Pasión por la ciencia

Por: Sara Más
Publicado: 24/07/2020
Fotos: Wildy

Junto a Irinia y Aurora integran el equipo de investigación de diagnosticadores para la covid-10 Ariel Palenzuela Díaz, director de calidad del centro (izquierda), y Darién Ortega León,  licenciado en Farmacia y máster en Bioquímica.

Avanza el mes de julio y la microbióloga Irinia Valdivia Álvarez no tiene demasiado tiempo, ahora mismo, para mucho más que la COVID-19. Su vida transcurre, desde hace meses, entre largas jornadas de trabajo e investigación. Aunque Cuba ha logrado reducir el número de casos, la carrera contra el nuevo coronavirus no ha perdido intensidad para la directora de la vicedirección más grande del Centro de InmunoEnsayo, del Grupo BioCubaFarma, donde se desarrollan y producen los diagnosticadores de tecnología SUMA.

Desde que inició la pandemia, allí ponen energías y conocimientos en varios proyectos, incluidos los ensayos para lograr diagnosticadores de detección y seguimiento del virus. Ya obtuvieron el primero, el pasado mes de mayo: el UMELISA SARS-CoV-2 IgG, utilizado actualmente en el estudio de prevalencia que se hace en Cuba, hasta ahora uno de los pocos  de su tipo en la región.

El equipo científico desarrolla además, de forma simultánea, otros tres diagnosticadores más: el de anticuerpos IgM, el de anticuerpos totales y el de antígenos, que deberán estar listos, escalonadamente, entre finales de julio e inicios de septiembre.

“Estos diagnosticadores permiten detectar diferentes componentes inmunológicos para saber, por ejemplo, en qué momento de la infección se encuentra el paciente, si se ha recuperado, cómo ha respondido su sistema inmune”, explica la también Doctora en Ciencias en un centro donde el 65 por ciento de los especialistas con grado científico son mujeres y también es una mujer, Niurka, la directora.

Junto a Irinia, trabajan en estos ensayos colegas de diferentes perfiles que también han hecho su vida profesional en InmoEnsayo, desde los inicios de sus carreras: la bioquímica Aurora Delahanty Fernández es la segunda de Irinia en la  vicedirección, Ariel Palenzuela Díaz es el director de calidad del centro y Darién Ortega León es master en Bioquímica y licenciado en Farmacia. Son amigos de muchos años que una vez, hace años, compartieron el laboratorio y ahora han vuelto a unirse en el desarrollo de diagnosticadores para la pandemia. Y son, sobre todo, profesionales de prestigio  y competencia. Por eso recibieron ese encargo.

A paso urgente

Por el apremio de avanzar en sus hallazgos, el equipo burló el supuesto orden lógico de los resultados esperados. Se suponía que empezaran desarrollando un diagnosticador de antígenos, pues las proteínas del virus es lo que primero aparece en el organismo de las personas infestadas; y que luego prosiguieran con los de anticuerpos IgM e IgG.

“Pero el orden se inviritó, sacamos primeramente el diagnosticador que detecta los anticuerpos de la clase IgG, debido a la disponibilidad de las materias primas biológicas que hacen falta para el desarrollo de las pruebas”, precisa Irinia.

Los diagnosticadores  de anticuerpos son herramientas valiosas para que las autoridades de salud marquen estrategias y tomen decisiones. Todos, de conjunto, darán fortaleza e independencia al sistema de salud cubano.

“Por ejemplo, cuando se estudian los anticuerpos IgG en una población determinada, puede conocerse el porcentaje de personas que ha estado en contacto con el virus o cuántas son vulnerables a infestarse y enfermar ante un brote nuevo. También sirven para determinar quiénes, por el momento,  tienen una cierta protección porque ya estuvieron en contacto con él”, explica la investigadora.

El último diagnosticador que se obtendrá será el de antígenos, entre finales de agosto e inicios de septiembre; el único de esta batería que detecta la presencia del virus y permitirá contar con una prueba de pesquisaje que pueda extenderse a todo el país, gracias a los laboratorios SUMA instalados y la capacidad productiva del Centro de InmunoEnsayo.

El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) también ha dado su aporte a la obtención de esta batería de pruebas, mediante el desarrollo de los péptidos sintéticos, las proteínas recombinantes y los anticuerpos monoclonales y policlonales que hacen falta para obtener los kits de diagnóstico.

