la Patria…

Entonces puede hablarse de  gestos, de anécdotas, de referencias que demuestran su temple, y es válido, pero Mariana Grajales fue mucho más que madre de los Maceo; ella lo fue también de las Maceo (Baldomera y Dominga) y de los Regüeiferos, sus hijos con Fructuoso, muerto antes de comenzar la lucha liberadora.

Fueron 13 en total, 11 hombres y dos mujeres, solo uno de ellos no combatió porque muere antes de iniciarse la contienda. El resto, con ella a la cabeza, en octubre de 1868 se fue a la manigua. Llevaba consigo Doña Mariana a su continuadora, la gran María Cabrales, en cuyo seno, al decir de Martí, iba un «huevecillo de hombre», y en brazos a la pequeña María de la Caridad. Por fuerza hubo que ser de acero para salir intacta diez años después, y de eso fue esa forjadora.

Solo alguien excepcional —bajo bala y metralla, a sable y machete cruzados por la empuñadura— cuando un hijo cae prepara al que le sigue para que no haya vacío en los puestos de lucha. Fue así diez años: el esposo querido —el sargento Maceo— muere gloriosamente en las tropas de Antonio; Julio, con poco más de 15 años alzando su estatura  a la cumbre de los mártires; Miguel, Teniente  Coronel de 20 años, guerrero indetenible, cae machete en mano en Cascorro; y antes Justo —el más joven de los Regüeiferos, ya capitán— pierde la vida bajo la fusilería española, y José, Fermín, Antonio, Rafael, Felipe… Diecinueve heridas marcan el amplio pecho del General José, 21 el del Mayor General Antonio. 

Ninguno de los hijos de Mariana se rindió al enemigo, las mujeres tampoco. Antonio fue sujeto, encarnación, vocero de todos los Grajales, cuando dispara duro la Protesta, para siempre blasón de Cuba entera.  Sin libertad, sin abolición de la esclavitud no cabía ningún pacto. Mariana otra vez con la tropa, «Generala Mambisa», parte de la emigración revolucionaria. Tiene 70 años.

Muchos años antes acunó a estos hombres y mujeres con una tonada ingenua y peligrosa donde su voz cantaba: «Si nace libre la hormiga, / la bibijagua y el grillo / sin cuestiones de bolsillos / ni español que los persiga / a ir a la escribanía / a comprar su libertad / y yo, con mi dignidad / ¿NO seré libre algún día…?»

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