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El doble filo de los antibióticos

Publicado: 10/08/2017

Ahora que las altas temperaturas hacen de las suyas se incrementan las afecciones respiratorias y diarreicas por lo que resulta un buen momento para llamar la atención a tenor de que en Cuba casi todos sabemos de decisiones deportivas y de críticas de arte, pero si se trata de «médicos empíricos» que recetan y autorrecetan ábranles el paso a verdaderos catedráticos.

Esos que lo mismo indican un antipirético o un hipotensor sin pensar en consecuencias, y a quienes les teme en extremo la doctora Lourdes Sánchez Álvarez, jefa del departamento de Microbiología del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología. (CPHEM).

Ella no se cansa de advertir sobre el abuso de los antimicrobianos. Por ello recalca la necesidad de ser prescripto por un facultativo una vez que existan diagnósticos fundamentados para indicarlos.

En el mundo popular ante la más leve coriza o indicio de catarro se aplican variantes insólitas, sin percatarse la población que recurrir a la automedicación favorece la resistencia y llega un momento en que el propio organismo crea un mecanismo de adaptación sin dejar de aplicar sus defensas.

Con años de experiencia dentro de este mundo la doctora Sánchez Álvarez agrega un elemento vital: Las bacterias son inteligentes, y someten al antibiótico a una especie de juego que agrava la situación.

«A veces se utilizan de una forma tan indiscriminada que por una simple destemplanza recurrimos a ellos, y no están concebidos para ese fin. Hay síntomas de catarro y sin embargo; no son antigripales, e incluso un acto tan descabellado como el de utilizarlos como sedante para que el infante permanezca tranquilo cuando posee un estado febril».

Más claro ni el agua. Y bajo mi percepción nada médica, pero con tiempo acumulado escribiendo de salud pienso que la orientación facultativa y la necesidad de contar con diagnósticos certeros constituyen cartas vitales en el asunto.

Ningún antibiótico es eficaz si no existe un análisis microbiológico que determine cuál resulta el efectivo ante el cuadro de cada persona, y si verdaderamente impera aplicar alguno de ellos.

¿Cuántas veces hemos abusado del Sulfaprim, a tal punto que en algunos individuos ya no ofrece resultados? ¿Qué pasa con el famoso Rocephin, de última generación y que escapa de los hospitales para la calle?

La modernidad ha creado cepas superresistentes a algunos de esos fármacos. El mencionado, de uso exclusivo en instituciones hospitalarias, está perdiendo sus facultades al «fugarse» hacia las comunidades porque no siempre tiene el efecto esperado.

Llama la atención que desde el descubrimiento de los antibióticos, en 1828, han salvado a millones de personas afectadas por microorganismos patógenos. Ahora bien, la eficacia de estos deviene reto para el universo sanitario internacional ante la enorme resistencia que ya ofrecen.

Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) uno de los motivos lo constituye la desinformación de los individuos y su mal uso.

De una vez y por todas debe quedar claro que los procesos virales no guardan relación con los bacterianos porque los virus están conformados por sustancias vivas más pequeñas que las bacterias y por tanto no asimilan ningún tratamiento con antibióticos.

Alrededor del 60 al 70 % de las infecciones respiratorias presentan etiología viral sin respuesta a los antimicrobianos. 

Y otro error descomunal es abandonar las dosis indicadas por el facultativo cuando ya la persona comienza a sentirse mejor. En estos casos ha perdido su tiempo, el dinero ya que resultan bastante caros, y lo que existe se traduce como falsa mejoría.

Hay más. El uso de estos medicamentos sin fundamento incrementa el riesgo de padecer diferentes estados alérgicos, asma bronquial o dermatitis atópica, y en estos casos sobre la infancia recae las mayores vulnerabilidades al impedir el desarrollo del sistema inmunológico, sin descartar el retroceso de una flora bacteriana normal que está en crecimiento.

No soy partidario de actos belicistas ni jamás aprobaré un mínimo indicio de violencia, mas imagino a un ejército que, poco a poco, queda sin armamento. La resistencia a los antibióticos pone en peligro la capacidad mundial para enfrentar las enfermedades infecciosas, a pesar de las tecnologías y métodos sofisticados existentes en el universo.

Y una última pregunta ¿acaso se procede a los análisis correspondientes para conocer cuál es el antibiótico requerido y aquellos que no en dependencia de las particularidades del paciente?

Cuidado, entonces, con esos dobles filos que pudieran multiplicarse por negligencias humanas.

Tomado de Vanguardia

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