Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 21 al 27 de septiembre de 2017
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Parejas cubanas e infidelidad: ¿Al toro?, por los cuernos (II)

Por: Vladia Rubio
Publicado: 29/06/2017

La visión que algunos jóvenes cubanos, y no tan jóvenes, tienen hoy de la infidelidad pudiera estar dando paso a nuevas posturas con respecto a la monogamia.

“Qué decir de las jóvenes que cambian con facilidad de parejas o van a las fiestas, como dicen, a descargar solamente. Estoy muy de acuerdo con la dependencia de la mujer, la revolución ha ganado mucho en eso y también contra la violencia contra la mujer, pero deberíamos en ese departamento de estudios de la familia investigar otras corrientes nocivas para el matrimonio y la familia. Tengo tres hijas hembras y me paso la vida dándoles consejos, pero la sociedad va muy atómica como ellos mismo dicen(los jóvenes), ahora se ve lo serio y adecuado como tradicional, viejo, moralista, arcaico, conservador…”

Es otro fragmento de las consideraciones de Manolo, el internauta cuyas opiniones dieron pie a este trabajo en su primera parte.

Y si esa entreabrió sus puertas precisamente con un comentario de este lector de CubaSí, pues que también sea él quien dé paso a esta segunda entrega, donde se  pretende husmear en el binomio infidelidad y juventudes cubanas.

Juventudes y no juventud, porque hoy se presenta tan heterogéneo este grupo etario, que los entendidos consideran mejor referirse al mismo en plural porque no es posible generalizar características o tendencias.

Aún así, en este asunto de infidelidades quizás para muestra valga un botón, y es el caso del estudio  La infidelidad vista por los jóvenes. Mínimo enfoque de un gran problema,  realizado por las investigadoras Arlés Orihuela Gómez y Evelín Martínez Triana, de la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”.

Para explorar los motivos por los que las personas son infieles, o se sienten tentadas a serlo, encuestaron y entrevistaron a jóvenes con edades entre 18 y 25 años, de esa universidad, y concluyeron que “la falta de comunicación, los celos, la desconfianza y la incomprensión constituyen los aspectos que más golpean a los jóvenes del recinto universitario para crecer como pareja”.

Aun cuando vivir en pareja sea parte de los proyectos de vida de los jóvenes, porque para ellos, como para todos, amar y ser amado es una necesidad, sus experiencias y saberes no los han preparado todavía para alcanzar con éxito ese objetivo, que se da de narices contra lo que en la concreta les sucede en la convivencia o intercambio con sus parejas.

Tal paradoja la suscribía el ya fallecido y destacado profesor de la facultad de Psicología de la Universidad de La Habana Reinaldo Rojas Manresa: “los jóvenes quieren vivir en pareja pero no saben cuáles son los resortes para lograr estabilidad y, a su vez, bienestar emocional”.

Al indagar en las causas que llevan a ser infieles a los universitarios matanceros, las investigadoras conocieron que lo hacían por: buscar lo novedoso, por la falta de comunicación con su pareja, en busca de sexo cuando no puede haberlo con la pareja, y por hacer el “papel de hombre”.

Las estudiosas subrayan al respecto el fuerte componente genérico de orientación patriarcal presente en la mayoría de las respuestas y lo curioso de algunas coincidencias con las ofrecidas por las muchachas. Ellas coincidieron con los muchachos al contestar que el atractivo físico, la rutina o la lejanía de su pareja podían llevarlas a ser infieles.

Sin dudas, los roles secularmente asignados a la mujer cada vez van desdibujándose más para dar paso a cubanas menos encadenadas a viejos moralismos que, por ejemplo, defendían el sexo solo con fines reproductivos y nunca para el placer.

Llama la atención una de sus respuestas que para nada se repite en el grupo de los varones. Es la referida a la falta de dinero para acceder a opciones recreativas que alegan como justificación del engaño amoroso.

“Si él no tiene para llevarla a la disco, y el otro sí…, la vida es corta y una tiene que divertirse, ¿No?” Así razonaba la hija de cierta conocida cuando le pedí su opinión sobre este proceder.

