Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 13 al 19 de julio 2017
Revista mujeres
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¡Papá! divina palabra

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 15/06/2017

Desde que nacemos, pronunciamos las sílabas querida, arrullados por su ternura y comprensión. Por eso, escribo entre signos de admiración la palabra, porque al igual que las madres, ellos son imprescindibles en la vida de la familia y de la sociedad.

Ser padre entraña un concepto muy amplio en la vida y su figura cobija con la misma y avasalladora fuerza que la de la madre. Presentes en el proceso formador de los hijos, juegan un papel predominante en la autoridad y guía de su descendencia, aunque aún algunos los vean como los garantes de sostener a la familia e imponer el orden en casa.

Combinación de razón y sentimientos, un buen padre sabe orientar y exigir, sin dejar de amar. Se preocupa por cuanto les acontece y rodea a sus muchachos (as) y, sin dejar de ser severos cuando la razón lo amerita, sonríen y entregan su cariño a la hora de comer, vestirse, estudiar y en las primeras inquietudes de la niñez y adolescencia.

Según el historiador Julio Cesar González Pagés, la paternidad es uno de los ejes fundamentales de las relaciones de equidad entre los géneros. “El reto es cambiar cómo educamos y cómo nuestra cultura trasmite esos modelos”, afirma Pagés, quien aboga por un padre que, sobre todo, se parezca al amigo, en el que primen el intercambio afectivo, la conversación en lugar de la imposición.

De manera similar se expresaba el eminente pediatra norteamericano Berry Brazelton, quien se preguntaba cuál era la contribución del padre moderno que lo hace tan especial para el bebé y para la cohesión de la familia. Según este profesor emérito de Pediatría, las generaciones anteriores prácticamente no conocían al padre durante los años de crianza, dejando que ese rol fuera trazado por la madre, antes que seguir su propia inclinación a participar realmente en las actividades de sus hijos. Y hay consenso en que el hombre tiene un papel importante en ese equilibrio.

Por lo general, los padres como las madres tratan, de diferente manera a las niñas. Es probable que el hombre sea físicamente más activo con su hijo y que lo rete a ser más fuerte e independiente. Con la hembra se mostrará suave, cariñoso y hasta protector. La mima y la tiene más en sus brazos y aunque tal vez sea incapaz de expresar que sus sentimientos son diferentes, acaba comunicándole al hijo o hija papeles sexuales definidos. Uno y otra tienden desde el principio a tener expectativas y relaciones diferentes con hembras y varones, en lugar de asimilar que cada niño o niña aprende acerca de sí mismo como individuo único.

Aunque estos prototipos de comportamiento masculino han empezado a desintegrarse, todavía afloran algunos; y aun los padres que no asumen responsabilidad total en la crianza y educación de su descendencia, tienen un papel cada vez más vital que desempeñar, tanto en las tareas cotidianas como en los aspectos más trascendentes de su crianza y educación. Lo importante es aportar coherencia en este proceso y no hacer deslindes de responsabilidades, en caso de que el vínculo amoroso de la pareja se haya disuelto.

Hoy se reconoce que los padres que participan en la crianza de sus hijos desde su nacimiento,  estos, tienen ventajas en su madurez intelectual y capacidad de autonomía. El ejemplo del comportamiento personal es fundamental, pues se convierte en un modelo necesario a imitar por el infante cuando este acepta la autoridad del adulto.

Menos prejuiciados que los de antaño, papá asume su paternidad convencido de que su jurisdicción se basa en los criterios de ambos progenitores. Capaz de quitar miedos y regalar razones, ninguno como él para moldear con regaños y besos el destino de su prole. Guía, exigencia, amor se complementan en el padre amoroso que regaña y aconseja cuando es lo justo, pero abraza y besa a sus hijos con ternura; comparte saberes y ejemplos y ofrece su brazo firme para que lo sepan puerto seguro para sus cuitas y temores; compañero y amigo cuando de ello se trate.

La paternidad puede ser un territorio inexplorado y atemorizante, pero también único y espacioso, desbrozarlo implica una motivación para dar lo mejor de sí mismo. A la postre, esa crianza compartida será una fuente de motivación para que cada uno entregue a sus hijos lo mejor de sí mismos. Solo así el trinomio madre-padre-hijos resultará perfecto.

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