“Conocernos cara a cara tras pandemia”

Por: Lirians Gordillo Piña
Publicado: 05/05/2020

El Carmelo es “el Consejo Popular de más concentración de personas mayores en Plaza de la Revolución, el segundo municipio más envejecido en el país”, comenta la investigadora Rosa Campoalegre Septien a Mujeres.

Cuando el pasado tres de abril se incrementaron las medidas de aislamiento social por el número de casos de la Covid-19 en la localidad, surgieron varias iniciativas para acompañar a quienes viven allí, entre ellos personas adultas mayores.

Mujeres conversó con Rosa Campoalegre Septien, coordinadora del Grupo de Estudios de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), sobre un proyecto que une a la academia, organizaciones de masa, sociales y líderes comunitarios en el enfrentamiento a la COVID-19.

¿En qué consiste Acompáñame?

Acompáñame es un servicio social, solidario, informativo y de orientación sociopsicológica destinado a brindar apoyo principalmente a personas mayores de 65 años que viven solas Se trata de una teleasistencia alternativa personalizada, que se desarrolla sobre la base de redes comunitarias. Entre sus objetivos figuran:

  • Acompañar emocionalmente a las personas mayores que requieren de orientación y de apoyo.
  • Canalizar las principales inquietudes, opiniones y preocupaciones presentes en estas personas.
  • Fomentar un espacio para la promoción y el mantenimiento de la salud física y psicológica.
  • Promover el adecuado uso de las informaciones oficiales brindadas por el Estado cubano ante la situación epidemiológica que se atraviesa.

Iniciamos el 13 de abril en homenaje al Día Nacional de los profesionales de la Psicología. Comenzamos con 20 personas y ya antes de finalizar la primera semana teníamos 50 personas mayores en el proyecto.

Si tuviera que definirlo, no dudaría en decir que es un puente feminista corresponsable de amor y apoyo colaborativo. Es un proyecto feminista, desde sus orígenes, por sus objetivos y actores sociales. Constituye un servicio social resultado de al menos dos factores claves: el liderazgo de las mujeres cubanas en el barrio y en las ciencias sociales.

En particular es hijo de la tradición del CIPS en la investigación acción participativa para la transformación social, dando respuesta a las prioridades del país.Surge como parte del Programa para el trabajo de cuidados desde la perspectiva familiar y su atención por las políticas públicas (PATC), generado por el Grupo de Estudios sobre Familia del CIPS y como respuesta a la demanda que nos presentó la Casa de abuelos “Celia Sánchez Manduley” dirigida por Francis, una joven de más de 70 años.

Esta casa está ubicada en el Consejo Popular “El Carmelo”, que ya había sido declarado oficialmente en “aislamiento social reforzado”, ante la situación epidemiológica que sufre el país por la presencia de la pandemia. Este es el Consejo Popular de más concentración de personas mayores en Plaza de la Revolución, el segundo municipio más envejecido en el país.

Por supuesto, en la iniciativa no podía faltar el Bloque 90 de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de la mano diligente de Rocío su secretaria general. Hoy nuestro equipo se integra además por profesionales de la psicología, sociología, derecho y demografía, pertenecientes al Grupo de estudios sobre familia del CIPS, la Cátedra Nelson Mandela, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y la Universidad de La Habana.

¿Cómo funciona el proyecto?

Como servicio de teleasistencia alternativo tiene dos modalidades básicas: el teléfono que tenemos en casa y la red social WhatsApp. Se desarrolla mediante un protocolo de atención debidamente estructurado que va desde la orientación y la información, hasta los indicadores de monitoreo y evaluación de impacto.

Nuestra principal herramienta es la palabra afectiva solidaria y la gestión a tiempo de las problemáticas e inquietudes identificadas.

Los intercambios se efectúan mediante “visitas” no presenciales o telefónicas a los hogares de las personas mayores involucradas en el proyecto, ellas en su gran mayoría son mujeres que viven solas, que permanecen mucho tiempo solas en casa o que han solicitado expresamente el servicio. Se producen dos o más visitas no presenciales durante la semana,cuyo contenido es muy diverso. Conversamos, intercambiamos información oficial, familiar y de promoción de salud, brindamos orientaciones de corte socio psicológico, educativo, jurídicos y de atención social.

También, canalizamos y solucionamos, servicios básicos y otras inquietudes, brindamos apoyo en gestiones y trámites indispensables para la subsistencia y vinculamos a las personas a otras redes comunitarias.Si se identifican síntomas de determinadas patologías se aplica el protocolo de salud especializado, el asunto es trasladado entonces al equipo de nuestras psicólogas de perfil clínico y psicosocial.

¿Cuáles son las principales necesidades y preocupaciones?

Las necesidades tienen dos dimensiones principales. En primer lugar, están las de tipo sociopsicológicas, vinculadas a los afectos, la orientación psicológica, la información acerca de la marcha de la pandemia y las medidas tomadas al respecto.

