Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 17 al 23 de agosto de 2017
Revista mujeres
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Madres jóvenes: ¿cómo recomenzar después de un divorcio?

Por: Giusette León García/CubaSí
Publicado: 10/08/2017

Mucho se ha hablado sobre las madres solteras y los retos que les impone la nueva vida, que ni es tan nueva ni es tan fácil, no solo por la economía, también por los prejuicios que cuesta mucho desintegrar.

Y, claro, por el cúmulo de responsabilidades sociales que caen como un peso poderoso sobre nuestros hombros: madre, trabajadora… mujer.

¿Qué pasa cuando una madre divorciada no quiere renunciar a esta última condición y decide recomenzar su vida en pareja? ¿Cuánto le cuesta encontrar pareja? ¿Qué mil variables tiene que sortear para complacer a todos y a sí misma, especialmente para no afectar a los hijos?

Muchas arrugas y sinsabores cuesta a veces continuar con la vida propia y asumir nuevas relaciones de pareja después del divorcio y hay de todo: las que se entierran para siempre en la formalidad y el convenio social; las que se acogen rápidamente a otra relación, la que sea, que las sustente emocional o materialmente (una opción que no siempre está a la mano); las que rompen el molde y viven a contrapelo de los estigmas que las rondan, sin perder la ternura ni la esperanza, pero tampoco la libertad…

UN TESTIMONIO...

Wendy Oliva es una joven de 27 años, madre de dos niños y divorciada desde los 25, y accedió a compartir su testimonio. Para ella el apoyo intermitente de su exesposo y padre de sus hijos ha sido uno de los principales escollos a la hora de reorganizar su vida. Me pide primero hacer un poquito de historia:

«Cuando conocí a mi esposo ya tenía una hija, lo hacía todo por ella: iba a verla desde Arroyo Naranjo hasta Guanabacoa, le compraba todo, y hasta se la llevó de casa de su madre porque allí realmente tenían una situación difícil, así que se hizo cargo de la niña; no le exigía nada a la madre, cosa con la que no estoy de acuerdo, creo que cada padre carga el 50% de responsabilidad. Luego tuvimos nuestros hijos y fue un padre muy ocupado, hasta que nos separamos…»

Y aquí llegó el punto de giro: «Ahora estoy súper enredada, no me llama para saber de sus hijos, se los queda solo un fin de semana en el mes y tengo que recordárselo para que no se pase con fichas. Si está enfermo, ya no puede ser ese mes, hasta el otro.

«Salir de noche: olvidarlo; los fines de semana tienen que coincidir con los suyos. Matriculé en la universidad, pero ¿cómo hago para ir a clases, si no me ayuda? Tengo que pagar a alguien para que los cuide, si quiero; es mi problema, él no se interesa. Eso sí: me transfiere cada mes 250 CUP por cada uno y parece que con eso lo pago todo, incluso su amor de padre.

«Entonces, ¿cómo encontrar pareja, si no tienes tiempo de socializar?, y luego, ¿qué loco se enamora de una mujer con dos hijos y esa situación?»

Para ella, la sociedad y las leyes deben cambiar: «Hay que saber un modo de educar más en la paternidad responsable, que los padres tengan más derechos y se les exija más en los deberes. Una ley más moderna y exigente».

Siempre hay un loco, afirma Rouslyn.

Esta colega cree que ya encontró el suyo. Después de muchos años sola con su pequeño Alejandro, ha logrado establecer una relación linda y buena para ambos, y quizás eso la haga verlo todo de más colores y con más optimismo, pero no significa que le haya sido fácil llegar a ese punto:

«Yo me separé del padre de mi hijo desde que el niño estaba de meses; fue una decisión dura, pues en aquel momento yo ni siquiera trabajaba y no tenía cómo sostenerme económicamente, pero creo que fue la decisión correcta para ambos. Se me hizo muy difícil al principio, tuve que empezar a trabajar con el niño de apenas seis meses, mientras hacía mi tesis de la universidad para graduarme, pero fue una etapa linda, éramos solo él y yo».

Sobre lo que llaman «recomenzar» en el plano de las relaciones amorosas, también cambiaron las condiciones y las prioridades: «Creo que tener un hijo me ayudó a elegir mejor a mis posibles parejas, tengo ahora más en cuenta el hecho de cómo se comportan con el niño, es un requisito básico: si no son buenos para el niño, no son buenos para mí y punto, porque mi hijo tiene que estar primero, no puedo dejar entrar a nuestras vidas a alguien que no le vaya a brindar el amor que merece; a fin de cuentas, si un hombre quiere tener una relación conmigo, tiene que saber que el niño es mi prioridad, su educación, su bienestar, su felicidad, y mi pareja tiene que integrarse a esa dinámica».

Rupturas definitivas por defender como leona el respeto a su pequeño, renuncias y malabares para no dejar de vivir sus relaciones de pareja sin restarle tiempo y dedicación al niño; de todo me dice que ha pasado esta cubana que ya pasa de los treinta.

Después de muchos años, Rouslyn ha encontrado una persona con quien compartir esas responsabilidades, pero no significa que se acabaron las complicaciones: «A veces me da la impresión de que tengo dos maridos, porque Ale es posesivo conmigo, aunque no creo que sea por celos, sino su apego natural, al haberse educado sin una figura paterna en el día a día. Y por otro lado, ¿sabes qué me cuesta trabajo, y mucho?: que mi pareja lo castigue o lo regañe. Yo sé que al tener una relación, es normal que mi pareja se involucre en la educación del niño. De hecho, es lo que necesito: alguien que me apoye y me ayude a criarlo, pero igual da cierto retintín que alguien te lo haga llorar, incluso aunque tenga razón; son sentimientos encontrados, difíciles de dominar».

CONSEJOS DESDE LA PSICOLOGÍA…

Como en una conversación de amigas comenzó Julien Brito a darme sus consejos desde la psicología para enfrentar estos temas. Aunque es una especialista talentosa, no pretende grandes teorías, sino algunos elementos prácticos, desde una primicia, según ella, imprescindible: «Tienes que hacer tu vida y ser feliz, que eso siempre les hará bien a tus hijos. Tu estabilidad es también la de ellos: una madre amargada e insatisfecha no hay quien la soporte».

Como psicóloga, afirma que el primer paso es «mantener buenas relaciones y transparencia con los niños a la hora de separarse, pues el matrimonio se acaba, pero ambos siguen siendo sus padres. Eso es muy saludable para los niños, los ayuda a asimilar la nueva situación y, al mismo tiempo, crea espacios para quien tiene la guarda y cuidado. Se hace todo más fácil cuando las responsabilidades siguen siendo compartidas».

En cuanto al hecho de involucrar a los niños con posibles nuevas parejas, aconseja: «debe ser con total normalidad y con calma. Es importante buscar tiempo para ti, pero sin que ellos sientan que les quitas el suyo. No es la cantidad de tiempo que pasas con ellos, sino la calidad, lo principal: si te vas de fiesta un día, al siguiente dedícales un paseo, haz algo para hacerles sentir que estás ahí, que los extrañaste y que siempre volverás. Si sienten eso, poco a poco sabrán que puedes no estar de vez en cuando, pues lo ideal es ir despacio en cuanto a involucrarlos con la persona con quien estás iniciando algo; si ves que evoluciona bien, ya es otra cosa, pero dale el tiempo posible. Su fuente de mayor estabilidad eres tú y la necesitan, así que los cambios, poco a poco».

Tomado de Trabajadores

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