Publicación semanal de las cubanas
En esta edición: Del 23 de febrero al 1 de marzo de 2017
Revista mujeres
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Entendimiento

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 16/02/2017

La validez de actuar en consonancia con la voluntad propia y no atendiendo a los deseos de los padres de “aislar” y proteger al hijo o hija de las celadas de la vida, definen una posición que desde la infancia se hace privativa del hombre: la necesidad de independencia.

El tema abunda en la agenda de los sicólogos, pedagogos e investigadores sociales y preocupa y ocupa a la familia que, casi sin darse cuenta, ve como se hace grande “su niño o niña. Algunos padres tienen el criterio erróneo de que la independencia le llega al infante con el desarrollo biológico. Y si bien es cierto que el afán de ser autónomos es una de las manifestaciones más acusadas de la adolescencia, desde las edades más tempranas de su vida se hace necesario que vaya aprendiendo a actuar con seguridad y criterio propios.

La primera condición para formar en los infantes la conciencia social estriba en satisfacer su necesidad de relacionarse con los de su edad. El compañerismo, la amistad tiene importancia porque introducen al pequeño o la pequeña en la sociedad, asociándolos a las aficiones de los demás y enseñándolos a obrar en común.

No sin razón, los especialistas califican a la adolescencia como la etapa más difícil en la vida del hombre y la mujer. El afán por pertenecer a un grupo, por incluirse y ser aceptado en el mismo, preocupa, absorbe y complica (según la personalidad del adolescente) al joven o la jovencita en cuestión.

Este es un período en que se pugna por independizarse, por verse libre de la tutela familiar y las imposiciones sólo agudizan la rebeldía distintiva de la edad. Una forma de expresar nuestra comprensión es controlar sus amistades, relacionarse con ellas y sus familiares, tratar de influir positivamente en la opinión del grupo e invitarlo para que, de vez en cuando, compartan juegos, estudios y alborotos.

Resulta complejo convivir con la niña o el niño en desarrollo, ni siquiera es fácil el diálogo con ellos. Más, nuestra actitud como padres debe estar en correspondencia con los signos de madurez que vayan mostrando. De forma tal, que sientan el reconocimiento a su nueva condición, pero que también encuentren nuestra comprensión y apoyo. Enseñándoles de paso, que aún no es dueño totalmente de sus acciones porque la vida está compuesta de etapas y aun les resta tiempo para arribar a la de su plena independencia personal. Lo que logrará cuando termine sus estudios y se independice económicamente. Ahora sus padres se ocupan de que no les falte nada y, la mejor forma de corresponder es con una buena actitud ante el estudio, la familia y la sociedad.

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