Manolo, el internauta mencionado, también había comentado ya sobre el asunto: “…la promiscuidad y el comienzo de la vida sexual es lo primero, y me parece, sin dejar de aceptar que los tiempos cambian, que se necesita hacer estudios o investigaciones que nos digan las causas para poder seguir orientando a las familias, el dinero se ha vuelto lo más importante, lo único que cuenta, la espiritualidad se va perdiendo y eso hace más liberales a las mujeres también, que son la esencia de lo romántico, lo lindo, lo delicado etc. No es una posición machista ni conservadora, es una posición lógica…”

Quizás resulten demasiado absolutas sus apreciaciones porque como mismo no hay una juventud, sino juventudes, tampoco es conveniente generalizar con que el dinero es “lo único que cuenta” para todo el mundo.

En opinión de esta redactora, aunque se han resquebrajado valores en muchas personas, y el tener en vez del ser ha ido lamentablemente ganando espacio, de todas formas siguen existiendo cubanas y cubanos que privilegian otras muchas cosas, y tienen el convencimiento de que “Nunca el amor es libre y pleno si tiene como sustrato la comercialización del vínculo humano”. Así lo formuló Vladimir I. Lenin en carta a la feminista Inessa Armand.

El mundo cogiendo al toro por los cuernos

Probablemente no es para tomarlo al pie de la letra, pero de todas formas podría servir de brújula para conocer por dónde andan las infidelidades en el mundo.

En el caso de Europa, conclusiones derivadas de encuestas, apps, y sitios web para encontrar parejas, apuntan a que en Tailandia está la mayor cantidad de infieles (un un 56% de los encuestados). Le siguen Dinamarca (46%), Italia y Alemania (ambos con 45%) y Francia (43%).

Para Latinoamérica también se manejan algunas estadísticas, que pueden o no considerarse serias. Han sido tomadas de una red social para personas que buscan relaciones adicionales a la que ya tienen, y cuyos suscriptores en los últimos han aumentado en un 45 % hasta sumar más de 2,5 millones de usuarios, la mitad de ellos latinoamericanos.

Analistas infirieron de esta “colchonera” digital que Argentina es donde radican más latinos infieles. En orden descendente le continúan Brasil, México, Chile, Uruguay y Colombia. Habría que ver si todos los habitantes de este continente pueden y quieren hacer públicos datos como estos, sin contar, por ejemplo, países como Cuba, en donde el nivel de penetración de Internet es francamente bajo pero no puede decirse lo mismo del número de hombres y mujeres que engañan a sus parejas.

La profesora de Psicología Médica y máster María Teresa Abreu García, de la Facultad de Ciencias Médicas Comandante Manuel Fajardo asegura que en esta Isla los estudios sobre el tema resultan escasos, y los existentes  no son generalizadores. “Pero no es necesaria la realización de ningún estudio –afirma- para saber que la infidelidad en nuestro país es un fenómeno frecuente...”

Entre las estimaciones estadísticas generales –ya no referidas a esta Antilla Mayor -, el año pasado levantó varias polémicas las elaboradas por el sexólogo y profesor de la Universidad de la Sorbona, Alexander Poleev.

Este experto dio a conocer en una entrevista on line que, como tendencia, el 74 % de los hombres casados son proclives a la infidelidad, en tanto lo es el 33% de las mujeres casadas. El propio estudioso aseguró también que entre las profesiones, son los médicos, particularmente los cirujanos y cardiólogos, quienes más se inclinan a estos deslices.

Infidelidad cibernética

Si bien la conocida película Her, de Spike Jonze, ha recibido muchos aplausos y premios –incluido un Oscar al mejer guion original, otros romances virtuales han corrido distinta suerte.

En verdad no es lo mismo enamorarse de un sistema operativo, como le ocurre al protagonista del filme, que entablar una relación en línea con alguien que, del otro lado de la pantalla, es de carne y hueso y con quien podría concretarse un encuentro nada virtual y sí carne mediante.

Quizás por eso, entendidos en el mundo de la Web 2.0 y también en el de las relaciones interpersonales, son enfáticos al sostener que esa es también una traición. Entre ellos, el psicólogo Hans Olivera, de la Universidad Iberoamericana de México,  subraya que “entablar una relación por internet, cuando ya se tiene una pareja en la vida real, es infidelidad, igual de grave que la que incluye el contacto físico”.

Aseguran que el contacto propiciado por las redes sociales y otras alternativas de la Internet facilita que algunos escriban a otros lo que no serían capaces de decirle frente a frente. Incluso, algunas investigaciones apuntan que el cerebro de un infiel cibernético es más creativo que el de alguien del mundo real.

Ello, podría no traspasar la simple farsa, un juego inofensivo; pero también podría impulsar a consumar esas fantasías a cualquier costo, aun sin importar el matrimonio o la relación estable que se tenga.

