Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 7 al 13 de diciembre de 2017
Revista mujeres
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Listos para caminar

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 10/08/2017

Conforme se acerca el primer cumpleaños, iremos viendo como el niño va madurando. Ya pronuncia palabras, coordina algunos movimientos, da sus primeros pasos. Sabemos que entre los 11 y 12 meses el bebé aprende a desplazarse e intenta alcanzar los objetos. Lo hará rodando sobre sí mismo, estirándose y poniéndose de pie. Debe hacerlo agarrándose a una barandilla o mueble pesado que le permita dar sus primeros pasos laterales.

A esta edad ya debe caminar cogido de una mano. El límite para soltarse a andar en solitario se sitúa en los 16 meses, aunque la mayoría lo hace antes. En esta etapa es importa vigilar sus puntos de apoyo y procurar que los muebles que queden a su alcance sean bien fuertes para que puedan aguantar su paso.

Es importante extremar la limpieza del piso y tener cuidado con los objetos a su alcance. En algún momento del segundo año el bebé se convierte en caminante. El horizonte se despeja y ante él se abre el mundo de la independencia. Según  un eminente pediatra norteamericano, Barry Brazelton, con el afán de caminar, empieza a experimentar una turbulenta ambivalencia.

 Ninguna otra etapa de la vida infantil está tan minada de angustiosas dudas, ni siquiera la adolescencia, aunque en su opinión, esta trae consigo una turbulencia parecida El conflicto entre “lo hago o no lo hago” es tan intenso que no se resolverá antes que haya pasado por lo menos año y medio.

 En momentos en que a nadie le importa, el niño o niña que ya camina tendrá una estruendosa pataleta en torno a decidir si pasa o no por la puerta. Las pataletas tendrán su momento culminante en el segundo o tercer año de vida, como parte de esta lucha; y los padres no tienen por qué culparse de las mismas, nos dice el doctor Brazelton. Estos accesos son el reflejo de una lucha interior.

El afán de independencia y la negatividad que lo acompaña empiezan con el aprendizaje a caminar. Esta época señala un momento clave especialmente intenso, una racha de crecimiento extraordinario para el niño o niña y un reto difícil para los padres. La estrecha interacción entre los logros motores y el desarrollo emocional se hace visible.

Los niños no empiezan a caminar de repente. Durante todo el año el bebe ha estado practicando y ensayando los diferentes componentes de la marcha. El reflejo de la marcha está presente al nacer y permanece los primeros meses, cuando incorpora muchas de las habilidades motrices que afloran de nuevo. Cuando la movilidad voluntaria se convierte en una posibilidad real en la segunda mitad del primer año, el reflejo de marcha desaparece.

Arrastrarse y gatear lo reemplazan. Antes de desaparecer por completo, a los cinco o seis meses más o menos, si una hala al bebe para ayudarle a sentarse, con frecuencia tensará el cuerpo como para ponerse de pie, desplegando una gran sonrisa en reconocimiento de lo emocionante que es pararse. Está aprendiendo el control de los músculos del tronco que necesitará para ponerse de pie y, finalmente desplazarse. Sucesivamente, los ingredientes del proceso se van dominando uno a uno. Finalmente están listo para integrarse en una sola habilidad: caminar.

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