Historias de mujeres rurales (I)

Por: Lilian Knight
Publicado: 12/03/2020

El Paraíso se encuentra no muy lejos de la ciudad de Cienfuegos. Allí mujeres y hombres participan de conjunto en la toma de decisiones de la comunidad. Y si bien en este edén cienfueguero las cosas no son perfectas, las mujeres parecen tener el mando; contrario a lo que pasa en la mayoría de los lugares.

Entre jaranas y rodeado de presidentas, creadoras, productoras, así lo afirma Jorge Luis González, presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Jorge Alfonso Delgado.

“La CCS es el centro de la vida de la comunidad y, a su vez, el epicentro de esta es la Brigada FMC-ANAP.  Sus integrantes organizan las asambleas de afiliados, los trabajos voluntarios, la atención a los necesitados en el consejo popular, a las escuelas, a los médicos y enfermeras de los consultorios, explica Odalis Pérez Suárez, quien conduce la organización base.

También el trabajo de estas mujeres ha incidido en que estén asociadas a la cooperativa 97 mujeres, de las que casi la mitad son propietarias o usufructuarias.

Una de ellas es Xiomara Guerra Cabeza. Con sus más de 60 años solicitó tierras en arrendamiento para ampliar la siembra y cría de animales que lleva junto a su esposo. Cada día madruga en Venta de Río para recibir la leche aportada por 27 campesinos, y luego monta en su yegua para seguir con las labores de alimentación y cuidado de las vacas, o la siembra de viandas.

“Hacemos lo que haga falta, citaciones o informaciones a campesinos, venta o distribución de accesorios asignados, actividades, comercialización de productos a la población y se ofrecen nuestras producciones a sectores priorizados como los hospitales materno pediátrico y oncológico y los hogares de ancianos”, agrega Xiomara.

Entre tanto, Berta y Cuquita muestran las artesanías de las mujeres creadoras, una iniciativa que no solo les reporta un ingreso económico al venderlas en la feria, sino también un modo de estimularse entre ellas e incentivar a los actores destacados de la comunidad.

Con este mecanismo lograron atraer a jóvenes y niños a los círculos de interés de plantas medicinales y manualidades, así como a otras mujeres, familiares de productores, con el fin de asociarlas. Y cada ocasión fue propicia para llevar un mensaje educativo, para reafirmar las buenas tradiciones y costumbres, promover la agroecología y la equidad de género.

Para Odalis Quero Rodríguez, presidenta del consejo popular, el secreto está en la integración de las organizaciones y las responsabilidades compartidas. Sin embargo, existen aspectos que escapan de sus manos. “Una de las principales demandas son los servicios de cuidado a enfermos, niños y ancianos, cuya ausencia limita la incorporación plena de las mujeres al trabajo, y aunque existen cuentapropistas que realizan la actividad, no todos pueden pagar los altos precios”, añade la representante popular.

Ante esta disyuntiva la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el territorio planteó la alternativa de crear lavatines. “El objetivo es favorecer a las mujeres que por tener niños, ancianos o enfermos a su cargo no pueden salir de casa”, expone Anaivis Gómez Hernández, ideológica del buró provincial.

“Hemos comprado las lavadoras, el detergente, solo falta identificar a las mujeres que tengan buen abasto de agua en casa. Paralelamente se trabaja en la creación de casitas infantiles, asociadas a cooperativas u otros centros de trabajo que cuenten con espacio y disponibilidad de alimentación”, precisa.

Cerrando brechas

Las mujeres creadoras se han convertido en grupo de apoyo que posibilita la obtención de ingresos a mujeres sin vínculo laboral y la estimulación, actores sociales destacados. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Ahondando en las limitantes para el pleno desarrollo de la mujer rural, Tamara Columbié Matos, funcionaria de la FMC nacional agrega que son comunes las dificultades en el acceso a productos de primera necesidad, responsabilidad que generalmente es asignada a las mujeres. Además, está la sobrecarga de las labores domésticas incluidas en sus rutinas.