No pocos de los sorprendidos en tales romances digitales, se justifican y hasta molestan con su pareja cuando esta les increpa y reclama.

Aducen que como no ha existido contacto físico alguno, no ha habido infidelidad. Pero no es tanto así. A veces es más grave y significativo el engaño con el pensamiento que el ocasional encuentro con otro cuerpo, cuyo nombre propio en oportunidades hasta se desconoce.

Resulta muy compleja la interpretación de tales infidelidades. Un reciente estudio de la Universidad Tecnológica de Texas indica que el engaño por redes sociales duele tanto como el que se concreta físicamente debido a su impacto emocional.

Sucede que ese tipo de relaciones, si implican reales sentimientos y afectos, pueden volverse más sustantivas que si solo se tratara de un intercambio de fluidos corporales.

¿Crisis de pareja o de la monogamia?

Cuando tecleé en el buscador Google Académico los metadatos “cuba parejas abiertas” la referencia más parecida que encontré fue Las venas abiertas de América Latina, el magnífico libro de Eduardo Galeano.

En verdad, no abundan investigaciones sobre las parejas abiertas, los tríos y el intercambio de pareja en Cuba. Pero no por ello esas conductas resultan ajenas a cubanas y cubanos. Algunos, las practican de modo muy discreto y hasta con ciertas vergüenzas por el qué dirán si se enteran; otros, los más jóvenes, no tienen reparos en reconocer a viva voz que “esa es la vida misma”.

Sin tomar ahora partido a favor o en contra de tales alternativas para el disfrute sexual, sí vale recordar que las parejas en todo el mundo han ido descubriendo, junto a los avances y progresos d ela humanidad en todos los órdenes, formas nuevas de compartir la intimidad sexual sin que ello equivalga necesariamente a firmas matrimoniales e intercambio de alianzas.

Como variadas son realidades en las diferentes geografías así son los modos de llamar a algunas de estas alternativas: “relación con cama afuera”, “amigos con derecho”, “poliamor”…

La doctora Mariela Castro, directora del CENESEX, refirió sobre ese tema a Juventud Rebelde que “aun cuando los conceptos de pareja cambian progresivamente de un siglo a otro, la gente sigue atrapada en el «deber ser» y cuesta romper esquemas que nos impiden ser felices. Lo que importa son las motivaciones, las maneras en que se reflexiona alrededor de esos paralelismos. Como si la infidelidad no reflejara un conflicto de la pareja sino una crisis de la monogamia como ideal social”...

 

Ya en 1994, el psiquiatra argentino Alberto Orlandini, quien fuera miembro titular de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, calificaba en su libro El enamoramiento y las parejas, de la cubana editorial Oriente, a las parejas abiertas y al intercambio de parejas (swingers) como “una especie de monogamia emocional con poligamia del cuerpo”.

El vocablo swingers deriva del verbo inglés to swing: hamacarse, ir de un lado a otro. Como tendencia, se refiere a parejas que llevan una relación monógama y deciden, con el convencimiento de ambos,  participar de relaciones sexuales con otras personas.

Aseguran que esta es una práctica bien antigua, que la culpa no es de Internet. Se han encontrado evidencias de dicho proceder en la antigua China, en África, y también en las antiguas Grecia y Roma, usualmente asociado a figuras de la realeza.

No se trata de una forma de infidelidad, pero sí pudiera derivar en ella cuando uno de los implicados decide romper con su pareja de siempre para iniciar una nueva relación con alguno de los participantes en el intercambio. Ello, sin olvidar que los celos e inseguridades que pueden derivar de esos lances igual son potenciales destructores de uniones.

Muchas parejas que acceden a esa práctica solo por complacer a su pareja terminan rompiendo su compromiso debido a sentimientos de inseguridad y celos.

Pero el asunto aquí no es juzgar, y siempre que los dos que conforman la relación den su convencido consentimiento para que tenga lugar un intercambio de pareja, entonces no es infidelidad, aunque pudiera quedar sembrada cierta peligrosa semilla, y aunque las malas lenguas se desaten y los dedos índices señalen acusadores.

Porque la sociedad en general, y la cubana en particular, parece tener bien codificadas cuáles deben ser las reacciones ante el engaño amoroso.  Si el que traiciona es un hombre pues  todo se ve “normal, natural”, como diría la adolescente hija de mi amiga. Si es una mujer, entonces las cosas cambian: es una bandida, una mala mujer, mal mirada por todos.