Irinia

La microbióloga Irinia Valdivia Álvarez, directora de la vicedirección de desarrollo y producción de diagnosticadores, ha regresado a laboratorio bajo el apremio de la COVID-19

“Cuando termino el día, estoy muerta. Si cojo el teléfono para conectarme…, me duermo”, relata Irinia con franqueza. Pero no hay asomo de queja en sus palabras. Con 32 años en InmunoEnsayo --“mi único centro de trabajo”, precisa— se le ve animada, aun en medio de una intensa faena que alterna con no pocas dificultades de la vida diaria, a las que tampoco escapa.

“Agradezco sinceramente la oportunidad de poder hacer esto, de volver a mi profesión. La labor de dirección te envuelve y es complicado atender el desarrollo de los diagnosticadores que se hacen en este centro, tanto de SUMA como de química clínica,  que se nos incorporó hace tres años.

“Aunque esporádicamente tengo que estar en el análisis científico de un resultado o proyecto, no son lo mismo esas pinceladas de ciencia que poder volcarme a tiempo completo, a manos llenas, en un proyecto donde hago mi propia investigación. Yo extrañaba mucho eso”, asegura.

“Me siento tan bien, agradecida y además tan útil, que hago esto con muchísimo gusto. Desde que me gradué estoy aquí y me apasiona el mundo de la microbiología aplicada a la inmunología.

“Que estemos tantas horas dedicadas al trabajo, no es inusual. ¡Claro!, no habíamos tenido antes una tarea de tal envergadura, de tanta urgencia y de tanto seguimiento por parte casi de un país completo. Y eso crea un compromiso muy fuerte. Más fuerte que cualquier otro que hemos tenido a lo largo de nuestra vida profesional”.

La provisión de alimentos en casa, la atención a su madre mayor y las preocupaciones por la familia se cruzan en la conversación con esta científica, que apenas ha tenido acceso a las colas para comprar alimentos y se describe como “una loquita” que quiere hacer de todo, en los días que está en casa. Conjugarlo todo no es fácil, reconoce, aunque no imposible. “En primer lugar, hay que alertar a la familia de que las condiciones van a cambiar, que no voy a  estar todos los días en casa”, reitera.

Aurora

No se equivocó el día que pidió en primera opción la carrera de Bioquímica. Esa ciencia llegó a su vida y sigue marcando sus días. Otro paso importante fue ir a trabajar, desde recién graduada, al Centro de InmunoEnsayo, donde se ha mantenido y crecido como científica por 32 años.

“Coincidir con Irinia, ahora, es como revivir los inicios aquí”, sostiene esta mujer a la que el laboratorio le apasiona más que nada.

Tampoco le faltan experiencia y entrenamiento. “Somos del grupo que empezó con los horarios de consagración del polo científico y terminábamos muchas veces a las 9 y 30 de la noche. Ahora hemos retomado esa dinámica, solo que estamos un poquito más viejos, con más responsabilidades familiares y personas dependientes. Nos tocó a nosotros, aunque pudo tocarle a otra persona del centro, y queremos cumplir con esta tarea”, declara.

Aurora insiste en que la comprensión de la familia es muy necesaria. En su caso, su esposo trabaja en el mismo centro y sabe bien lo que ella hace. “En la familia siempre es importante conocer y entender a qué nos dedicamos. Nos conocimos así, haciendo ciencia, y no es posible rendirse ante esto”, agrega convencida.

Más allá de la incomodidad de los trajes, los espejuelos y las mascarillas; de las largas horas de permanencia en el laboratorio, sin salir siquiera al baño; de los rituales de entrada y salida bajo estricto protocolo de seguridad biológica, Aurora parece decantarse, para bien, con su pasión por la ciencia y los mensajes de aliento que todavía la sorprenden en las redes sociales.

Todos los reconocimientos son importantes, asegura, e incluye en esa lista a familiares, amistades que se remontan a la primaria, medio pueblo de Quivicán donde vive su familia y hasta sus propios compañeros de trabajo, “que nos conocen y saben quiénes somos, mejor que nadie”.

Pero otros motivos la estimulan y conmueven. “Para mí lo más importante ha sido el reconocimiento de la gente que no nos conoce”, asegura. “Lo otro es el trabajo que nos tocó hacer. Yo digo que este es el momento histórico de nosotros”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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