En cuanto a las personas que han requerido atención especializada destaca la ansiedad y la depresión. Algunas se ven afectadas por patologías como cardiopatías, diabetes e hipertensión, pero sobresale la narrativa locuaz y experimentada de estas personas mayores, muchas de las cuales participaban activamente en la agenda cultural y de salud que promueve la referida casa de abuelos.

Les preocupa cómo solucionar los problemas de la vida cotidiana, qué vías efectivas tienen para no salir de casa.  Cómo estar bien informadas de cuáles son los apoyos desde el Estado y las comunidades y cómo acceder a ellos.

Un asunto neurálgico es el acceso a los medicamentos que expenden en las farmacias, la necesidad de mensajería y que se les garanticen medicamentos.

Otra preocupación son los hijos/as u otros familiares que residen o se encuentran en el exterior y la necesidad de tener mayor comunicación con ellos. También, algunas de ellas son cuidadoras como regla de sus esposos más longevos y con patologías sensibles, por lo que se interesan por los temas de cómo realizar cuidados y especialmente por el autocuidado.

Al preguntarles ¿quién la cuida a usted?, nos responden “yo misma me cuido”, revelando otra faceta de la feminización de los cuidados. Algunas reciben apoyo de sus hijos, nietos y otros parientes, pero tales cuidados se han visto reducidos y hasta prácticamente interrumpidos por la COVID-19. Si bien son afectadas por el desabastecimiento de productos alimenticios y de aseo, han recibido la cobertura estatal en este campo y mediante las redes del barrio, lo que da cuenta de la efectividad de las medidas tomadas.Una aspiración significativa es que continúe este proyecto y conocernos cara a cara tras pandemia.

¿Qué alertas pueden darse desde las ciencias sociales en tiempos de COVID-19?

Entre las alertas me atrevo a mencionar algunas que considero medulares:

La necesidad del cambio de paradigma acerca de los cuidados, transitando del enfoque actual, eminentemente salubrista y asistencial, hacia uno nuevo, integrado, donde el papel de las ciencias sociales sea más visible. Es vital el tránsito de los abordajes preventivos generales, a los de promoción de salud con mensajes y acciones personalizadas. Hay que llegar efectivamente a la gente.

La superación del enfoque carencial que ve al envejecimiento como problema y no como agente activo de transformación. Las personas mayores en Acompáñame continuamente están generando iniciativas y ajustando el proyecto. Algunas han planteado incorporarse a nuestro equipo en esta labor y se preocupan en cómo ayudar. “Yo quiero llamar, conversar, llegar a otras personas como yo”, nos dice Gladys; mientras Isidora moviliza a su hermana para hacer nasobucos y entregar a cada persona del proyecto. Otras ya organizan la actividad virtual por el Día Internacional de la Familia a celebrase el 15 de mayo. De modo que ellas no solo reciben, también aportan y mucho.

La articulación de todas las fuerzas sociales que están hoy en la comunidad y el sostenimiento de experiencias más personalizadas de trabajo social, es otro reto. Especialmente hay que jerarquizar la formación de las personas para los diálogos intergeneracionales productivos. Es vital avanzar hacia la identificación y capacitación en materia de cuidados de las redes comunitarias, e introducir la temática de los cuidados dosificadamente en los programas de estudio en todos los niveles educativos.

Hay que ajustar los sistemas en las comunidades y caerles encima a los vacíos que hoy nos quedan, algo tan importante como la farmacia no puede dejarse de la mano. La identificación de quién lo necesita y cómo protegerlo mejor, es aún una tarea inconclusa.  

En términos comunicativos valdría la pena dosificar más la información de la pandemia, para no catalizar mayor ansiedad y depresión especialmenteen las personas mayores, lo que no significa dejar de informar. Reiteramos la necesidad de emplear un lenguaje más inclusivo, que facilite la empatía vital en el cumplimiento de las medidas. Por ejemplo, las personas no son vulnerables, sino se encuentran en una situación de vulnerabilidad por determinadas causas; no son dependientes, sino que requieren determinados cuidados.

Tampoco se trata de un aislamiento social. Nuestro posicionamiento decolonial y contra hegemónico es que en realidad no se trata de un “aislamiento social”, sino de un distanciamiento físico preventivo, que exige mayor cooperación y solidaridad, un distanciamiento solidario efectivo.

Se impone modelar todo lo que está ocurriendo en las comunidades hoy en la lucha contra la pandemia, para replantear y sistematizar en tiempos de post COVID-19. Para ello debe elevarse el diálogo de los niveles decisorios con las ciencias sociales, considero esto es hoy aún insuficiente. Es preciso que desde casa aprendamos a valorar más la palabra y la distancia, en fin, la necesidad de mirar a la otredad y seguir el llamado Acompáñame.

 

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