En cuanto al engañado… es siempre el último en saberlo; y si trata de un hombre, cae en el peor de los descréditos por aquello de “primero muerto que desprestigia’o”. Cuando la “víctima” es del género femenino las opiniones van desde “la pobrecita” -como generalmente la ven sus congéneres-, a “ella se lo buscó”. 

Esto último puede escuchársele lo mismo a hombres que a mujeres, a veces las más malvadas con las de su propio género. Y los motivos por los que “ella se lo buscó” pueden ir desde “porque no lo atiende”, hasta “por el mal carácter que tiene y lo peleona que es”. Altas dosis de prejuicios y machismo  pueden estar matizando tales opiniones.

Detector de infidelidades

Aunque no muy extendida, la figura del detective privado es otra de las novedades en el panorama cubano y algún que otro ha apelado a este –desde la más rigurosa confidencialidad- para confirmar o descartar sus sospechas de que es traicionado. Igualitico que las películas.

Claro, la personalidad del cubano, como tendencia apasionada, impulsiva, muchas veces no espera a tener las pruebas en la mano,  nada más con olérselo le basta.

Pero ahora, con el surgimiento del llamado Condón inteligente, que transmite datos vía bluetooth, podrá ser captura in fraganti el “salí’o del plato”.

No será de inmediato, porque se trata de algo recién creado que ni siquiera ha llegado al mercado, pero llegará.

La originalidad del artilugio está en un anillo que se coloca en la base del preservativo y permite conocer información sobre el rendimiento sexual del portador: duración del encuentro, fuerza y velocidad de sus movimientos, calorías quemadas, temperatura corporal, así como detectar enfermedades de transmisión sexual.

Dichos datos se transfieren de manera anónima y por bluetooth a una plataforma de donde los puede obtener el “usuario”. Pero si se han jaqueado bancos e importantísimas bases de datos, ¿cómo no habría de jaquear esa información una  o un doliente compulsado por la angustia o la rabia?

De antílopes, gacelas y otros

La diferencia entre astas y cuernos es que las primeras se mudan cada año, los cuernos son perennes, no se caen. Los cérvidos poseen astas; los bóvidos, cuernos.

Como mismo Penélope, la esposa de Ulises, es símbolo de la fidelidad, desde hace siglos la infidelidad conyugal ha sido asociada con el cuerno.

Entre muchas interpretaciones de por qué sucede así, se inscribe la que remite a la mitología griega. La bella Pasifae, esposa del rey Minos, decidió tener un romance con el toro adorado en Creta y del enlace quedó un hijo, el Minotauro, con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Afirman que a partir de ahí los cuernos se erigieron como símbolo de traición en la pareja.

También sobresale la versión que se remonta al Medioevo de los países nórdicos, en los cuales era adornada con cuernos la puerta tras la cual estaba intimando el señor feudal con la mujer elegida, sobre todo haciendo uso de su derecho de pernada.

En verdad, abundan las leyendas, los mitos y fabulaciones sobre el origen de la expresión poner los cuernos o pegar los tarros, como se usa en Cuba.

Mas, llámese como se quiera, el hecho en sí no es de los que se festeja con independencia de sus causas y consecuencias.    Ocurre que la relación de pareja es de las más complejas que construyen los humanos en el orden de nexos interpersonales, de ahí que la infidelidad, como afirma la reconocida psicóloga cubana Patricia Arés Muzio, sea un fenómeno multicausal, que involucra factores sexuales, sociales y psicológicos.

Lo mismo puede ser motivo de angustias y tristezas terribles, de desgarraduras perpetuas, que sal y pimienta para la relación. Algunos aseguran que ciertas infidelidades solo habrían de ser vistas como el pasajero y efímero disfrute de comerse un chocolate y seguir andando.

También los hay quienes proponen entender la infidelidad como la apertura a un nuevo tipo de relación donde la monogamia va relajando sus hasta hace poco rígidos pilares. El problema de la infidelidad parece residir, indican otros entendidos, en que lo que nos permitimos a nosotros mismos, no podemos siquiera imaginar que ni siquiera lo piense,  y mucho menos lo haga, el otro integrante de la pareja.

Lo innegable es que ni las mentes más modernas y desprejuiciadas, ni jóvenes o abuelos octogenarios, nadie se alegra cuando le llaman cornudo.

Tomado de Cubasí

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