Mujeres y hombres de ciencia y conciencia

Publicado: 24/08/2017

Esmeralda de Fátima Damiao se graduó con un promedio de 5,03 puntos de Sicopedagogía, en la Universidad de Sancti Spíritus. Foto: de la autora«Todo fue como un relámpago. Para mí fue un shock venir aquí. Al principio no quería. Mi papá, como antiguo militar revolucionario que adora la historia de Cuba, quiso que yo estudiara aquí. Mis hermanos ya lo habían hecho; así que yo también lo intenté, aun cuando los primeros días los pasé sin deseos de comer y un poco deprimida.

«Luego comencé a relacionarme con las personas y, al final, me encantó. Me enamoré de la provincia de Holguín, donde encontré profesores maravillosos, padre, madre, amigos, que me han dado una experiencia de vida porque hemos compartido de todo. Aprendí el concepto de confraternidad y ello me inspiró para realizar mi tesis sobre desarrollo local.

¡Fui la primera angolana en realizar una tesis aplicada sobre desarrollo local!», cuenta Augusta Lopes Miranda, ahora Licenciada en Economía por la Universidad de Holguín.

Nacida en el centro de Luanda, la capital de Angola, a Lopes le interesa sobre todo la política. No es la única con esa aspiración entre los miles de extranjeros que se gradúan este año de distintas especialidades en Cuba. Muchos de ellos salen de aquí con ganas de transformar el mundo.

Este año, la cifra de graduados angolanos se colocó en 256, en ramas como la Sicología, Biología, Economía, Arquitectura, Matemáticas, Física, Medicina, Química e Ingeniería.

Granma conversó con algunos y casi todos definen la etapa de estudios en Cuba como una de las mejores experiencias de sus vidas.

«Vine con 20 añitos y aquí me hice una mujer, una profesional y me voy lista para contribuir al desarrollo de mi bella patria. Quisiera convertirme en la primera presidenta de mi país», afirma la angolana dispuesta a ampliar la participación social de la mujer.

Esmeralda de Fátima Damiao es otra de las graduadas angolanas. En la Universidad de Sancti Spíritus estudió la especialidad de Sicopedagogía y obtuvo un promedio de impacto: 5,03 puntos.

«Desde que llegué siempre tuve muy claro el objetivo que me trajo aquí. Hice en cuatro años mi licenciatura, aunque era de cinco. Tuve la oportunidad de hacer cuarto y quinto en un solo curso, debido a mi empeño y dedicación», revela.

Los estudiantes extranjeros en la Isla pueden optar por un abanico de carreras en el sistema de universidades a lo largo del país.

En el caso de Angola, «hay un programa nacional de formación de cuadros y un instituto de gestión de becas en el exterior. A través de este organismo se otorgan las becas a los estudiantes que cumplen los requisitos: estar saludable, no exceder los 25 años y tener un buen promedio académico, cuenta el ahora médico Mauro Molose.

A sus 30 años, es el séptimo de los ocho hijos de una familia sureña en Angola.

«Siempre he sido muy dedicado con los estudios y gracias a eso puedo considerarme médico hoy.

«El sistema educativo nuestro es muy diferente al de Cuba. De hecho, muchos de nosotros hemos tenido ciertas dificultades a la hora de ingresar a las universidades de aquí por el cambio de sistema evaluativo. No obstante, el ser humano tiene capacidad adaptativa y hemos logrado salir como profesionales», valora.

En su país estudiaba Ciencias Agrarias, pero «sin renunciar a mi sueño de ser médico algún día. Sabía que Cuba es una potencia a nivel mundial y cuando se divulgó en mi país que otorgarían becas a angolanos, en ese mismo instante, sin mirar atrás, suspendí mis estudios agrarios y vine».

