Nasobucos, normalidad, aprendizajes

Por: Marilys Suárez Moreno
Publicado: 24/06/2020

icen que llegaron para quedarse, y para protegernos ahora y en los tiempos por venir. Y tanto si transitamos por la primera, segunda o tercera fase, habrá restricciones y particularidades que exijan el uso permanente de los nasobucos, ese medio de protección personal que tan familiar nos resulta ahora, así como de otras medidas igualmente defensoras de las salud.

Antes de que esta pandemia asolara el mundo, alguna que otra vez tropezamos en la calle con personas que lo portaban, seguramente por alguna afección o insuficiencia inmunológica. Por supuesto, también el personal de la salud que trabaja en salones, terapias o determinadas consultas, dado su labor, lo usan obligatoriamente.

En China, primer país en sufrir los embates del nuevo coronavirus, vimos a sus nacionales caminar o realizar sus actividades cotidianas con el rostro protegido por nasobucos. Al principio. Nos asombramos un poco, quizás, pero al paso de los días y el desencadenamiento de la pandemia por el planeta, comprendimos la necesidad de su usanza para proteger mejor nuestro aparato naso-faríngeo, entrada directa a muchas enfermedades pulmonares.

Pero la Covid-19  se extendió por todo el mundo y en su escala por esta nuestra América, región que se mantiene como el epicentro de la enfermedad, no pasó por alto a nuestro país y, junto con el distanciamiento y el aislamiento social, unido a otras medidas higiénico-.sanitarias y de regulación personal, se hizo  necesario generalizar su uso, al extremo de considerarlo hoy como una prenda mas de nuestro atuendo.

 Modistas, talleres de confección textil, personas que gustan de la costura o se remedian con ella, amas de casa, federadas y hasta la industria deportiva y atelieres especializados como Freixas, que hizo importantes donaciones para los centros  de trabajo vecinos al suyo, como esta Editorial de la Mujer, desviaron sus  esfuerzos a la confección  de nasobucos  y así  paliar necesidades perentorias de la población necesitada de ellos.

Hoy por hoy, los nasobucos cubanos tienen sello propio, distintivos de nuestra idiosincrasia y carácter. Se usan de todos los tamaños y gama de colores, incluyendo el verde privativo que ya no es privativo de los centros de Salud. Floreados, con estampaciones, a cuadros y rayas, con dibujos e impresiones diversas y anudados como pañuelos al estilo del viejo Oeste. No faltan los que quieren que sus nasobucos sean originales, diferentes e incomparables, y los exhiben como una gran boca dentada o semejando caretas. Mención aparte para los que se combinan con el color de las ropas, zapatos y accesorios del que los porta, generalmente, jóvenes y adolescentes, que gustan también de enmarcar los suyos con incrustaciones y brillos.

Están los desechables, los adaptados al tamaño y características de los rostros, los que usan bebes y niños, con muñecos a tono. Otros se valen de dos y hasta tres colores para confeccionar los suyos y hasta se ven disimiles y curiosos textiles con cintas y elásticos de diferente grosor. Y si de raros e insólitos se trata, clasifico como el más original e innovador de esta colección sui generis, al que portaba un hombre por mi barrio. Era de color rojo, al igual que su gorra y cruzaba el área de la boca con un zíper negro. Quizás por si el individuo quería fumar, comer o beber algo.   

Pronto La Habana la única provincia que aun no desanda el camino de la nueva normalidad, también retornará a sus rutinas y prácticas cotidianas, pero más reflexiva y juiciosa a la hora de quedarnos con  lo mejor de lo tanto aprendido, multiplicando disciplinas y desechando irrespeto e ilegalidades inadmisibles.

Conscientes de que la salud y el bienestar de todas y todos, demanda, como en todo el país, una normalidad con visos de  prudencia y enseñanzas para no echar en saco roto los más de tres meses que hemos vivido en vilo, la capital del país está obligada profundizar e incrementar las medidas preventivas y cualesquiera otras dirigidas a cortar la trasmisión y evitar potenciales amenazas futuras.

Reconocimiento aparte a la virtud y a la determinación firme, pujante y coordinada de  nuestro Gobierno, médicos, científicos, trabajadores, organizaciones de masa como la propia FMC, la UJC y hasta los llamados voluntarios, cuyo accionar sistemático y efectivo evitó  que nunca  llegáramos al vértice de la pandemia.

Aprendimos a ser altruistas y solidarios  con los más  vulnerables y a valorar más la vida, la propia y la de nuestra familia y semejantes; a compartir desde casa, afanes, sueños y esperanzas, relegados a veces; a crecernos, (en eso siempre hemos tenido un Doctorado), ante los acosos, acechanzas y peligros de una enfermedad que ha infectado a casi nueve millones de personas en el planeta y ha causado una enorme mortalidad.

Aprendimos  también a generar  y compartir  ideas y a dar  curso a las más sorprendentes iniciativas creadoras desde todos los ámbitos de la vida, buena parte de ellas a través de las redes sociales; protagonista estrella de la comunicación y las relaciones interpersonales. Asimilamos desde el aislamiento y la confinación social que quedarse en casa fue la mejor brújula para  hacernos esta permanencia más agradable y llevadera, a la par que, desde la necesaria distancia propicio  acercamos más unas y otros. De hecho, aumentamos querencias y nos amamos más con palabras, gestos y aplausos desde el corazón. .

Ahora, cuando cubanas y cubanos damos los primeros pasos hacia la recuperación y ajustamos nuestro andar gradual y con la responsabilidad que se nos pide para las venideras fases y y desde nuestro futuro transitar por la vida. no resulta ocioso considerar  que, al  igual que los nasobucos y otras tantas medidas prudentes y bien pensadas delineadas por nuestro Gobierno revolucionario, los aplausos, los reconocimientos oportunos, las gratificaciones merecidas llegaron también para quedarse.

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