Gracias por todo, Fidel
Publicado: 26/11/2016
Es de las noticias que no se quieren recibir nunca. Tal vez porque ya nos habíamos tejido la idea de lo perdurablemente necesario de su presencia. Ni siquiera en los últimos años podía creer en esas imágenes que me lo devolvían en una ancianidad ajena a su siempre gallarda e imponente personalidad.
Pero la confirmación triste, angustiosa y dolorosamente real comenzaba a desvelar esta larga noche del 25 de noviembre de 2016. “Fidel ha muerto”, leía o escuchaba en todas partes. No era otro rumor. La alocución del presidente Raúl Castro que no escuché en primicia, retornó a la televisión para ponerme en la realidad de los hechos.
Consternada intenté des-escribir los sentimientos que, a toda prisa, se agolpaban…. Intenté, intenté…., pero, ¿cómo articular siquiera una línea coherente cuando el desasosiego arruina el juicio y la cordura? Entonces la letra de Julio Cortázar llegó en mi auxilio para el consuelo. “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”. También cuando desborda el dolor y la tristeza.
Porque, además, no quiero -no puedo-, hablar de Fidel desde unas líneas de homenaje póstumo. Quizá porque ahora mismo la imagen que me llega de él es con su sonrisa amplia, esplendida en una de esas fotos que lo sorprendió en alegre charla con jóvenes en una edad donde todavía su traje verde olivo distinguía el símbolo de guerrero perenne.
Entonces me voy a la poesía de una mujer que trazó con finos versos y, como pocos han logrado, uno de los retratos más exactos del Comandante de todos los tiempos. Desde su “Canto a Fidel”, Carilda Oliver Labra me permite, ahora, poner las palabras y las emociones que mi tristeza me niegan. Escrito en 1957, el poema convida y ofrenda.
Canto a Fidel
Carilda Oliver Labra
No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uva:
voy a nombrar toda Cuba:
voy a nombrar a Fidel.
Ése que para en la tierra
aunque la luna lo hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.
Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel –sol directo
sobre el café y las palmeras–;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.
Por su insomnio y sus pesares
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.
Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
en este verso que estalla
como granada de amor.
Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad.
Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
Gracias por todo, Fidel.
(marzo de 1957)
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