Ahora se considera un cubano más, específicamente santiaguero, y expresa con satisfacción que la experiencia en Cuba fue magnífica. «Vivimos lejos de la familia, pero nos encontramos en Santiago de Cuba con un pueblo muy acogedor, muy parecido al nuestro. En cuanto a la actividad sísmica, Angola es un país bastante tranquilo. Sin embargo, en Santiago siempre tuvimos que lidiar con temblores. El que más nos marcó fue el del 17 de enero de 2017, estábamos muy asustados.

«Nos tocó vivir momentos muy importantes de la historia de este país: la llegada de los Cinco Héroes, la muerte de nuestro Comandante»…

«Vivimos muchos otros acontecimientos que marcaron de manera significativa nuestras vidas y me voy como médico, pero también como una persona más humana».

Yuri Dos Santos, de 27 años, se graduó de Arquitectura en la Universidad de Camagüey.  Ya estaba estudiando el tercer año de Arquitectura en Angola.

«Pero dejé todo y recomencé aquí en Cuba. Hasta venir a Cuba yo tenía una inconformidad que no sabía explicar. Por eso, venir aquí y estar expuesto a un entorno diferente, me hizo crecer. Cuba ha sido exactamente eso, una escuela en cuanto al desarrollo del pensamiento. 

«Estudiar aquí ha sido un privilegio porque ser graduado de una universidad cubana, es sinónimo de orgullo y respeto para los angolanos».

Lo más importante para este joven, de todo lo aprendido aquí, es la filosofía con que se imparten las carreras o, al menos, la suya.

«Aprendemos no solo lo técnico, sino la filosofía social. La arquitectura que he aprendido es fruto de un régimen socialista, y eso es tangible a la hora de dibujar. Yo no puedo crear una torre de 41 pisos; tengo que pensar instalaciones para pobres y ricos».

¿A QUÉ SE ENFRENTAN LOS GRADUADOS EXTRANJEROS DE VUELTA A SU PAÍS?

«En el caso de Angola, nosotros debemos entrar al mercado laboral y presentar nuestros currículos a empresas», expone Yuri, quien compartió con estudiantes de China, Djibouti, y varios países de América.

«El español fue la lengua común para todos nosotros, aunque el idioma fue una barrera al principio. No voy a mentir. No fue fácil en los primeros años, sobre todo porque me enfermé, pero la ayuda de los médicos y los profesores me hizo sobrevivir. No solo desde el punto de vista de la salud; también como ser humano», afirma el nacido en Luanda. 

José Antonio Ferrera, el estudiante extranjero en Cuba más integral de su graduación, es de una familia provinciana en Kwanza Sul, Angola.

«Lo que me motivó a venir en principio fueron los resultados de la educación cubana. Mi hermano vino antes que yo y eso también me sirvió como inspiración. Ahora que me gradúo como ingeniero mecánico, no me arrepiento de haberme formado aquí. Allá hice el politécnico, que equivaldría a una vocacional, y me sentía con una base sólida para estudiar en la Isla».

¿CÓMO LLEVAR A LA PRÁCTICA LO APRENDIDO EN CUBA?

«Angola viene de una guerra civil y llevamos pocos años de paz, por lo que nuestro sistema educativo no puede ser excelente. Es por eso que estamos acudiendo a los países hermanos para poder formar a los intelectuales y científicos que construyan el país. Vamos a implicarlos en el desarrollo social del país», valora José Antonio, quien preside la Mesa de la Asamblea de los Estudiantes Angolanos en Cuba.

«Aquí he pasado más de la mitad de mi vida juvenil y, a través de la historia, la Isla ha dado su contribución a mi país; y hoy Angola es lo que es, gracias a la hermandad de la nación caribeña», afirma José Antonio.

«Cuba no solo forma hombres y mujeres de ciencia, sino también de conciencia», dice.

«En mi pueblo creemos que quien no agradece es un hechicero», considera, por su parte, el médico Mauro, graduado con 4.92. «Por eso agradezco a Cuba. Porque si ahora soy lo que soy, es gracias a Cuba».

Tomado de Granma

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