Oda a la que nos enseñó a luchar

Por: Maylin Camilo Castillo
Publicado: 16/06/2020

Deborah –uno de los nombres de guerra de Vilma- no se conformó con su imprescindible labor en la clandestinidad en las ciudades y subió a las montañas orientales para sumarse al Ejército Rebelde y combatir en la primera línea a la dictadura pro norteamericana de Fulgencio Batista.

La eterna Presidenta de la FMC nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930, en el mes de la primavera y las flores; creció en el seno de una familia de principios éticos, austeridad, sensibilidad humana y comprensión, y sin ningún tipo de barrera social, racial o religioso.

Su primer amor fue por el estudio, la superación y la lectura; también amó la naturaleza; fue bailarina, deportista y cantora en el coro polifónico de la Universidad de Oriente; supo absorber de sus maestros lo mejor de ellos y así fue forjando su carácter.

La entrada a la Universidad de Oriente para estudiar la carrera de Química, significó igualmente una etapa de afianzamiento de sus ideas políticas, distinguiéndose por ser una de las jóvenes de avanzada y muy combativa.

Cuentan que Vilma era de las primeras en las huelgas y actos estudiantiles contra de la dictadura batistiana, mostrando en esas acciones valentía y apoyo incondicional a los ideales de libertad.

Tuvo Vilma una gran efervescencia revolucionaria desde la lucha urbana hasta la Sierra; se distinguió siempre por ser muy delicada y al mismo tiempo sagaz, valiente y audaz.
A menos de un mes del triunfo revolucionario de 1959, Vilma contrae matrimonio con el entonces Comandante Raúl Castro Ruz y formaron una familia ejemplar. Ella fue corona de su marido, honrándolo en todo momento con su accionar de mujer virtuosa.

Uno de los momentos más importantes en la vida de Vilma lo constituyó la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la cual presidió hasta su último aliento.

Hoy, la mayor parte de los derechos que disfrutan las mujeres cubanas se deben a la visión emancipadora de Vilma; los avances de las cubanas en todos los sentidos son el legado de la eterna Presidenta de la FMC.

Lo que para millones de mujeres en el mundo solo son sueños, Vilma Espín ayudó a hacerlo realidad en Cuba: fundó los Círculos Infantiles, una las obras más bellas de la Revolución Cubana, para instruir y educar a los hijos mientras sus madres trabajan con total confianza en la formación de sus pequeños.

La Heroína del llano y de la Sierra recibió múltiples honores y reconocimientos a lo largo de su vida, por su labor a favor de la mujer en Cuba y el mundo.

Además de heroína, ella supo ser auténticamente amiga, hija, hermana, madre; siempre está presente por el legado que dejó de fortaleza moral y revolucionaria, por sonrisa inolvidable; por no cejar nunca en la lucha por el bien del ser humano.

Hoy su ejemplo vive en millones de mujeres dentro de este archipiélago y fuera de este; un Memorial en el que fuera su hogar en la santiaguera calle San Jerónimo atesora parte de su obra imperecedera; otros sitios igualmente evocan su nombre.

Los santiagueros tienen el alto honor de que las cenizas de Vilma reposan en un monolito a los pies de la loma de Mícara, cerca de Mayarí Arriba en lo que fuera bastión del II Frente Oriental Frank País, fundado por su eterno compañero Raúl Castro.

Aun en la gloria, a Vilma se le puede encontrar también en cada federada que transita por ciudades o montañas, orgullosa de ser cubana y de cumplir con el deber patriótico y disfrutar de sus derechos; se le puede encontrar en cada hogar y en la educación que niñas y niños reciben para consolidar así a la Revolución y a la mujer que tanto le agradecen a la eterna Presidenta de la FMC.

Tomado de Sierra Maestra

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