“Por otra parte, los estereotipos respecto a profesiones adecuadas o no para la mujer; el embarazo adolescente y el matrimonio precoz; y la importación de patrones culturales que retoman la figura de la mujer como mantenida, objeto sexual o a la espera de ‛un príncipe o la gran fortuna’, son tendencias no exclusivas de las zonas rurales”, apunta.

También se debe señalar que son los territorios no urbanos los que presentan mayor incidencia de estos casos. Con el fin de mitigar tales preceptos la FMC, de conjunto con el Ministerio de la Agricultura (Minag) y las asociaciones agrícolas, diseñaron una Estrategia de Género acorde a la “Agenda del Estado Cubano para la Promoción de la Mujer”.

“Esta política incluye la confección de materiales educativos para la concientización y sensibilización respecto a esos fenómenos, la creación de empleos, la capacitación, entre otras acciones, refiere Columbié.

Entretanto, para solventar el hecho de que las mujeres tengan menos ofertas de empleo que los hombres, en Cienfuegos está prevista para este año la apertura de plazas como operario de vectores, de áreas verdes, de minindustria, además de iniciarse un proyecto de campo de golf con unas 12 000 ofertas laborales, que beneficiarán principalmente a las féminas, explica Jorge Antonio Rodríguez Peña, director de Trabajo y Seguridad Social en la provincia.

“Respecto al cuidado, aún no alcanzan las asistentes a domicilio, ni las capacidades de los círculos infantiles, ni las cuidadoras particulares –ubicadas principalmente en los centros poblacionales– tampoco las casas de abuelos, pese a que estas últimas en la provincia constituyen la red más grande del país”, agrega el directivo.

Dirigiendo con riendas cortas

En Paraíso las mujeres llevan las riendas, su poder de convocatoria y participación evidencia un fuerte apego al camino de la equidad. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Geisy Urquiza Álvarez tiene solo 24 años y administra su propia finca y un organopónico del Ministerio del Interior en Paraíso. Las tierras las heredó de su padre, y aunque tiene hermanos varones, por la dedicación que muestra a los animales, la familia puso las riendas de las labores productivas en sus manos.

 “Me gradué de técnica veterinaria, siempre me gustó el campo y el trabajo con el ganado mayor. Entré al organopónico como técnica y luego de cinco años empecé a dirigirlo. Al principio, a los hombres no les gustaba que una mujer los mandara, pero supe darles la vuelta y les dije que si no les gustaba, entonces no tenía que repetir dos

 veces lo que había que hacer”, relata Geisy, quien es madre de un niño de dos años y se las arregla para asumir ambas responsabilidades; incluso para mantener el cuidado de sus uñas y el pelo.

En las alturas del Escambray, en pleno Cumanayagua, otra líder campesina se consolida. La labor de Érida Quintero Torres, presidenta de la junta directiva de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Pedro Cruz Rodríguez, ha alcanzado un reconocimiento tal que fue elegida delegada directa al congreso de la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP).

“Me gusta estar en el campo con mis trabajadores. Dirigir ha sido fácil, el campesino es una gente noble, dócil, siempre que se le hable directo, con la verdad y se predique con el ejemplo”, reflexiona Érida, quien comenzó en la CPA como económica hace casi 40 años. Asimismo, confiesa que por su responsabilidad muchas veces llega tarde a la casa, pero aun así se empeña en cocinar ella porque es bastante exigente en ese sentido. Por lo demás, afirma, su hija y esposo la ayudan muchísimo.

“La mayoría de las mujeres están integradas a la producción, sobre todo en tiempo de cosecha de café. Además, ahora también existe la ventaja de que las asociadas que realizan labores de ayuda familiar se les remunera”, añade. Sin embargo, en muchos asentamientos, pese al empeño por incrementar la asociación de mujeres, todavía muchas de ellas y sus familiares desconocen los beneficios.

En la identificación de vulnerabilidades, la disposición de garantías y oportunidades y el trabajo conjunto entre organismos e instituciones está el camino para encausar la equidad para las mujeres rurales, quienes en su mayoría sufren la doble carga asignada: por género y por ubicación.

(Revista Bohemia)

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